Tokyo Vice
| Viaje al corazón de la Yakuza

País: Estados Unidos
Año: 2022
Dirección: Michael Mann, Josef Kubota Wladyka, Hikari, Alan Poul
Guion: Jake Adelstein, J.T. Rogers, Jessica Brickman, Karl Taro Greenfeld, Adam Stein, Naomi Iizuka, Brad Kane, Arthur Phillips (Libro: Jake Adelstein)
Título original: Tokyo Vice
Género: Serie de TV, Thriller, Drama
Productora: Endeavor Content, Wowow Films
Fotografía: Daniel Satinoff, John Grillo
Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans
Reparto: Ansel Elgort, Ken Watanabe, Ella Rumpf, Odessa Young, Rinko Kikuchi, Hideaki Ito, Shô Kasamatsu, Tomohisa Yamashita, Noémie Nakai

País: Estados Unidos
Año: 2022
Dirección: Michael Mann, Josef Kubota Wladyka, Hikari, Alan Poul
Guion: Jake Adelstein, J.T. Rogers, Jessica Brickman, Karl Taro Greenfeld, Adam Stein, Naomi Iizuka, Brad Kane, Arthur Phillips (Libro: Jake Adelstein)
Título original: Tokyo Vice
Género: Serie de TV, Thriller, Drama
Productora: Endeavor Content, Wowow Films
Fotografía: Daniel Satinoff, John Grillo
Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans
Reparto: Ansel Elgort, Ken Watanabe, Ella Rumpf, Odessa Young, Rinko Kikuchi, Hideaki Ito, Shô Kasamatsu, Tomohisa Yamashita, Noémie Nakai

En la serie protagonizada por Ansel Elgort y Ken Watanabe, el mundo del crimen organizado de Tokio sirve a J. T. Rogers y Michael Mann de pretexto para crear una de las ficciones televisivas más impactantes de los últimos años.

No es descabellado decir que el mundo de la pequeña pantalla se mueve por ciclos que de alguna forma definen la evolución del medio y marcan épocas de una manera periódica en el tiempo. Y cada una de estas épocas ha tenido su buque insignia, su serie de culto generacional que ha terminado marcando el compás en lo que respecta a lo que una producción televisiva de prestigio ha de ser. Se inició esto ya en los noventa cuando David Lynch nos trajo Twin Peaks (1990), que a pesar de durar solo dos temporadas inauguró el concepto de serie de televisión capaz de competir con películas de Hollywood en términos de calidad y talento. Poco después de su cancelación, Expediente X (Chris Carter, 1993) vino a redefinir lo que la pequeña pantalla era capaz de hacer e inició una competencia que elevó la calidad y los presupuestos de la serie promedio. Tras su cancelación, llegó a las pantallas de todo el mundo The Wire (David Simon, 2002), dando quizá el primer gran hito cultural de la televisión del s. XXI. Tras llegar a su fin en 2008, su hueco sería llenado por otra serie que se convertiría en la gran producción televisiva de culto de la época de fines de los dos mil e inicios de los dos mil diez: Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008). Esta ficción, que llegó en un momento de apogeo del entretenimiento televisivo, supuso un fenómeno de una magnitud sin precedentes que confirmó a la pequeña pantalla como el nuevo hogar de las historias complejas y adultas de las que el cine parecía haberse olvidado a cambio de inagotables y agotadoras franquicias de superhéroes. Tras su conclusión en 2013, y en un panorama con creciente competencia, el estatus de gran serie de prestigio adorada por la crítica y el público se dividió durante finales de los 2010 e inicios de los 2020 en un pequeño grupo de series que, por la calidad de sus guiones, el talento de sus actores y el nivel de sus valores de producción, competían e incluso superaban a cualquier película nominada al Óscar de la última década. Hablamos de títulos como Peaky Blinders (Steven Knight, 2013), Juego de Tronos (David Benioff, D.B. Weiss, 2011) o House of Cards (Beau Willimon, 2013). Todas ellas series que, con mayor o menor fortuna, han llegado a su conclusión en tiempos recientes. Lo nuevo de HBO, Tokyo Vice (J. T. Rogers, 2022), se postula en este contexto como la serie destinada a recoger el testigo y a definir una nueva generación de excelencia televisiva.

El director Michael Mann deja su impronta autoral en la serie a través de una estética visualmente impresionante.

