Todo a la vez en todas partes
| Reducir es existir

País: Estados Unidos
Año: 2022
Dirección: Dan Kwan, Daniel Scheinert
Guion: Dan Kwan, Daniel Scheinert
Título original: Everything Everywhere All at Once
Género: Comedia. Acción. Ciencia ficción. Aventuras. Fantástico
Productora: AGBO, Hotdog Hands, Ley Line Entertainment, Year of The Rat, IAC Films
Fotografía: Larkin Seiple
Edición: Paul Rogers
Música: Son Lux
Reparto: Michelle Yeoh, Jamie Lee Curtis, Jonathan Ke Quan, James Hong, Anthony Molinari, Audrey Wasilewski, Stephanie Hsu, Peter Banifaz, Brian Le, Andy Le, Tallie Medel, Jenny Slate, Harry Shum Jr.
Duración: 139 minutos

País: Estados Unidos
Año: 2022
Dirección: Dan Kwan, Daniel Scheinert
Guion: Dan Kwan, Daniel Scheinert
Título original: Everything Everywhere All at Once
Género: Comedia. Acción. Ciencia ficción. Aventuras. Fantástico
Productora: AGBO, Hotdog Hands, Ley Line Entertainment, Year of The Rat, IAC Films
Fotografía: Larkin Seiple
Edición: Paul Rogers
Música: Son Lux
Reparto: Michelle Yeoh, Jamie Lee Curtis, Jonathan Ke Quan, James Hong, Anthony Molinari, Audrey Wasilewski, Stephanie Hsu, Peter Banifaz, Brian Le, Andy Le, Tallie Medel, Jenny Slate, Harry Shum Jr.
Duración: 139 minutos

Si con Swiss Army Man los Daniels encandilaron corazones desde lo bizarro, aquí no dejan indiferencia alguna. Todo a la vez en todas partes es el culmen de la totalidad, el riesgo de abarcar todo desde el reduccionismo de acción extremo.

Hablar de todo en todas partes es un reto de omnipresencia al que ningún ser humano podría enfrentarse. Todas las realidades, unidas a todos sus sitios donde ocurre todo a la vez es, en términos metafísicos, como la existencia del fenómeno y el noúmeno —del primero tenemos constancia, del segundo no tenemos la capacidad suficiente para percibir—. Así que por mucho que queramos estar en todos los sitios en todo momento, hemos de admitir que por ahora somos seres limitados que, en sus límites, abarcan un gran poder dentro de esa sensación de nimiedad. Ahora bien, es importante recordar que, pese a lo insuficientemente ubicuos que somos, tenemos un arma de construcción masiva en nuestras manos, y es algo que Dan Kwan y Daniel Scheinert —también conocidos como los Daniels— saben a la perfección. El cine es el punto donde lo omnipresencial nace, donde el ser humano puede viajar a los lugares más recónditos de la inexistencia, así como puede contar un hecho de la realidad, abriendo un sesgo espacio temporal para crear una verdad que realmente no ocurrió en nuestra línea de existencia —este es el caso por ejemplo de lo que ocurre en Érase una vez en… Hollywood (Quentin Tarantino, 2019) con el personaje de Sharon Tate—. Entonces, la ficción crea puentes de lo que percibimos —fenómeno— a lo que no ocurrió en nuestro espacio y tiempo, o no tuvimos la capacidad de ver —noúmeno—. Pero a día de hoy, en 2022, algo ha roto el paradigma filosófico que trajo de cabeza a Kant y otros, y es que los Daniels han fragmentado la realidad con su Todo a la vez en todas partes.

