Revista Cintilatio
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Mamífera (2024) | Crítica

Una película fallida
Mamífera, de Liliana Torres
La película de Liliana Torres fracasa tanto en la forma como en el fondo, siendo dispersa y anémica en lo narrativo y contradictoria y anodina en lo temático.
Por Roberto H. Roquer | 15 enero, 2025 | Tiempo de lectura: 12 minutos

Decidir cuál es la peor película del año es una tarea mucho más complicada que elegir la favorita, en parte porque ¿qué es una mala película? Por un lado, tenemos los truños que todos sabíamos que serían truños, como Madame Web (S.J. Clarkson, 2024) o Borderlands (Eli Roth, 2024) y por lo cual no nos sorprenden con su fracaso. Luego, están las películas que, sin ser malas, no llegaron a las expectativas que algunos se habían hecho sobre ellas, como en el caso de Gladiator II (Ridley Scott, 2024) o El ministerio de la Guerra Sucia (Guy Ritchie, 2024), y luego están aquellas obras tan controvertidas, tan personales y tan ajenas a lo ordinario para bien o para mal que se ganaron tanto el rechazo de una parte del público que se centró en sus defectos como el amor de otros que se quedaron con sus virtudes, como en el caso de Megalópolis (Francis Ford Coppola, 2024). Pero ninguno de estos títulos merece el premio a peor película del año. Para serlo, es necesario una película tan absoluta y ridículamente alejada de todo lo que el sentido común sugiere que una buena obra cinematográfica ha de ser que haga que el espectador se pregunte si el director nos está tomando el pelo. Una película en la que todo, absolutamente todo, hasta el menor de los detalles, está mal. El equivalente cinematográfico al coche que Homer diseña en aquel episodio de Los Simpson (Matt Groening, 1989) en el que lleva a la ruina a la compañía automovilística que preside su hermano. Joker: Folie à Deux (Todd Phillips, 2024) sería una gran candidata y posiblemente el título que todos ustedes tenían en mente, y sin duda es la que yo hubiera dicho si no me hubiera cruzado con Mamífera (Liliana Torres, 2024).

La película nos cuenta la historia de Lola, una profesora de universidad de treinta y muchos años que vive con su novio Bruno. Todo parece ir bien en su vida hasta que descubre que está embarazada. En ese momento, Lola tendrá que decidir si quiere tener al bebé a pesar de su rechazo a convertirse en madre o, por el contrario, interrumpir el embarazo.

Una película se divide en dos partes, el contenido y la forma. En otras palabras, qué cuenta y cómo lo cuenta. Más tarde hablaremos del contenido porque vive Dios que hay ahí tela que cortar, pero quedándonos primero con la forma, la mejor manera de definir Mamífera es decir que es una película completamente anémica en lo creativo. Todos los que hemos pasado por una escuela de cine conocemos a ese estudiante cuyo proceso creativo consiste en copiar las tres o cuatro modas cinematográficas del momento y hacer pasar por genialidad un pastiche. Mamífera es lo que pasa cuando ese estudiante dirige una película a nivel profesional.

Liliana Torres agarra de aquí y de allá influencias estéticas propias del cine independiente más hípster (planos largos y estáticos con cámara en mano, diálogos mumblecore, etalonaje desaturado, etc.) que funcionarán bien para engatusar a los críticos con poco criterio pero nunca llegan a construir un estilo coherente que encaje con la historia, dando como resultado una obra pretenciosa y anodina. No obstante, ese déficit estilístico resulta preferible a los momentos en los que la película decide ponerse creativa: las secuencias oníricas de la protagonista. Dirigir una escena que tiene lugar en un sueño no es tarea fácil, y es uno de esos elementos que, a mi juicio, distinguen a un buen director de un director genial. No vamos a pedir que las secuencias oníricas estén al nivel de David Lynch o Buñuel (para mí los maestros indiscutibles de rodar sueños) pero eso tampoco es excusa para unas secuencias que, pretendiendo jugar con el surrealismo y lo onírico, caigan en metáforas absolutamente pedestres y ejecuciones formales mediocres. Los actores, por su parte, cumplen de forma más o menos aceptable (a destacar Enric Auquer) sin que tampoco el guion les dé mucho con lo que trabajar.

La película trata desesperadamente de encontrar una identidad visual copiando el estilo del cine independiente actual, pero nunca ofrece nada interesante.

