Revista Cintilatio
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Aulas en el cine: variaciones sobre un mismo tema

Aulas en el cine
Variaciones sobre un mismo tema
Esta vez seleccionamos siete grandes películas por cuyo interés se plasman las actitudes, inquietudes y motivaciones de alumnos y profesores en un espacio que a todos nos configura a nivel personal y moral tanto como es el aula de un colegio o instituto.
Por Daniel González Irala | 23 octubre, 2024 | Tiempo de lectura: 17 minutos

No es este un artículo especialmente pegado a la tendencia respecto al tema que trata. De hecho, el asunto del aula en el cine está tan presente en clásicos estadounidenses y europeos a los que atendemos, que prácticamente sería inabarcable. Hacemos una selección algo centrada en Francia, y donde no por tener menos calidad artística, no contamos con la presencia de dos grandes filmes recientes: La ola (2008) de Dennis Gansel y Los que se quedan (2023), joya de Alexander Payne ya reseñada en Cintilatio en su día individualmente. Del mismo modo, otros filmes clásicos que no olvidamos, pero que tampoco aparecen son Esta tierra es mía (1943) de Jean Renoir, con un Charles Laughton en estado de gracia y también comentada en su día o Matar un ruiseñor (1962), de Robert Mulligan, basada en la novela de Harper Lee, y que también muchos críticos circunscriben al cine judicial. En este último caso, mi única excusa es, como explicaba en un principio la necesidad de encontrarla, si no es previo pago en las ofertas de streaming. Espero sepan perdonar esta torpeza.

Rebelión en las aulas (James Clavell, 1967)

País: Reino Unido | Año: 1967 | Dirección: James Clavell | Guion: James Clavell (Novela: E.R. Braithwaite) | Título original: To Sir, with Love | Género: Drama | Productora: Columbia Pictures | Fotografía: Paul Beeson | Edición: Peter Thornton | Música: Ron Grainer | Reparto: Sidney Poitier, Christian Roberts, Judy Geeson, Suzy Kendall | Duración: 105 minutos | ★★★★☆

Con una estética que podría tener algo que ver con la de la posterior Quadrophenia (1977) de Franc Roddam, en tanto la escuela está circunscrita al barrio marginal londinense del East Village, podríamos decir que a pesar de su almibarado y triunfalista guion —en este sentido sería todo lo contrario a El profesor (Detachment)— es un producto que conserva cierto encanto debido a la interpretación de los actores, destacando claramente Sidney Poitier, que estaba a punto de rodar En el calor de la noche el mismo año, un filme policiaco donde resuenan los ecos de la literatura de Chester Himes.

Mark Thackeray es un ingeniero en comunicaciones recién graduado que no encuentra empleo en los Estados Unidos; dice ser de la Guayana inglesa —de hecho, Poitier nació en las Bahamas, colonialmente perteneciente a Gran Bretaña, si bien geográficamente sitas en el continente americano— para encontrar este trabajo del que los nativos londinenses huyen, ya que ser profesor en un instituto con chavales conflictivos no es plato de gusto. El resto del claustro —Thackeray sustituye a un tal Hackman— o bien están curtidos por el cinismo (Weston) o por la desidia. El resultado que Thackeray conseguirá no es mucho más espléndido, pero cuando descubre su fondo como personas, conseguirá al menos no convertirlos en carne de cañón.

La película, llamada en inglés To Sir, with Love, debe su nombre a la canción de la solista de los sesenta Lulu, que aquí interpreta a Barbara «Babs» Pegg, una enamoradiza y alocada alumna de cuyo comportamiento académico no se aprende, pero sí del vital. Es muy posible que el filme se hiciese para promocionar la canción, como pasa tantas y tantas veces, lo cual no desmerece ni la fotografía de Paul Beeson, el montaje de Peter Thornton, ni siquiera el casting a la hora de elegir todo un plantel coral de actores estupendos (incluyendo a unos jovencitos Christian Roberts y Judy Geeson), con secuencias recordables como la del salto al potro en el gimnasio.

