Walk Up
Con una copa de vino

País: Corea del Sur
Año: 2022
Dirección: Hong Sang-soo
Guion: Hong Sang-soo
Título original: Walk Up / 탑
Género: Drama
Productora: Finecut, Jeonwonsa Film
Fotografía: Hong Sang-soo
Edición: Hong Sang-soo
Música: Hong Sang-soo
Reparto: Kwon Hae-hyo, Lee Hye-young, Song Seon-mi, Cho Yun-hee, Park Mi-so, Shin Seok-ho
Duración: 97 minutos
Festival de San Sebastián: Sección oficial (2022)

País: Corea del Sur
Año: 2022
Dirección: Hong Sang-soo
Guion: Hong Sang-soo
Título original: Walk Up / 탑
Género: Drama
Productora: Finecut, Jeonwonsa Film
Fotografía: Hong Sang-soo
Edición: Hong Sang-soo
Música: Hong Sang-soo
Reparto: Kwon Hae-hyo, Lee Hye-young, Song Seon-mi, Cho Yun-hee, Park Mi-so, Shin Seok-ho
Duración: 97 minutos
Festival de San Sebastián: Sección oficial (2022)

El irreductible Hong Sang-soo ofrece una película a la que se le leen todas sus inquietudes habituales, llena de diálogos, personajes ambiguos y trascendencia velada. Una nueva muestra de genio que oscila sobre la cotidianidad con sutileza.

Una cita con Hong Sang-soo no es algo que uno se deba tomar a la ligera. Por más que el prolífico cineasta sea capaz de entregar dos obras al año. De hecho, la filmografía del director coreano es una extensión de la propia vida en la que, pareciendo tocar siempre el mismo tema, en realidad es una exploración infinita hacia lo cotidiano, visto desde infinitos prismas que conectan de un modo terriblemente íntimo con aquellos que nos sentimos interpelados por su obra, ya sea en el aspecto más emocional como en el puramente cinematográfico. Porque Hong San-soo es un autor puro, con un imaginario definido y reconocible y una profundidad léxico-semántica que va mucho más allá del lenguaje habitual con el que se suele expresar el cine. Él rueda con un equipo reducido, en sus películas siempre hay borracheras y personas que fuman mucho, diálogos extensos que parecen no hablar de nada pero hablan de todo, y un concepto de la imagen y de la plasticidad muy concreto. La muestra nos la dan sus intérpretes: decía en rueda de prensa Kwon Hae-hyo, uno de los habituales del cine de Hong y protagonista de Walk Up, que «la clave es no preparar nada», refiriéndose a su trabajo como intérprete. El método de trabajo del coreano es poco usual: el escribe al día, tiene una serie de ideas y sensibilidades en la cabeza y les da forma en la noche previa al rodaje. Y justo cuando los actores llegan al set, reciben sus líneas. Y Walk Up no solo no es una película ajena a este método, sino que se palpa en cada plano y en cada tiro de cámara la personalidad y el temperamento de Hong, hasta el punto en el que se puede percibir cómo ha ido depurando su idiosincrasia hasta convertirla en el elemento más puro posible de sus inquietudes.

Una película de personajes y de espacios. Hong Sang-soo complementa cada hilo de la narración con variaciones casi imperceptibles.

La interacción del personaje de Kwon Hae-hyo con los demás se complementa con el concepto de la verticalidad.

Aquí, y en contraposición a la casi totalidad de su obra anterior y para sorpresa del respetable, no hay zooms imposibles, sino una sobriedad fílmica que quizá colisiona suavemente con ese montaje tan suyo lleno de elipsis y apócopes visuales. Lo que sí hay son enormes planos que encuentran en el diálogo la mayor de las armas; y en el encuadre, estático o en movimiento, un modo de aproximarse a la realidad interior de sus personajes. Pero por si algo brilla Walk Up, es por ese modo en que consigue integrar la verticalidad en el imaginario de una filmografía infinitamente consistente: un hombre va con su hija al encuentro de una antigua amiga que se dedica a la decoración de interiores. Allí, en un edificio de varias plantas que ella misma ha reformado, tendrán lugar una serie de encuentros separados en el tiempo en el que las personalidades de cada uno de ellos —y más personas que se unirán a la fiesta— irán variando a través de los espacios. Y de este modo, el espectador irá penetrando en las disonancias que siguen al interior de un hombre que a la primera es vegetariano y a la segunda come carne; que habla de Dios y de coches; que tiene varias caras y que nunca sabes si, realmente, sube o baja. La absoluta exquisitez de Walk Up pasa por asumir desde el primer minuto que la ambigüedad es la base de su tesis y que, como tal, debe ser abrazada del mismo modo que abrazamos nuestra propia ambigüedad. «En casa no es así», dice la hija del protagonista, «es completamente diferente, tú no lo conoces». La réplica: «¿y quién te dice que su personalidad de fuera no es su verdadera personalidad?». De este modo, Hong Sang-soo complementa cada hilo de la narración con variaciones casi imperceptibles, tales como pequeños cambios en el modo de encuadrar situaciones similares, o un lenguaje corporal inestable que depende mucho más de la impresión externa sobre el comportamiento de los personajes que de la propia realidad que expone.

Después de todo, el cine de Hong Sang-soo está en constante movimiento, hacia los márgenes, hacia los laterales y, en este caso, hacia arriba y hacia abajo. Las muchas caras de la persona se encuentran con las muchas maneras de mirarla, de entenderla y de interpretarla. Y en este caso en concreto, pasando por sus personajes cíclicos de naturaleza semiautobiográfica —él mismo comentaba en rueda de prensa que todos sus personajes masculinos tienen algo de su propia experiencia—, encontrar una explicación a la infinita transformación de la esencia humana está expuesto desde la duda y desde el equívoco, dando lugar a escenas bellísimas —como siempre en su cine, uno que encuentra un preciosismo muy concreto que se escurre entre los dedos, como evitando ser explícito— que se sostienen en el estatismo. Al final Walk Up se revela como una película de personajes, sí, pero también de espacios. En la que hay un sitio bien delimitado en el que nos podemos sentar a vivirla intensamente y desde lo personal, y otro más alejado desde el que mirarla con lejanía en los ojos, dejándonos llevar por sus diálogos de apariencia intrascendente pero terriblemente certeros. Por esos ríos de alcohol y nicotina —aunque en este caso no sea tanto soju, sino vino; y aunque él no recomiende verla ebrio— en los que siempre hay más contenido que continente. No hay nada como llegar a la sala oscura y que, con las luces, también se apaguen las ideas sobre lo blanco y lo negro. Y eso es algo que el cine de Hong Sang-soo en general, y Walk Up en particular, ofrece sin temor a los hábitos y los convencionalismos. 

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