Nido de víboras
Cuando el todo es menos que la suma de sus partes

País: Corea del Sur
Año: 2020
Dirección: Kim Yonghoon
Guion: Kim Yonghoon (Novela: Keisuke Sone)
Título original: Beasts That Cling to the Straw / 지푸라기라도 잡고 싶은 짐승들
Género: Drama, Thriller
Productora: Megabox Plus M
Fotografía: Kim Tae-Soo
Edición: Han Meeyeon
Música: Nene Kang
Reparto: Jeon Do-yeon, Jeong Woo-seong, Bae Seong-woo, Shin Hyun-Bin, Youn Yuh-jung, Jung-Man Seok, Shin Hyon-bin, Jeong Man-shik, Jin Kyung, Jung Ga-ram
Duración: 109 minutos
Festival de Rotterdam: Premio Especial del Jurado (2020)

País: Corea del Sur
Año: 2020
Dirección: Kim Yonghoon
Guion: Kim Yonghoon (Novela: Keisuke Sone)
Título original: Beasts That Cling to the Straw / 지푸라기라도 잡고 싶은 짐승들
Género: Drama, Thriller
Productora: Megabox Plus M
Fotografía: Kim Tae-Soo
Edición: Han Meeyeon
Música: Nene Kang
Reparto: Jeon Do-yeon, Jeong Woo-seong, Bae Seong-woo, Shin Hyun-Bin, Youn Yuh-jung, Jung-Man Seok, Shin Hyon-bin, Jeong Man-shik, Jin Kyung, Jung Ga-ram
Duración: 109 minutos
Festival de Rotterdam: Premio Especial del Jurado (2020)

La ópera prima del director surcoreano Kim Yonghoon recoge influencias de numerosas obras de culto para dar como resultado una película desigual y olvidable que guarda en su metraje, en la misma proporción, tantas virtudes como defectos.

Durante las últimas dos décadas, el cine de Corea de Sur ha disfrutado de un momento estelar en el panorama cinematográfico internacional. Mientras que a nivel doméstico títulos como A Bittersweet Life (Kim Jee-woon, 2005) han logrado superar en taquilla a las superproducciones de Hollywood, otras películas como Oldboy (Park Chan-wook, 2003), Tren a Busan (Yeon Sang-ho, 2016) o Memories of Murder (Crónica de un asesino en serie) (Bong Joon-ho, 2003) se han convertido en clásicos de culto para toda una generación de cinéfilos, culminando todo ello con el triunfo en los premios Óscar de Parásitos (Bong Joon-ho, 2019). Este éxito se ha traducido, entre otras cosas, en una proliferación de producciones surcoreanas tanto en televisión como en las salas de cine, llegando a nuestro país este fin de semana una nueva producción surcoreana: Nido de víboras (Kim Yonghoon, 2020). 

La película nos cuenta las historias cruzadas de tres personajes. Por un lado, Joong-man, un trabajador de una sauna que vive al borde de la pobreza mientras cuida de su madre enferma, se encuentra un día en su trabajo una bolsa llena de dinero. Si bien al principio decide no tocarla, tras perder su trabajo y verse obligado a afrontar los gastos de la educación de su hija, decide quedarse con el dinero, poniéndose sin saberlo en el punto de mira de un grupo de despiadados criminales que están buscándolo por motivos misteriosos. Paralelamente, se nos cuenta la historia de Mi-ran, una trabajadora en un club de alterne que decide contratar a uno de sus clientes para que asesine a su marido maltratador y cobrar su enorme seguro de vida. Cuando asesinan al hombre equivocado, Mi-ran pedirá apoyo a la jefa del club donde trabaja, la cual la ayudará movida por un aparente altruismo que luego se descubre interesado. Finalmente, también se nos cuenta la historia de Tae-young, un trabajador portuario corrupto con problemas de ludopatía que debe grandes cantidades de dinero a la mafia local y decide cometer un robo para conseguir el dinero con el que saldar sus deudas. Estas tres historias, aparentemente inconexas, se cruzarán entre ellas a medida que la trama avance siempre unidas por un mismo elemento: el dinero.