La serie nos cuenta la historia, inspirada en hechos reales, de Jake Adelstein, un joven reportero estadounidense especializado en crímenes que comienza a trabajar en uno de los principales periódicos de Japón. El joven pronto comenzará a familiarizarse con los bajos fondos de la capital nipona y a iniciar una cruzada para desentrañar los grandes secretos de la Yakuza junto con el veterano e íntegro detective de policía Hiroto Takagiri. En su viaje, no obstante, Hiroto y Jake descubrirán un mundo de crimen que va mucho más allá de lo que podían imaginarse en un principio y que les lleva a poner a prueba sus propias lealtades e integridad, viéndose en ocasiones obligados a cruzar la línea de lo ético mientras se topan con personajes del mundo del crimen que transformarán por completo su perspectiva: Sato, un miembro de la Yakuza con el que Jake entablará amistad; Miyamoto, un policía corrupto dividido ente sus ambiciones personales y su deber para con la ley; o Samantha, una ambiciosa escort americana involucrada en el mundo de la mafia japonesa y que guarda en su pasado oscuros secretos. La vida de todos estos personajes coincidirá cuando Jake e Hiroto comiencen a investigar una serie de aparentes suicidios, lo cual les llevará a descubrir una guerra entre familias que amenaza con sumir a la capital japonesa en el caos iniciada por Tozawa, un oscuro jefe de un clan de la Yakuza que planea con fagocitar al resto de familias y construir su propio imperio del crimen.

Una de las mejores experiencias televisivas de los últimos años. No quiere tanto contarnos una historia sobre el mundo del crimen como una historia sobre las personas que lo habitan.

Desde el primer momento la serie demuestra claramente lo que es, estableciendo su tono desde el inicio gracias a un formidable episodio piloto dirigido por el inigualable Michael Mann que además actúa como productor ejecutivo. Sus huellas artísticas están, por lo tanto, por toda la serie, haciendo que Tokyo Vice tenga las grandes marcas autorales del director. Hablamos, por lo tanto, de una serie que mezcla los elementos del thriller policíaco con un drama humano enormemente sólido en el que el viaje emocional y psicológico de los personajes en su lucha por desenmascarar el mundo del crimen japonés, así como la forma en que sus relaciones evolucionen, muchas veces tomarán el control narrativo. Tokyo Vice no quiere tanto contarnos una historia sobre el mundo del crimen como una historia sobre las personas que lo habitan, y así, el retrato psicológico de sus personajes es absolutamente preciso, desde los protagonistas —Jake, un estadounidense que va a Japón para escapar de sus problemas familiares y que en este país descubre una sociedad que constantemente le rechaza por ser extranjero, y Takagiri, un policía que lleva toda una vida dedicada a la lucha contra el crimen y que ha de compaginar la dureza de su trabajo con su vida familiar cuidando de sus dos hijas pequeñas—, pasando por personajes secundarios como Sato, el joven miembro de la mafia japonesa que comienza a cuestionarse sus lealtades cuando su organización le pide ir contra sus principios y hasta Tozawa, uno de los antagonistas más potentes que la televisión ha dado en los últimos años y que lejos de caricaturizarlo o presentarlo como un villano genérico, el guion le dota de una personalidad distintiva (se tata de un hombre aquejado de disfunción eréctil y problemas cardíacos que quiere crear un imperio del crimen ante su creciente temor a la vejez y la muerte) que, paradójicamente, le humaniza pero, a la vez, también le hace más temible e inquietante.

Hiroto y Jake, los dos protagonistas, terminarán construyendo una relación que alcanza tintes paternofiliales.

Si bien las diferentes piezas que componen la serie son excelentes por sí mismas, es cuando trabajan en conjunto cuando Tokyo Vice realmente brilla. El tono de thriller policiaco mezclado con drama y aderezado con algunas subtramas de denuncia social de la realidad del día a día en Japón hace que la serie funcione a muchos niveles diferentes, siendo capaz de estructurar sus diferentes capas narrativas para que el guion siempre sea capaz de sorprender al espectador, ya sea con nuevas revelaciones que le dan a la trama una nueva perspectiva, dedicando tiempo a personajes secundarios que terminan demostrando ser mucho más profundos de lo que parece o con momentos de tensión dramática que le dan a la historia un ritmo que, si bien evita ser atropellado y prefiere dejar tiempo para que el espectador procese lo que está pasando y se empape de todo el microcosmos que la serie nos presenta, no deja en ningún momento hueco al aburrimiento. Aunque las escenas de acción no son excesivamente frecuentes y están adecuadamente dosificadas (algo comprensible si tenemos en cuenta que estamos ante una serie basada en hechos reales) para que siempre se sientan como algo especial, será el nervio con el que Tokyo Vice está escrita y dirigida lo que nos mantendrá en todo momento pegados a la pantalla y al borde de nuestros asientos. Con todo, cuando la serie decide darnos escenas de acción, no duda en hacerlo con toda la intensidad y la violencia que sea necesaria para reflejar el sangriento mundo del crimen organizado japonés, dando como resultado unas secuencias absolutamente impecables.