Basada en una novela de E.R. Braithwaite, tal vez en esta baza nos encontremos ante una película que, junto con la realización arquetípica de James Clavell, ha envejecido demasiado por más bienintencionada que sea. Nominada a los premios del Sindicato de Directores de Cine Norteamericanos ese mismo 1967, a mejor película y director, se trata de una producción enteramente británica, lo que no solo se nota en detalles de factura y producción, sino en la peculiar manera de salir airosa tanto para el gran público como para la crítica.

El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989)

País: Estados Unidos | Año: 1989 | Dirección: Peter Weir | Guion: Tom Schulman | Título original: Dead Poets Society | Género: Drama | Productora: Touchstone Pictures, Silver Screen Partners IV | Fotografía: John Seale | Edición: William M. Anderson | Música: Maurice Jarre | Reparto: Robin Williams, Robert Sean Leonard, Ethan Hawke, Josh Charles, Dylan Kussman | Duración: 124 minutos | ★★★★★

El realizador australiano Peter Weir, que venía de rodar La costa de los mosquitos con Harrison Ford, era y es —si bien ya anunció su retirada del mundo del cine el pasado 20 de marzo— uno de los grandes directores que nos ha dado la industria; no pudo decir que no a este ambicioso proyecto probablemente por la capacidad de seducción del guion de Tom Schulman que, acostumbrado como él a manejar grandes presupuestos, hizo el meritorio trabajo que todos conocemos, que sin duda está entre los mejores de su carrera. Aún vista hoy, podríamos decir que por ella ha pasado bastante bien el tiempo, si bien es aún criticada por ciertos sectores debido a su carácter melodramático.

Habida cuenta de que en principio iba a ser un musical, y de que de esta película salió una gran cantera de actores —tremenda la labor de casting de Howard Feuer, conocido por su posterior trabajo para El silencio de los corderos— extraordinarios, al respecto añadimos la generosidad que como actor mostraba en pantalla Robin Williams en el papel del profesor de Literatura, John Keating, una de sus grandes interpretaciones, y por la que se tuvo que batir el cobre nada menos que con Alec Baldwin, Bill Murray, Liam Neeson, Dustin Hoffman o Mickey Rourke, para finalmente ser elegido.

La acción transcurre en un internado para estudiantes preuniversitarios llamado Academia Welton en Vermont (Nueva Inglaterra). Ya desde el principio el sonido de las gaitas y la formalidad de las reuniones y presentaciones se nos muestra como un lugar de sólidos principios,  tales como la disciplina, la rectitud y el honor, y vemos como algunos de ellos van cayendo sobre su propio peso, gracias a la llegada del elemento discordante en cuestión —y es esta una idea presente en muchas de las películas de Weir—; este elemento es un nuevo profesor y antiguo alumno de la institución, que dará la citada asignatura y tratará de hacer pensar a los chavales por sí mismos.

Los actores que más momentos propician y que crecen de igual forma que trata de hacerlo Keating son Neil Perry (Robert Sean Leonard), un aspirante a actor de padre especialmente oscuro; Todd Anderson (Ethan Hawke), un tímido muchacho que se sonroja con facilidad (inolvidable el travelling circular con Keating, tratando de romper esa timidez); Charlie Dalton (Gale Hansen), el más descarado, violento y poco prudente de los cuatro y Josh Charles (Knox Overstreet), el más enamoradizo.

La fotografía de John Seale (Mad Max: Furia en la carretera, Cold Mountain) está llena de matices que ayudan a entender incluso las escenas de transición desde el principio como decíamos subversivo en el lugar, de lo lúdico. La música de Maurice Jarre sirve a su vez para que los acordes y las gaitas de las que hablábamos encajen a la perfección. El filme se llevó el Óscar al mejor guion original, seduciendo igualmente con gran cantidad de nominaciones en los BAFTA británicos, y un año después en los César franceses. Saludada con algo más que amabilidad por la crítica internacional, solo aquí en España se vio esta historia como una propuesta obvia y predecible.

Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002)

País: Francia | Año: 2002 | Dirección: Nicolas Philibert | Guion: Nicolas Philibert | Título original: Être et avoir | Género: Documental | Productora: Maïa Films, arte France Cinéma, Les Films d'Ici, Centre National de Documentation Pédagogique, Canal+, CNC, Gimages 4, Ministère de l'Education National du Conseil Régional d'Auvergne | Fotografía: Nicolas Philibert, Laurent Didier, Katell Djian, Hugues Gemignani | Edición: Nicolas Philibert | Música: Philippe Hersant | Duración: 104 minutos | ★★★★☆

En un sentido bastante más estricto que La clase, este filme es un documental en estado puro cuyo tiempo de filmación no está nada dramatizado, sino que se trata de un filme que narra desde una mayor precariedad, pero teniendo en cuenta la espontaneidad y la aparición de las relaciones profesor-alumno, más desde la necesidad de verlos crecer en el que será su tránsito de infantil a primaria, la vida en un sentido estricto y que pretende ser lo más objetivo posible. Estas relaciones o conflictos a los que Georges Lopez, el profesor rural de una pequeña localidad agrícola y ganadera de Francia, donde la nieve, el aire, el agua y el frío están más que presentes, le llevan a lidiar con problemas meramente académicos que aún no son decisivos en su aprendizaje, con otros marcados por el carácter más pasivo o agresivo de los niños y niñas —lo que les conduce a peleas en ocasiones, y a veces a ensimismarse demasiado, mostrándose algún cuadro algo más autista que el resto—. Si algo bueno tiene la clase de Lopez es que en ella hay un máximo de doce chavales en el aula, lo que, siendo el lugar espacioso, permite la multitarea, para que los que mejor van, se pongan con alumnos de semejante nivel.

Dirigida por Nicolas Philibert, que también participó en labores de fotografía junto a Laurent Didier, Katell Djian y Hugues Gemignani —lo que sugiere un tiempo dilatado de rodaje—de guion y montaje, tiene además como noticia cierto valor, y decimos esto porque Georges habla a cámara sobre su vocación por la enseñanza, propiciada por un padre humilde y generoso que le ayudó a formarse para no tener que trabajar en el campo, y que era español.

Con una música que apenas se siente más que hacia el final de Phillippe HersantLas manos en el aire— y un trabajo de sonido de Julien Cloquet sorprendentemente bien resuelto, el principal y más difícil objetivo, que es ver a los chavales madurar, lo consigue, y así lo hicieron ver en estos primeros años del siglo XXI, tanto la crítica internacional, como las Academias francesa e inglesa del cine, esta última nominándola a mejor película de habla no inglesa del 2003. Fuera de Europa también fue bien acogida por la falta de dobleces morales que ofrecía su didactismo, desde la actitud sobre todo del profesor que, a partir de una visión más o menos relajada o firme de la disciplina o autoridad, trata de dialogar desde la empatía.

La clase (Laurent Cantet, 2008)

País: Francia | Año: 2008 | Dirección: Laurent Cantet | Guion: François Bégaudeau, Robin Campillo, Laurent Cantet (Libro: François Bégaudeau) | Título original: Entre les murs | Género: Drama | Productora: Haut et Court | Fotografía: Pierre Milon | Edición: Robin Campillo, Stephanie Leger | Reparto: François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Laura Baquela, Cherif Bounaïdja Rachedi | Duración: 128 minutos | ★★★★★

Basada libremente en los disturbios escolares acontecidos en un colegio público de París en 2005, así como en la novela de François Begaudeau Entre les murs, se agradece el hecho de que esta película ganase la Palma de Oro de Cannes en el año de su estreno. Lo novedoso en ella no es tanto la utilización de una realización basada en el falso documental con actores no profesionales, sino más bien la necesidad de que sean más los alumnos, quienes a partir de un método socrático de enseñanza que trata de obviar los problemas sociales que en el contexto se enmarcan, y donde la inmigración africana y china, la vida en los barrios más deprimidos de la capital francesa y la existencia de un claustro que ya en sus más recientes miembros muestra signos de desgaste y burnout, tratan de salir adelante como pueden.

