La música es universal, o eso dicen. Eso quiere pensar el que escribe estas líneas, al menos. Idioma, estética, estilo, mensaje, moda. Todo ello al final da igual, lo que queda es, simplemente, la sensación, la que te da ese tema que te llega; ese tema que se te queda pegado, sin saber muy bien por qué. O sabiéndolo perfectamente. Todo ello al final da igual. Lo que verdaderamente importa es el lenguaje de las notas, las que nos transportan, nos elevan; nos conmueven, ponen la piel de gallina o hacen que nos levantemos de la silla con ganas de empezar a darle cabezazos a la pared. Eso es lo que realmente hace que la música sea un arte universal. Un arte eterno. Un arte que traspasa la barrera del lenguaje para igualarnos a todos, pues las cadencias, compases, tonalidades y demás tecnicismos musicales no entienden de cultura ni condición. El único camino hacia lo trascendente, decía Mozart.
Y es que el visual kei, un movimiento nacido en las tierras niponas en la década de los ochenta caracterizado por extravagantes maquillajes, peinados imposibles y ropajes que no se quedan atrás de los dos anteriores puntos, aunque dista de ser muy conocido por este lado del globo, ha ido ganando notoriedad en los últimos años gracias a la universalidad del medio y al boom de la cultura del país del sol naciente a lo largo y ancho del mundo. Para esas personas que han descubierto hace poco esta corriente o para aquellos más avezados en ella que quieren indagar más en lo que puede ofrecer va dirigido este listado, uno centrado en el género del metal del presente siglo XXI. Presentamos cinco discos a los que merece la pena pasar una escucha, cinco discos con los que a buen seguro el melómano tendrá nuevo material para acariciar —y martillear— sus oídos y ampliar sus horizontes.
the GazettE / DOGMA
Los de Kanagawa no son unos don nadie dentro del visual kei, todo lo contrario. Formados en el 2002, un año que ya se antoja lejano, han ido mutando y experimentando con distintas variantes del género del metal, ganándose adeptos y detractores en el acto —como suele ser habitual en estos casos—. Con DOGMA, su octavo álbum de estudio, ponen sobre la mesa su sonido más contundente, cargado de guitarras distorsionadas con afinaciones muy graves —en el caso del tema que da nombre al álbum usan una extrema Drop A— y unas líneas vocales que, en ocasiones, bien podrían despertar a todos los demonios del inframundo. De este modo consiguen presentar una suerte de metalcore/death metal con momentos djent que golpea fuerte, cargado de ira y melodías pegadizas que reducen la agresividad acumulada y balancean muy bien cada uno de los temas. Todo ello aderezado está con la potente voz de Ruki, que tiene la solvencia necesaria para moverse con facilidad tanto en un registro más agudo como en una tesitura más grave sin pasar por alto los raspados, screams y guturales que definen al género.
Dejando de lado la voz y centrándonos en los instrumentos que la acompañan nos encontramos con unos arreglos electrónicos muy interesantes, que pasan del dubstep al ambient y al house sin despeinarse, aportando ese dinamismo y mezcla de géneros que tan habitual es encontrarse en los últimos tiempos —una muestra de ello son los británicos Sleep Token, muy conocidos últimamente—. Por último, y debido a su naturaleza temática, a la existencia de DOGMA hay que sumarle la de dos EPs muy recomendables: UGLY y UNDYING, que vieron la luz posteriormente al largo de estudio y que son igualmente recomendables para aquel lector al que le hayan convencido estas líneas.
DIMLIM / CHEDOARA
Hay veces en las que uno se encuentra con joyas ocultas tras decenas de bandas con gran reconocimiento que, en muchas ocasiones, no alcanzamos a comprender su fama. Los que responden al nombre de DIMLIM con su CHEDOARA son un ejemplo de estas bandas pequeñas que tienen un gran potencial. Tristemente disueltos tras solamente cuatro años en activo, estos nipones tienen una puesta en escena de lo más rocambolesca —sí, incluso dentro de los estándares del visual kei— y un estilo musical que baila entre el deathcore, el metal alternativo, el jazz, el funk y el power metal. Una mezcla que a priori puede sonar extravagante, pero que a la hora de la verdad da con la nota —literal y metafóricamente—. La voz de Sho, el cual tiene una potencia en los agudos que asusta y un dominio del whistle scream y los guturales ininteligibles sorprendente, se asemeja por momentos a la del maestro Bruce Dickinson. De los esquemas de guitarras —más centrados en los punteos que en los contundentes riffs, pero no ausentes totalmente de estos segundos— cabe destacar que son tan desconcertantes como magnéticos. Cortes como Malformation o vanitas son un claro ejemplo de estos últimos comentarios.
Desde el punto de vista de la producción, el sonido de DIMLIM puede pecar de poco carismático, ya que cogen muchas referencias de grandes bandas como Iron Maiden o los absolutamente magistrales X JAPAN —unos de los fundadores del movimiento visual kei que tenemos entre manos—, pero cuenta con unos timbres de guitarra cristalinos y con mucho ataque realmente acertados —más habituales en el J-Rock que en el metal, pero igualmente estupendos—. Ni que decir tiene que CHEDOARA es un álbum tremendamente recomendable para aquellos que buscan un sonido menos grueso pero que son amantes de las técnicas vocales más extremas y melódicas a partes iguales.