Si bien la serie está basada en hechos reales y el propio protagonista de la historia ha colaborado en su desarrollo (Jake Adelstein, toda una leyenda para los que estamos interesados en el mundo y la historia de la Yakuza), el guion nunca cae en la idealización de sus protagonistas. Muy al contrario, vemos a un Jake que termina corrompiéndose moralmente (llegando incluso a confraternizar y colaborar con los mismos criminales a los que persigue) a causa de su enfermiza obsesión con descubrir la verdad. Así mismo, la serie tampoco evita mostrar las miserias del mundo periodístico, desde la manipulación mediática ejercida desde los medios (como el periódico donde trabaja el protagonista) para controlar la opinión pública hasta el sexismo y la xenofobia del sector. De igual forma, la serie también es lo suficientemente hábil como para evitar caer en la idealización de la cultura japonesa. Los códigos sociales nipones (y en particular los de la Yakuza) se muestran con una mirada sincera que escapa de la mitificación pero también de la ridiculización y el eurocentrismo. El protagonista, que en un principio es rechazado por la sociedad japonesa cuando trata de importar su acervo cultural estadounidense, termina siendo respetado cuando se empapa de este mundo, cuando termina aceptándolo con sus virtudes y sus defectos. Esto se acentúa con la relación entre Jake y el veterano detective Hiroto, surgiendo entre los dos una cierta relación paterno-filial que hace que ambos personajes aprendan del otro y crezcan como individuos.

Las escenas de acción, aunque escasas, son de una factura excelente.

Pero si algo hace grande a Tokyo Vice, además de sus interpretaciones y su guion, es sin duda su trabajo de dirección. Aquí, como se decía antes, la impronta de Michael Mann es innegable, y nos regala otra de sus fascinantes historias de luces de neón, policías corruptos, criminales con principios y una línea divisoria entre ambos que no siempre está clara. La dirección escapa del intento de tener un tono televisivo invisible y estandarizado para, en su lugar, ofrecer una estética y una dirección estilizada y personal que contribuyen a contar la historia de manera visual y a lograr que Tokyo Vice se sienta original y única. Y si el director de obras maestras como Heat (Michael Mann, 1995) establece el tono de la dirección que los demás directores que forman parte del proyecto siguen, estos también logran añadir su pequeña impronta personal. Así, Hikari, directora japonesa que ya se hizo un nombre en el panorama cinematográfico internacional con su película 37 Seconds (Hikari, 2019) y cuyo trabajo destaca por lo bien que maneja las emociones humanas, se encarga de dirigir los episodios con mayor carga dramática, como pueden ser aquellos que giran entorno a la creciente amistad entre Sato y Jake o a la complicada relación sentimental entre Sato y Samantha. Por otro lado, Josef Kubota Wladyka, que desde su debut como director en Manos sucias (Josef Kubota Wladyka, 2014) se ha confirmado como uno de los grandes cineastas del thriller y el policíaco de la última década, se encarga de la dirección de aquellos episodios en los que el aspecto de thriller policíaco toma el protagonismo. Es así que en lugar de hacer lo que hacen la mayor parte de las series y entender a los realizadores como meras piezas intercambiables y demandar de ellos que dirijan de una manera impersonal, la serie sabe identificar los puntos fuertes de cada uno y aprovecharlos en su beneficio para potenciar todos los aspectos positivos del guion.

Tozawa, el principal antagonista de la ficción, es uno de los mejores villanos que se han visto recientemente en una serie de TV.

Todos estos factores contribuyen para que la serie termine creando todo un universo complejo de protagonistas que tienen su propio lado oscuro y sus ambivalencias morales, antagonistas profundamente humanizados, líneas divisorias entre el bien y el mal que están en constante movimiento, un estilo estético que acompaña perfectamente a la historia que se pretende contar y toda una serie de otros factores que, fundidos en el excelente crisol creativo que son las mentes de Michael Mann y J. T. Rogers dan lugar a una serie con una historia absolutamente absorbente que, si bien se toma su tiempo para desarrollar a todos sus personajes y construir todas sus tramas, nos termina regalando una de las mejores experiencias televisivas de los últimos años, siendo no solo una prueba evidente de la clase de narraciones que se benefician del formato televisivo episódico, sino también un ejemplo de como usar este formato de una manera exitosa que sirva para potenciar la historia que se quiere contar en lugar de simplemente darle a la plataforma de streaming o cadena de TV de turno unas cuantas horas de contenido para sus suscriptores (algo que, por desgracia, últimamente hemos visto con demasiada frecuencia). Desde las formidables actuaciones de Ken Watanabe, Ansel Elgort o Shô Kasamatsu hasta la excelente dirección de Michael Mann, pasando por el formidable trabajo de guion de J. T. Rogers, todo en esta serie contribuye para que el resultado final sea tan brillante como entretenido.

La primera temporada de Tokyo Vice se postula no únicamente como una de las mejores (si no la mejor) series de 2022, sino también como una ambiciosa y artísticamente competente producción que puede sentar los cimientos de una de las grandes ficciones de la próxima década y uno de los principales valores de la reciente plataforma de streaming HBO Max. El final de la primera temporada (una especie de cliffhanger que, si bien cierra mínimamente las tramas planteadas en los ocho primeros episodios, deja mucho abierto para el futuro), nos hace suponer que, a expensas de lo que decidan los ejecutivos de HBO, podremos disfrutar de al menos una temporada más de Tokyo Vice, algo que sin lugar a dudas es una buena noticia para los amantes de las series de TV. Si esto es así, es muy probable que de aquí a unos años Tokyo Vice llegue a formar parte del panteón de las grandes series de culto que contribuyeron (y contribuyen) a hacer a la pequeña pantalla cada día más grande.

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