Su realizador Laurent Cantet, desaparecido debido a un cáncer en 2022, era poco conocido internacionalmente y con esta película consiguió premios y reconocimientos en este sentido que van de la nominación a mejor película extranjera en los Óscar hasta el premio César de la academia francesa a mejor guion adaptado también por esta película. Realizó igualmente entre sus mejores trabajos, Recursos humanos en 1999 —no confundir con ninguna adaptación de Pierre Lemaitre— así como gran cantidad de cortometrajes anteriores que le permitieron continuar con honores en esto del cine. Aparte de guionista y realizador, Cantet ofició de director de fotografía en tres trabajos de mediometraje durante finales de los ochenta, principios de los noventa.

El arco dramático principal de la película pivota en torno a cuatro personajes, si bien los demás, aunque secundarios, forman parte de uno colectivo que recibe apoyatura a cada una de las posturas que o bien el profesorado o el alumnado ejercen desde su propia idea de educación libre. El profesor Marin —interpretado por el guionista y novelista de la película, Bégaudeau— es el tutor de un grupo de alumnos conflictivos y profesor de Lengua Francesa del instituto; entre los alumnos principales están Esmeralda y su compañera delegada —con las que Marin tendrá un conflicto que no desvelaré— y Souleymane, un maliense cuya familia no solo tiene dificultades con el idioma, sino que viene de un entorno especialmente agresivo y conflictivo. A pesar de todo, Souleymane consigue brillantez en un trabajo por el que cada uno debe escribir un autorretrato.  Demoledora con los sistemas actuales de educación, no solo el público la acogió con interés, sino que la crítica supo encontrar, como lo sigue haciendo aún hoy, frescura y calidez humana.

El profesor (Detachment) (Tony Kaye, 2011)

País: Estados Unidos | Año: 2011 | Dirección: Tony Kaye | Guion: Carl Lund | Título original: Detachment | Género: Drama | Productora: Paper Street Films, Kingsgate Films, Appian Way | Fotografía: Tony Kaye | Edición: Michelle Botticelli, Barry Alexander Brown, Peter Goddard, Geoffrey Richman | Música: The Newton Brothers | Reparto: Adrien Brody, Christina Hendricks, Sami Gayle, Marcia Gay Harden, James Caan | Duración: 97 minutos | ★★★☆☆

Es esta una película difícil de clasificar, realizada por un director que debutó, a pesar de haber nacido en 1945, en los noventa con American History X, un filme no menos complicado y muy controvertido. Curtido en el videoclip y la publicidad, a Tony Kaye —de quien estamos hablando— parece irle bien el apelativo destroyer propio de otros coetáneos de los noventa, o al menos de películas rodadas en diferentes formatos de imagen, con un montaje tanto dentro como fuera de plano premeditadamente salvaje y trepidante, y de la que el filme de Oliver Stone Asesinos natos es un claro exponente. El resultado para el espectador medio es parecido al del fast-food en la cocina, es decir, altamente impactante y hasta epatante, pero premeditadamente indigesto si de sus cualidades se abusa. A Stone se perdonan estos deslices dada su dilatada trayectoria en el tiempo, no así al realizador británico, que es verdad que demuestra gran pericia técnica, pero lo hace con más prisa y como diciéndonos: «mira, aquí estoy yo».