Y es que precisamente el guion es el gran talón de Aquiles de la película, el elemento que hace que todo lo demás fracase. Su mayor pecado es, a mi juicio, la ausencia total de evolución del personaje protagonista, que termina la película siendo exactamente la misma persona que era cuando empezó. Eso de por sí no es malo, hay muchas obras maestras del cine en las que ocurre algo similar —Nightcrawler (Tony Gilroy, 2014)—, el problema es que eso solo funciona cuando la no evolución del personaje es intencionada, y no fruto de la incapacidad de la guionista de plasmar la profundidad propia de un ser humano real. La premisa de la película es la disyuntiva a la que se enfrenta la protagonista: tener o no tener a su bebé. A partir de ahí, la película podría haber tirado por dos rutas: o bien la protagonista se enfrenta a los miedos que le impiden afrontar la maternidad, los supera y se convierte en madre; o bien, la protagonista se descubre a sí misma a través del embarazo y llega a la conclusión de que no es la persona correcta para la responsabilidad que supone traer una vida al mundo. Cualquiera de estas dos rutas nos podría haber dado una buena película, pero en su lugar, la directora no sabe por dónde ir, nunca se explica el motivo por el que la protagonista no quiere ser madre (mas allá de algún tipo de trauma del pasado que se sugiere pero nunca se explica) ni tampoco nos da una razón sólida que le impida interrumpir el embarazo (a última hora, y en un giro bochornoso, el guion arroja a Bruno, su pareja, queriendo conservar el bebé a pesar de que ese conflicto nunca se desarrolla a lo largo de la cinta, casi como si cuando se estaba escribiendo la película, la directora/guionista hubiera tenido que improvisar un conflicto para el tercer acto y pusiera lo primero que le vino a la cabeza).

No han escaseado en los últimos años películas que tratan el tema del aborto, pero mientras la mayoría de estas obras se centran en las dificultades legales para acceder a dicha práctica, como en el caso de Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020), en el caso de Mamífera, y debido a la legislación española, eso no tendría demasiado sentido, por lo que en su lugar la película centra el conflicto de la protagonista frente a la presión social para ser madre, y es ahí donde comienza el pecado mayor de la película. Toda obra de arte tiene, a mi juicio, una obligación moral: la de dialogar con su tiempo y su espacio, la de ser parte de la sociedad que la ha creado. Eso no significa que toda obra tenga que tratar temas de actualidad de su época, pero sí que sea fruto de la realidad social y cultural de su tiempo. Al igual que los protagonistas de la cinta, yo, aunque algo más joven, pertenezco a la generación millennial. Y cuando miro a mi alrededor lo que me encuentro son mujeres que tienen exactamente el problema opuesto al de la protagonista. Quieren ser madres, pero no pueden, ya sea por la falta de recursos económicos, por la inestabilidad laboral o por la ausencia de políticas de conciliación, y les angustia la perspectiva de ver cómo la ventana de los años fértiles se empieza a cerrar sin que les termine de llegar la oportunidad de ser madres. ¿Cuándo dará el cine español una película sobre la mujer que, queriendo ser madre, no puede por culpa de la precariedad laboral, algo que, no tengo dudas, encaja mejor con la realidad de la mayoría de mujeres españolas (les recuerdo que en España se registran anualmente unos 100.0001 abortos voluntarios mientras que los tratamientos de reproducción asistida superan los 180.0002)?

La enorme simpleza de las escenas oníricas de la protagonista son uno de los aspectos más decepcionantes de la película.

Quizá consciente de esta contradicción, la película trata de hacer lo posible y lo imposible para mostrar la presunta presión social que la protagonista recibe para ser madre, que en su mayor parte se limita a sus amigas diciendo que les hace ilusión ser mamás. Es casi grotesco que a la generación a la que se le robó la oportunidad de llegar a formar una familia en la recesión del 2008 se le venda ahora que una economía que casi parece conspirar para imposibilitar un proyecto de vida que implique tener hijos supone una presión similar o siquiera comparable a un grupo de amigas mostrando unas a otras ropitas de bebé. Ese es quizá el gran problema de la película (y que la directora parece nunca llegar a comprender): que nunca vemos un conflicto real, sino como mucho algunas situaciones absolutamente hiperbólicas (como cuando la pareja protagonista ha de cuidar de unos niños de la hermana de Lola y la situación se vuelve caótica de una manera artificiosa e irrealista). El gran problema de la película es que nunca plantea una encrucijada real en la protagonista, simplemente la pone en una serie de sucesivas situaciones que le recuerdan que no quiere dar a luz, escena tras escena. Y además lo hace de una forma tan simple, tan predecible, y telegrafiando tanto su siguiente movimiento que pierde toda capacidad de resultar interesante. Mamífera repite una y otra vez su única tesis (la cual ni siquiera era particularmente profunda la primera vez) hasta que ver la película resulta un maratoniano ejercicio de resistencia.