En este largometraje conocemos a Evelyn (Michelle Yeoh), una migrante china en Estados Unidos encargada de una lavandería. Este negocio familiar afronta una mala racha económica y es por ello que, con facturas hasta el cuello y en la compañía de su hija, su padre y su marido, Evelyn tendrá que ir a las oficinas de Hacienda para afrontar su destino. Pero es en este momento que una brecha espacio temporal se abre y, lo que comienza como un drama familiar en base a la inmigración, termina por ser una de las películas más únicas de las que se han creado hasta la fecha. Su título ya lo dice todo: Todo a la vez en todas partes, así es como los Daniels titulan su manifiesto de omnipresencialidad, donde arriesgando todo a un simple número se lanzan a eso a lo que todos los directores le temen: comprimir la totalidad de la realidad —y no solo de un mundo, si no de varios— dentro de un rollo de celuloide.

Para conocer mejor el mundo de los Daniels —y por ende entender esta película— hay dos referencias claras que tenemos que tener en cuenta de su cine. La primera es el cortometraje Interesting Ball (Dan Kwan, Daniel Scheinert, 2014), en el que estos directores despliegan exponencialmente su capacidad de jugar con la realidad mediante una acción dinámica a través de una idea absurda, estableciendo su forma como concepto —es decir, una forma donde la irrealidad se encuentra en un paradero en el que lo improbable es probable y bizarro—. En segundo lugar tenemos que contar con su primer largometraje, Swiss Army Man (Dan Kwan, Daniel Scheinert, 2016), en el que ambos directores crean la base de su fondo —obviamente con el desarrollo de su forma—. En este caso, los Daniels dirigen una ópera prima exquisita en la que profundizan en temas como la depresión o el suicidio, pero desde un ámbito que gracias a su superficie, se construye respetuosamente y de manera llevadera. El despliegue de sentido y sensibilidad se empareja al sentido del humor y de lo bizarro con el fin de ensamblar un sentido fílmico inaudito, o una probeta única.

Contempla la idea de tomar una idea compleja y fragmentarla en ideas más simples. Un tratado de cómo el reduccionismo lleva la amplitud de las cosas hacia una verdad intrínseca.

Conociendo estos datos y sabiendo de dónde vienen los Daniels entonces, ¿qué es Todo a la vez en todas partes? Pues es el tratado de cómo el reduccionismo lleva la amplitud de las cosas hacia una verdad intrínseca —que no universal, porque en este caso existen muchos universos—. Una verdad que nos une a todos interiormente. En un sentido más sencillo de entender, esta película contempla la idea de tomar una idea compleja —póngase de ejemplo la física cuántica y los multiversos— para, mediante recursos absurdos y reduccionistas, fragmentarla en ideas más simples. Es así que el espectador no se pierde en ningún momento de la obra, porque los Daniels lo mismo te hablan de la interconexión de realidades paralelas en red, que lo mismo te meten un diálogo de dos piedras cansadas de la existencia. Surrealismo o ingenuidad, el caso es que todo en su cine gira en torno a esta idea y, a la vez, todo en todas partes también.

Por tanto, reducir es existir. Existir en todas partes y, a la vez, en una. Es comprender que una idea fija que no nos deja movernos pende solo de una percepción absurda de la misma. Quizá el paso del fenómeno al noúmeno se encuentre en morder una barra de labios, en decirle a alguien que le quieres —a algunos esto le parece absurdo— o en transmitir que, de todas las realidades que has elegido vivir, has aceptado esta, pero no sus consecuencias. Somos las decisiones que tomamos, pero también somos todas esas que no y que se pierden en otras líneas temporales que nos litigan interiormente y nos hacen pensar en esos «y si…» que nos quitan el sueño. El orden, entonces, se encuentra en aceptar que cada desacuerdo, cada decepción, también te ha llevado a donde estás y no hay que preguntarse «¿cómo podríamos regresar?» —una cuestión que acude al caos, que para los Daniels es el vacío de la tristeza— si no reducir la cuestión al existo aquí, justo en este momento. Porque todas las cosas van a seguir estando en todas partes y en todos sitios —y en otros universos—, pero todo se reduce a existir en esos escasos momentos en los que nuestras cosas tienen sentido. Eso significa Todo a la vez en todas partes, reducir el existir en los pocos instantes por los que la vida tiene el valor de hacernos estar aquí y ahora.

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