Aun así, nos detenemos en algo que por muy poco, salva de la quema total esta película, y es la interpretación de Adrien Brody, un profesor de literatura con un pasado tortuoso, de gran corazón y con una enorme cantidad de traumas familiares. Camusiano, recto y muy poco apolíneo, en el aula Bathes no se deja intimidar ante lo que es un aula con chavales y chavalas peligrosos; es cierto que solo oficia de maestro sustituto por apenas un mes, y que trata de hacerles pensar por sí mismos, pero el personaje en el aula se nos antoja esquemático por un lado y exhibicionista de su vida privada, por otro. Falla por tanto también el guion de Carl Lund, y a pesar de que en este aparecen actores solventes como Christina Hendricks (Mad Men) o James Caan (Misery) o bien su intención es secundaria tirando a episódica, o ni siquiera sirve para mantener una adecuada y equilibrada escala de grises motivacional. Solo una joven prostituta puede redimirle, y no lo consigue a su pesar.

La supuesta crítica social al sistema educativo norteamericano de fondo como un subproducto capitalista más del que los profesores deben proteger a los alumnos, la convierte igualmente en pretenciosa. La fotografía también de Kaye puede llegar a gustar por las mismas razones de impacto de que hablábamos, y lo que es indiscutible es el trabajo de edición o montaje de Michelle Botticelli, Barry Alexander Brown, Peter Goddard et al., altamente resolutivo y con ritmo musical de The Newton Brothers. La película fue nominada a mejor película en el Festival de Tokyo el año de su estreno.

La profesora de Historia (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014)

País: Francia | Año: 2014 | Dirección: Marie-Castille Mention-Schaar | Guion: Marie-Castille Mention-Schaar, Ahmed Dramé | Título original: Les héritiers | Género: Drama | Productora: Loma Nasha Films | Fotografía: Myriam Vinocour | Edición: Benoît Quinon | Reparto: Ariane Ascaride, Ahmed Dramé, Geneviève Mnich, Xavier Maly, Martin Cannavo | Duración: 100 minutos | ★★★★☆

Dirigida por la en aquellos momentos primeriza en el largometraje realizadora Marie-Castille Mention-Schaar, obtuvo el premio principal de la Seminci de Valladolid joven; en ella pretende darse un mensaje amable y conciliador a pesar de la crisis de la enseñanza global. Ambientada de manera a la vez austera y elegante en el instituto de Bachillerato Leon Bloy, tiene como protagonista a la actriz Ariane Ascaride (Anne Guéguen) que, a partir de su rodaje, se convirtió en una habitual del cine de su directora.

Llamada en francés Les héritiers, nos encontramos ante un filme que no huye de realidades problemáticas, violentas y conflictivas, optando más por rodear los conflictos antes que por sortearlos con heroicidad. Y es que en todo momento Guéguen sabe a lo que se enfrenta, que no solo es la casuística citada, dada por la convivencia en su aula de personas de nueve razas diferentes, sino por su voluntad de inculcar una disciplina sin necesidad de aburrir al personal; de este modo, todo el que no esté de acuerdo con sus métodos, puede abandonar la clase.

Guéguen empieza mostrando imágenes medievales en iglesias cristianas donde Mahoma es alguien grotesco, para partiendo de ahí mostrar como el ser humano ha evolucionado a lo largo de los siglos, y ¿qué mejor manera de explicar el racismo que viven día a día que haciendo un trabajo de investigación sobre la presencia de niños y adolescentes en los campos de concentración nazis? Pues esa es la brillante idea por la que, en vez de seguir un temario reglado, decide presentar a los chicos y chicas a un concurso a favor de un organismo en pro del bando resistente y en contra de la deportación. El resultado irá desde la búsqueda de fotografías de brazos marcados por los que eran considerados como números en vez de personas, a lecturas primerizas en torno a Anna Frank, y más sesudas de Primo Levi, y otros autores que irán conociendo que ahondan en el conflicto vivido también en Francia en el siglo XX; analizarán asimismo un cómic, cuya lectura les brinda la profesora auxiliar interpretada con arrestos por Geneviève Mnich.

