Un año, una noche
Los recovecos del postrauma

País: España
Año: 2022
Dirección: Isaki Lacuesta
Guion: Isa Campo, Isaki Lacuesta, Fran Araújo (Libro: Ramón González)
Título original: Un año, una noche
Género: Drama
Productora: Mr. Fields and Friends, Bambú Producciones, La Termita Films, Noodles Production
Fotografía: Irina Lubtchansky
Edición: Sergi Dies, Fernando Franco
Música: Raül Refree
Reparto: Nahuel Pérez Biscayart, Noémie Merlant, Quim Gutiérrez, Alba Guilera, Natalia de Molina, C. Tangana, Enric Auquer, Blanca Apilánez, Bruno Todeschini, Sophie Broustal
Duración: 120 minutos
Berlinale: Sección oficial (2022)
Festival de San Sebastián: Perlak (2022)

País: España
Año: 2022
Dirección: Isaki Lacuesta
Guion: Isa Campo, Isaki Lacuesta, Fran Araújo (Libro: Ramón González)
Título original: Un año, una noche
Género: Drama
Productora: Mr. Fields and Friends, Bambú Producciones, La Termita Films, Noodles Production
Fotografía: Irina Lubtchansky
Edición: Sergi Dies, Fernando Franco
Música: Raül Refree
Reparto: Nahuel Pérez Biscayart, Noémie Merlant, Quim Gutiérrez, Alba Guilera, Natalia de Molina, C. Tangana, Enric Auquer, Blanca Apilánez, Bruno Todeschini, Sophie Broustal
Duración: 120 minutos
Berlinale: Sección oficial (2022)
Festival de San Sebastián: Perlak (2022)

Isaki Lacuesta, quien nos acostumbra a un hiperrealismo fiel en sus obras, salta hacia la adaptación de los relatos del atentado de Bataclan en una atrofiada narración cuya psicología intrapersonal es apabullante, pero no posee la fuerza que se le pide.

Demostrar que tu cine es fiel a lo hiperrealista —ya que en ponencia intenta alcanzar a lo auténtico, o más veraz— abarcando hechos que siguen pequeñas historias, ya fue demostrado por Isaki Lacuesta en sus aclamadas —y encadenadas— obras La leyenda del tiempo (Isaki Lacuesta, 2006) y Entre dos aguas (Isaki Lacuesta, 2018). Así que nos urgía la curiosidad de ver a este director adaptar otra obra ceñida a eventos reales, pero esta vez de enormes dimensiones: los atentados de 2015 en la sala Bataclan de París. En Un año, una noche se relatan las historias recogidas en la obra de Ramón González, uno de los supervivientes de la tragedia, un autor que traslada los testimonios de otras víctimas que estuvieron aquella noche del 13 de noviembre de 2015 en el concierto de Eagles of Death Metal. Relato que describe cómo fueron las horas de auténtico terror durante la masacre dentro del recinto y, en específico, describen cómo Ramón y su pareja tuvieron que lidiar con el dolor que suponía el estrés postraumático años después del suceso. Una historia que es digna de ser contada para la posterioridad y con la que Lacuesta se ha lanzado al riesgo de hablar de cosas sobre las que no son fáciles hablar.

Arriesga a todos los niveles para intentar hacer especial el relato de una tragedia, pero termina por caer en la farfullería melodramática y el misticismo desencajado.

Noémie Merlant protagoniza la obra junto a Nahuel Pérez Biscayart.

Pero cuando hablas de estas cosas, hay que tener mucho cuidado con no pecar con ciertas claves más que mascadas y agotadas por el paso del cine. Y en este caso Isaki, digno camarógrafo de los hechos que tienen que contarse, circunscribe la obra desde un punto que no se espera, desde un idealismo que no encaja y que le hacen caer sobre esos puntos negativos. El director gerundense arriesga a todos los niveles para intentar hacer especial el relato de una tragedia que marcó a tantas personas, pero termina por caer en la farfullería melodramática y el misticismo desencajado. Sí es cierto que su forma de tratar y adecuar la psicología de sus personajes —más en específico su estrés postraumático— es relativamente poderosa y la cámara juega un factor importantísimo a la hora de poner al espectador en el lugar del protagonista y hacerle comprender su perspectiva. Pero la narración es superflua e incluso irreal, y pese a la buena forma que tiene de saber trasladar las emociones de la pantalla a la butaca, la conexión entre ambos personajes protagonistas y el desenlace de la trama no hacen más que empeorar lo ya visto. Es una pena que ante esta oportunidad, a veces las decisiones no sean las más adecuadas, o las más justas para la ocasión, pero de lo que se habla aquí no es moco de pavo y el simple hecho de intentar ficcionar algo que es inficcionable ya lo hace todo más complejo. Cuando hablo de misticismo desencajado me refiero a esto mismo —en lo que no queremos profundizar por no hacer spoilers—, mientras que al indicar la farfullera melodramática, estamos señalando lo innecesario que resulta dar vueltas sobre una cosa que ya sabemos que es triste. Quizá esperábamos de este largometraje un nivel digno de saber analizar los sucesos y ser más terrenal a la hora de contar las cosas y, por una parte esto casi se consigue con la psicología que maneja el filme, pero cuando lo intrapersonal se encuentra con lo interpersonal, ya es donde la última obra de Lacuesta se pierde entre los recovecos del postrauma.

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