Pero si en unos momentos la película cae en lo grotesco al ignorar la realidad del público al que va dirigida, en otros se queda en lo meramente ridículo. Ejemplo de eso es la escena cuando la protagonista descubre su embarazo en la consulta del ginecólogo. Con una sutileza digna de una entrada de Pablo Alfaro, la directora trata de plasmar una situación de violencia obstétrica al mostrar a un médico que, al descubrir algo raro en el útero de la protagonista, ignora durante unos instantes sus preguntas mientras le practica una ecografía. La violencia obstétrica es un tema muy serio, que con frecuencia se refiere a cosas como prácticas médicas innecesarias que ponen en riesgo la salud de la madre o del feto, el acoso psicológico a embarazadas o, en casos extremos, las esterilizaciones forzosas de mujeres. Lo siento, que un médico con miedo de haber encontrado lo que puede ser un tumor en el útero tarde un rato en contestar a unas preguntas porque está concentrado en preparar la máquina de hacer ecografías no es violencia obstétrica. De igual forma, a lo largo de la historia han existido muchas sociedades en las que se ha estigmatizado a la mujer que no quería o no podía tener hijos (desde el repudio marital hasta el ostracismo social) pero me temo que escuchar a la tía Paqui la del pueblo en la cena de Nochebuena preguntar lo de «¿y el bebé para cuando?» no es la sociedad presionando a nadie para ser madre (cuando lo más probable es que a la tía Paqui ni siquiera le importe si tienes hijos o no, solo quiere encontrar un tema de conversación porque no sabe qué es de tu vida. Leñe, llama a la tía Paqui de vez en cuando, que no te cuesta nada y le alegras la tarde a la pobre paisana).

Unas actuaciones correctas son lo único defendible de la película, aunque el guion no da a los interpretes demasiado con lo que trabajar.

Lo más lamentable de la película es que incluso si se evalúa atendiendo a sus propias intenciones, fracasa memorablemente. Se supone que Mamífera aspira a ser una defensa de la decisión de no tener hijos frente a la presión social para hacer lo contrario. Tanto tener hijos como no tenerlos es totalmente legítimo, y cada uno sabe mejor que nadie sus razones para tomar una u otra decisión en la vida, sin embargo, lo que observamos en la historia que nos cuenta Torres es justo lo contrario: un personaje al que, en el desenlace de la película, vemos totalmente derrotado moral y emocionalmente, cuya decisión de no ser madre más parece fruto de la incapacidad que de la voluntad, y que ofrece una visión increíblemente pesimista de la decisión de su protagonista. Es cierto que el antinatalismo y todas sus variantes (desde el Maltusianismo del siglo XIX hasta la decisión de los indígenas americanos de no tener descendencia tras ver sus tierras colonizadas en el siglo pasado) siempre ha estado ligado a sociedades en crisis y decadencia, pero es decepcionante que para tratar de presentar un contraargumento a esa visión pesimista, la película recurra a Lola, un personaje absolutamente patético (y no uso esta palabra como un insulto, sino en el término griego Pathos, es decir, un personaje que se define por el dolor que sufre) que renuncia a la maternidad no porque esta renuncia le ofrezca mejores oportunidades de proyecto vital, sino por su absoluta impotencia para decidir cualquier otra cosa. En otras palabras, la no maternidad de la protagonista viene a presentarse en Mamífera como fracaso existencial que está en conflicto con la tesis que, presuntamente, defiende la película.

Una decisión solo tiene valor en tanto que la persona que la toma lo hace frente a otras posibles alternativas, y el gran problema de la película es que en lugar de mostrarnos a una protagonista que, teniendo la capacidad de hacerse cargo de la responsabilidad de ser madre, decide no serlo, lo que muestra es a una mujer cuyo rechazo a la maternidad viene no tanto del no querer como del no poder, lo cual invalida la tesis fundamental de la cinta. Mamífera, en resumidas cuentas, es una de esas películas que no solo es fallida, sino que también carece de cualquier tipo de cualidad redentora. Que ni siquiera aspira a ser tan mala que la gente la aprecie de modo irónico, y por lo cual hay muchas cosas mejores que usted puede hacer con 89 minutos de su vida en lugar de ver esta película, como por ejemplo, hacerle una llamada a su tía Paqui la del pueblo y preguntarle qué tal está.

  1. RTVE.es. (2024, 28 septiembre). El número de abortos voluntarios en España aumentó un 4,8% en 2023. RTVE.es. https://shorturl.at/7HaHn.[]
  2. sanidad.gob.es. Los tratamientos de reproducción asistida en España aumentan un 28% en los últimos 5 años. https://www.sanidad.gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=5067[]