El guion que viene firmado a su vez por la directora y uno de los chicos, Ahmed Dramé, nominado además como mejor actor revelación en los premios César, sabe funcionar y asimilarse como un producto emotivo, que no cae ni en lo sentimental ni en lo simplón. Si bien abusa algo del fundido a negro para hacer marcas temporales, sobre todo hacia el final, la fotografía de Myriam Vinocour y el montaje de Benoît Quinon resultan perfectamente sincronizados con el todo más reseñable, en este caso la idea secundaria por la que se monta la trama. La crítica fue irregular con ella, siendo saludada alabando su buen gusto en Europa, pero no así en Estados Unidos.

Uno para todos (David Ilundain, 2020)

País: España | Año: 2020 | Dirección: David Ilundain | Guion: Coral Cruz, Valentina Viso | Título original: Uno para todos | Género: Drama | Productora: A Contracorriente Films, Amalur Films, Bolo Audiovisual, Fasten Films, Inicia Films, Movistar Plus+, RTVE, TV3, Aragón TV | Fotografía: Bet Rourich | Edición: Ana Charte Isa, Elena Ruiz | Música: Zeltia Montes | Reparto: David Verdaguer, Patricia López Arnaiz, Clara Segura, Ana Labordeta, Miguel Ángel Tirado | Duración: 91 minutos | ★★★★☆

Hay trabajos que se revalorizan por la labor actoral, y es que desde que David Verdaguer rodó con David Trueba Saben aquell, otros de sus trabajos por llamarlos de algún modo menores, han ido adquiriendo importancia. En esta película, el actor catalán interpreta a un profesor interino de sexto de primaria con arraigadas convicciones, y que sabe dar a la escena algo más que generosidad. Así es Aleix, un trabajador en precario —no se insiste tanto en este rasgo ni en la vida privada del profesor como en La clase, lo que permite ciertos momentos de relajo para el espectador al estar la acción menos concentrada— que llega a un pueblo de lo que imaginamos es el Alto Aragón, para sustituir a una profesora de baja maternal por un año; todo ello en un marco de escuela pública que pretende fomentar el bilingüismo con el idioma inglés.

Estos momentos en que insistíamos en el anterior paréntesis sirven igualmente para cerrar tramas sobre el personaje de Aleix antes de entrar a trabajar, alguien peleado con su madre y hermanas a raíz de la muerte de su padre, conflicto que sale a la luz a raíz de los problemas de agresividad que muestra Selva, alumna marroquí que trata de vengarse del bullying vivido el año anterior por Carlos (Néstor Romero). Estamos por otra parte ante la segunda película de David Ilundain, tras B (2015), que contaba los entresijos del caso de corrupción de Luis Bárcenas poco antes de declarar ante la Audiencia Nacional. Aparte del director, el guion viene firmado por Coral Cruz (Hierro), David Planell (Siete mesas de billar francés) y Valentina Viso (La voluntaria), guion que según se vea, por momentos lo notamos más aprendido del trabajo en series de televisión, no en balde Ilundain debutó como técnico script hace ya tiempo en series como El comisario.

La música de Zeltia Montes, que incluye la canción que da inicio y final a la ruta de Aleix es de lo mejorcito escuchado en una película de ese 2020 marcado por tan malas noticias diarias en nuestro haber. También destaca la fotografía crepuscular de Bet Rourich que sobresale no solo por el retrato del protagonista con sus luces y sombras, sino por filmar esos amaneceres y atardeceres tan llenos de nada. En cuanto al trabajo actoral, destacan no solo la mayor parte de los chavales, sino la presencia entre muchos otros de Patricia López Arnaiz (Ana), Ana Labordeta (Carmen, la directora del colegio) o el conocido por otras circunstancias Miguel Ángel Tirado (Joaquín, el dueño del bar que ofrece en alquiler una casa a Aleix). Llama poderosamente la atención en cuanto al protagonista, cómo no sabríamos decir si su motivación principal es puramente alimenticia o vocacional; en este sentido, el paso por ese modesto colegio a Aleix no solo le cambia para bien, sino que lo transforma. Esta huida del cliché fue aplaudida por la crítica, si bien fuera de España se tildó el producto de descafeinado.