MUCC / Kuchiki no Tou
Al igual que los anteriormente comentados the GazettE, la banda nacida en Ibaraki tiene un buen número de seguidores en los círculos visual kei y angura kei —variante de este primero con un enfoque más gótico y underground, palabra de la que proviene el término angura—. Con un enfoque centrado en los riffs y un sonido a medio camino entre el nu metal y el metal alternativo—mención especial a las guitarras de Miya, que cuentan con un timbre excelente y unos fraseos con mucho peso— en los que los filtros de voz hacen acto de presencia y complementan el contundente sonido de la banda, muchas veces cercano a aquella cumbre del nu metal que representaron los primeros álbumes de los americanos Korn allá por la década de los noventa, los nipones no solo consiguen resultar sorprendentes y pegadizos a más no poder, sino que firman uno de los álbumes más redondos que ha dado a luz la escena visual kei en el presente siglo.
En el ámbito vocal es necesario dedicar unas líneas a la profundidad sentimental, al fluir de las emociones, que es capaz de imprimir Tatsurō en todas y cada una de sus melodías. Escuchar 遺書 (Isho) y sus expresivos trémolos junto a la ira desgarradora del estribillo o 濁空 (Dakkū), que sumada a 誰も居ない家 (Daremo Inai Ie), con su rabia contenida por momentos y descontrolada por otros, es una verdadera delicia. Conseguir hacer fluir los estados de ánimo de los oyentes con tanta maestría no está al alcance de muchos vocalistas, y es que no es necesario presentar una explosión de complejas técnicas vocales y florituras o poner sobre la mesa un registro de cuatro octavas y un semitono como el de Ariana Grande para ser un cantante excelente. No todo es técnica, ni mucho menos. A veces, un poco de descontrol funciona mejor.
DIR EN GREY / UROBOROS
Junto con Yoshiki Hayashi, fundador y principal compositor de la mayoría de los temas de los anteriormente mencionados X JAPAN —además de ser, como curiosidad, productor de los primeros sencillos de la banda que tenemos entre manos ahora mismo—, puede que Kyō, frontman de DIR EN GREY, sea una de las estrellas de rock más reconocidas, mediáticas y camaleónicas de la escena visual kei. Siendo líder de otros proyectos paralelos muy interesantes, en el que nos centraremos hoy es en su primogénito, su joya de la corona. Con UROBOROS, DIR EN GREY alcanza una de las cumbres de su sonido, un avant-garde metal que tiende al metal progresivo y al deathcore con tantos matices que resultaría una tarea titánica el intentar enumerarlos siquiera, casi tanto como sería el querer abarcar en unas pocas líneas la versatilidad del registro de tenor ligero de Kyō, que no lo encorseta para nada en el apartado lírico, pues es muy capaz —como se puede escuchar en la majestuosa VINUSHKA— de moverse con gran acierto entre las secciones melódicas y las guturales.
Fuera de caer en los lugares comunes de la variante progresiva del metal: buscar la absoluta perfección técnica a costa de parte del alma del tema —sí, me refiero a bandas como los archiconocidos Dream Theater y a los despliegues técnicos de Petrucci y Portnoy, no me matéis—, las atmósferas que los de Osaka construyen en cada uno de los cortes del álbum son de lo más embriagadoras, llenas de emociones y con unas letras magníficas que se alinean a la perfección con lo transmitido por los instrumentos. En definitiva, este UROBOROS es un álbum absolutamente imprescindible para todo aquel que tenga gusto por las variantes más experimentales del metal y no le tenga miedo a los sonidos extraños y macabros y a las canciones de longitudes por encima de la media.
deadman / in the direction of sunrise and night light
Para ser sinceros, deadman no es una banda que se pueda englobar estrictamente dentro del género del metal, ya que sus fusiones e influencias se acercan más al rock gótico, al post-punk y al grunge más garajero; pero se ha colado en este listado debido a la particular dureza de sus guitarras, a las letras —predominantemente en japonés, como la mayor parte los temas que componen los álbumes que conforman esta selección— de temática oscura y opresiva y, por supuesto, por la carismática voz de Mako, que se pone a las espaldas el grueso de la fuerza e impacto de los temas aún sin ser un vocalista dotado de un gran instrumento. Si bien es cierto que los de Nagoya, los cuales son unos de los principales adalides del movimiento nagoya kei —al igual que el angura kei también deriva del visual kei—, han optado por un sonido menos majestuoso, el carisma de ese ambiente garajero particularmente bien mezclado hace destacar fácilmente a este álbum entre todos los sonidos clónicos que se suelen encontrar en la escena, especialmente en los círculos más mainstream.
Por último, no puedo cerrar esta entrada ni este listado sin dedicar unas líneas a la bella melancolía y cruda desesperación que envuelven al paisaje sonoro general del disco. Como guiando al oyente en esa dirección hacia el amanecer precedido de la serena luz nocturna que sugiere el título, las capas instrumentales —con la voz posicionada en un claro y nítido primer plano— y las decisiones de producción, timbres y efectos de sonido apoyan a la narrativa y puesta en escena, que resuena emocionalmente sin necesidad de comprender el significado de las palabras enunciadas. Ya que, lo que verdaderamente importa, es el lenguaje de las notas.






