El inglés que cogió la maleta y se fue al fin del mundo
| Cada parada cuenta

País: Reino Unido
Año: 2021
Dirección: Gillies MacKinnon
Guion: Joe Ainsworth
Título original: The Last Bus
Género: Drama
Productora: Hurricane Films, Head Gear Films, Metrol Technology, Kreo Films FZ
Fotografía: George Geddes
Edición: Anne Sopel
Música: Nick Lloyd Webber
Reparto: Timothy Spall, Phyllis Logan, Grace Calder, Brian Pettifer, Colin McCredie, Celyn Jones, Garry Sweeney, Kevin Mains, Iain Robertson, Marianne McIvor, Marnie Baxter, Saskia Ashdown, Anne Kidd
Duración: 86 minutos

País: Reino Unido
Año: 2021
Dirección: Gillies MacKinnon
Guion: Joe Ainsworth
Título original: The Last Bus
Género: Drama
Productora: Hurricane Films, Head Gear Films, Metrol Technology, Kreo Films FZ
Fotografía: George Geddes
Edición: Anne Sopel
Música: Nick Lloyd Webber
Reparto: Timothy Spall, Phyllis Logan, Grace Calder, Brian Pettifer, Colin McCredie, Celyn Jones, Garry Sweeney, Kevin Mains, Iain Robertson, Marianne McIvor, Marnie Baxter, Saskia Ashdown, Anne Kidd
Duración: 86 minutos

El cineasta escocés Gillies MacKinnon estrena una road movie donde Timothy Spall aparece como protagonista incontestable. El paso del tiempo, la vejez y las relaciones interpersonales funcionan como engranajes esenciales para hacer rodar la emotiva cinta.

El argumento sobre las últimas voluntades antes de fallecer es una idea que se ha utilizado de forma recurrente a lo largo de la historia cinematográfica. Películas destacadas, por ejemplo, como Ahora o nunca (Rob Reiner, 2007) esbozaban el último viaje de dos amigos con cáncer terminal. Así, en la reciente El inglés que cogió la maleta y se fue al fin del mundo (2021), el director escocés Gillies MacKinnon da forma al viaje y acontecimientos que vive el protagonista, Tom Harper. En un formato de road movie, el filme avanza sobre las ruedas de los diferentes autobuses y culmina de forma sencilla y emotiva. Uno de los pilares imprescindibles que mantienen la película en pie es la interpretación de Timothy Spall: con su actuación, el actor consigue que no solo los propios personajes empaticen con él, sino que la propia audiencia sienta simpatía e incluso compasión en algunas ocasiones por su Tom Harper. Sin necesidad de verbalizar en exceso, Spall tiene la gran habilidad de transmitir cada emoción a través de los gestos más sutiles: el lenguaje corporal atraviesa la pantalla de forma mucho más eficaz que la verbal. De este modo, el filme apela directamente a lo afectivo y emocional de la audiencia para mantenerla en vilo a lo largo de toda la trama.

La cinta escocesa aborda la vejez en la misma línea que ya lo hizo la aclamada El padre (Florian Zeller, 2020) o la producción televisiva Elizabeth Is Missing (Aisling Walsh, 2019). A través del juego temporal con flashbacks y flashforwards, se busca la curiosidad de la audiencia. La persona espectadora viaja junto al personaje protagonista para ir descubriendo poco a poco el detonante de la historia. Así como en Elizabeth Is Missing es una mujer con demencia la que intenta resolver un misterio, al mismo tiempo que lo hace la audiencia, en el filme de MacKinnon se viaja hacia un destino desconocido. En este periplo, el público, al mismo tiempo que los personajes eventuales que se cruzan en su camino, se aferra a la mano del protagonista sin dudarlo. Le acompaña en una travesía en autobús que, a pesar de su apariencia ordinaria, se terminará convirtiendo en una aventura extraordinaria. Porque Tom Harper, de manera inconsciente, enseña a toda persona con la que se cruza que lo excepcional reside en los detalles que pasan más desapercibidos. Detalles que incluso se pueden descubrir al observar de cerca la escenografía y recursos cinematográficos utilizados por el cineasta: la formación profesional de Gillies MacKinnon en arte y pintura aparece reflejada a través de sus composiciones, siendo una de las más destacadas aquella donde el protagonista canta un villancico sentado en un banco —una de las secuencias más emotivas del filme—. Con un travelling, el plano pasa de un primer plano de su rostro a un plano general que descubre un fondo de escenario que recrea el estilo de uno de los pintores más destacados de la vanguardia pictórica: Piet Mondrian.

Gracias a estos pequeños detalles, junto a una dirección de fotografía elegante y adecuada, la película se ve enriquecida en todos los aspectos. Son múltiples las producciones cinematográficas que plantean un viaje singular en busca de un destino. No obstante, aunque el presente filme sigue una estructura clásica narrativa basada en el viaje del héroe de Joseph Campbell, con sus peripecias y puntos de giro, es cierto que la llegada al destino esperado no es la que recoge el mensaje final que se quiere enviar. Los mensajes que busca transmitir el cineasta se encuentran en cada pequeño suceso que le acontece al protagonista. Desde el machismo y racismo que permea la sociedad, hasta la invasión de las redes sociales que organizan el ritmo vital de la ciudadanía. 

Un relato plenamente emotivo que atraviesa la piel de la audiencia hasta llegar a tocar la fibra más sensible, despertando la ternura y empatía más honesta.

Uno de los aspectos claves que se reseñan es la relación romántica, y la inmutabilidad e incondicionalidad de esta en una pareja de tercera edad. Hoy en día, las relaciones interpersonales han cambiado, una evolución del concepto de pareja y de amor ha tenido lugar y se ha visto perfectamente reflejada en obras como Secretos de un matrimonio (Ingmar Bergman, 1974) y su reflejo en la actualidad con su remake homónimo en 2021. En El inglés que cogió la maleta y se fue al fin del mundo la relación entre Tom y su mujer Mary tiene unos pilares afianzados por un amor inconmensurable. Este amor es el que impulsa al protagonista a emprender su viaje en autobús desde el norte de Reino Unido hasta el sur, Land’s End (fin de la tierra). Esta relación afectiva está además perfectamente ilustrada a través del recurso del flashback, como decimos, junto a otros recursos cinematográficos como el juego cromático en un mismo plano que divide realidad y recuerdos o imaginación. Como resultado, un relato plenamente emotivo que atraviesa la piel de la audiencia hasta llegar a tocar la fibra más sensible, despertando la ternura y empatía más honesta hacia el personaje y en general hacia el colectivo etario que representa. En una sociedad donde la mayoría de individuos mantienen su cabeza gacha mientras son absorbidos por las pantallas de sus teléfonos, es importante pararse y reflexionar que quizá el no mirar el alrededor puede hacer que se pierdan momentos excepcionales. Porque, ¿y si alguien trascendental está esperando justo al lado, en la marquesina del autobús?

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