Aunque la película sigue la história de varios personajes, ninguno de ellos es lo suficientemente interesante como para sostener la trama.

El aspecto más relevante de la película que nos ocupa es, sin duda, su narración tripartita, la cual evoca a películas como Vidas cruzadas (Short Cuts) (Robert Altman, 1993) o Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999). Lamentablemente, lo que en estos dos títulos es un punto a favor, en Nido de víboras termina siendo más bien un lastre para la película: su tendencia a estar cortando constantemente entre sus tres tramas principales implica que el espectador nunca llega a conectar plenamente con ninguna de ellas. Por otro lado, fracasa a la hora de dar a sus personajes el suficiente tiempo en pantalla como para desarrollar sus personalidades más allá de las pocas pinceladas que se describen en su primer acto, y es que, si bien la narración está repartida entre tres personajes protagonistas, ninguno de ellos parece tener el suficiente peso narrativo como para llevar la historia a sus hombros, haciendo que en demasiadas partes esta se sienta languideciente y redundante. El guion trata de contarnos muchas cosas y, si bien funciona a la hora de exponerlas con la suficiente claridad como para que, a pesar de la enorme cantidad de información que se pone en pantalla, el espectador nunca se sienta confuso, a la película le cuesta dar motivos a la audiencia para que esta sienta un genuino interés por lo que está pasando.

Una película que no adolece de grandes defectos, pero que también carece de cualquier tipo de virtud que la haga particularmente relevante.

Sí es cierto que a lo largo de las cerca de dos horas de metraje hay ciertas escenas que funcionan admirablemente bien, como cuando Joong-man es confrontado por su jefe mientras trata de irse con el dinero, o cuando el cliente de Mi-ran siente una crisis moral tras matar al hombre equivocado y esta se ve obligada a impedir que se entregue a la policía, pero estos momentos puntuales de éxito dramático y narrativo no se sienten como situaciones coherentes dentro de una trama estructurada sino más bien como hitos puntuales, como grandes escenas unidas entre sí por un tejido conectivo débil y de escaso interés. Todo esto se ve acentuado por una serie de personajes principales que, con alguna excepción, resultan difícilmente empáticos para los espectadores, no tanto por su caracterización como por su falta de presencia en pantalla y por lo hipersimplificado de sus personalidades y motivaciones. Desde el padre de familia que quiere el dinero para cuidar de su hija hasta el hombre con deudas que necesita pagar para salvar su vida, la película nunca dota a estos personajes de más profundidad que la estrictamente necesaria para que la historia avance. Puede en este sentido hacerse una excepción en el caso de Mi-ran, que durante su parte de la trama pasa de ser una esposa maltratada y vulnerable a una mujer capaz de matar a personas inocentes a sangre fría si esto le beneficia, pero si bien es una evolución de personaje interesante y relativamente bien construida, tampoco hay nada en ella que logre hacerla particularmente memorable. Aunque no hay ningún personaje que sea inconsistente o totalmente plano o falto de desarrollo, tampoco se puede decir que ninguno destaque en este sentido de una forma mínimamente relevante.

La dirección de Kim Yonghoon es uno de los puntos fuertes de la película, mezclando violencia y estilo.

Todos estos problemas se ven acentuados por una trama en la que abundan las situaciones abiertamente inverosímiles o las casualidades poco realistas. A lo largo de la historia se darán situaciones relativamente absurdas que únicamente están en el guion para que el relato avance. Un ejemplo de esto es cuando Tae-young comienza a ser acosado por un agente de policía que entabla una extraña amistad con él: al principio la película parece sugerir que este policía está actuando de una manera extraña porque puede estar sospechando de su vinculación con un crimen y le está investigando, pero al final de la trama descubrimos que esto no es así y que el policía no tenía ninguna sospecha contra el protagonista, haciendo que esta subtrama se resuelva de una manera anticlimática. Si bien esto es un ejemplo menor, abundan en esta cinta las escenas en las que diversos personajes actuarán de una forma que no tiene sentido narrativo únicamente porque la historia así lo requiere, en lo que es un claro ejemplo de un guion que con demasiada frecuencia recurre a atajos o apaños narrativos para ocultar sus limitaciones. Incluso la forma en que las tres tramas principales se conectan entre sí se siente en ocasiones demasiado forzada, como si el guionista supiera a donde quería llegar pero no tuviera claro cuál era el mejor camino. De igual manera, también terminan siendo frustrantes las numerosas casualidades fortuitas que tienen lugar a lo largo de la película con el único propósito de que la trama siga en movimiento. Incluso el propio desenlace del filme es un pequeño deus ex machina que si bien funciona a nivel temático y no es el peor final que se ha visto en una película, deja un sabor agridulce y se siente como una oportunidad perdida.

Afortunadamente, la obra presenta suficientes cualidades redentoras como para que sea suficientemente disfrutable, en particular en lo tocante a su dirección: el debutante Kim Yonghoon compensa un guion con lagunas con una dirección sublime. La película logra mantener un ritmo rápido gracias a una realización con nervio que nunca se toma más tiempo del necesario en decirle nada al espectador y que logra narrar de forma visual de una manera excepcional sin necesidad de recurrir en demasía al diálogo o la exposición. Si bien hay algún momento en que las tres tramas pueden volverse un tanto farragosas (en parte porque ocurren en diferentes momentos cronológicos), la dirección de Kim Yonghoon permite que todo lo que pasa en pantalla sea fácil de seguir y no deja lugar a la confusión, un riesgo siempre presente en películas de este estilo y que seguramente hubiera sido el caso de Nido de víboras si hubiera sido dirigida por un director menos habilidoso. La puesta en escena también revela una dirección sorprendentemente segura para un cineasta novato, incluyendo una dirección de fotografía que usa luces de neón y ambientes oscuros para lograr un sugerente tono de cine negro así como un uso de la violencia en pantalla que remite tanto a ciertas obras de culto del cine surcoreano como a directores occidentales como Tarantino, una violencia que, no por explícita y sangrienta, deja de tener un tono lúdico y que no ha de tomarse demasiado en serio.

Cuestiones como la ambición o la maldad innata del ser humano son algunos de los temas fundamentales de Nido de víboras.

Si bien tiene problemas a nivel narrativo, no se puede negar que la película funciona a nivel temático: de una manera poco sutil, el guion nos habla sobre los peligros de la avaricia y la forma en que esta puede convertir a casi cualquier persona en un monstruo. A esto ha de sumarse la influencia del budismo, algo muy frecuente en el cine surcoreano, y que nos recuerda que aquellos que actúen de mala manera tendrán, como castigo, mala fortuna en su vida. Así, bajo un aspecto algo gamberro y desenfadado, la película se caracteriza por una densidad moral que se comunica al espectador casi en cada escena. El director sabe perfectamente lo que quiere decir e incluso en los tramos en donde la película brilla menos, el mensaje se transmite de una forma lo suficientemente clara como para que no haya lugar a ambigüedades o lecturas no deseadas.

A nivel interpretativo, por otro lado, estamos ante una película que ofrece un elenco variado y competente que sin embargo tampoco parece nunca salir de su zona de confort o de ofrecer una actuación que destaque del conjunto. Quizá en este sentido la única interpretación que parece sobresalir es la de Jeong Woo-seong, quien interpreta a Tae-young y que, con su representación de un hombre modoso y de aspecto inocente que llega a convertirse en un tipo violento y mezquino si la situación lo requiere, dota con su interpretación al personaje de un carisma que quizá el guion no termina de ofrecer. En suma, Nido de víboras es una película que no adolece de grandes defectos, pero que también carece de cualquier tipo de virtud que la haga particularmente relevante. Una obra disfrutable mientras se está viendo pero que difícilmente dejará una impresión duradera en el espectador. Si no existieran los filmes de los que toma prestados elementos tanto visuales como narrativos (desde el cine de culto surcoreano como Oldboy hasta directores como Robert Altman o Tarantino) posiblemente estaríamos hablando de una película sorprendente y refrescante en muchos sentidos, pero por desgracia la sombra de los gigantes sobre los que va a hombros es tan alargada que al final Nido de víboras termina sintiéndose como una obra correcta pero menor que hace un buen trabajo tomando cosas prestadas de otras películas mejores pero falla a la hora de aportar algo propio.

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