The Fallout
Lo de detrás de la puerta

País: Estados Unidos
Año: 2021
Dirección: Megan Park
Guion: Megan Park
Título original: The Fallout
Género: Drama
Productora: SSS Entertainment, 828 Productions, Buffalo 8 Productions
Fotografía: Kristen Correll
Edición: Jennifer Lee
Música: Finneas O'Connell
Reparto: Jenna Ortega, Maddie Ziegler, Julie Bowen, John Ortiz, Niles Fitch, Will Ropp, Austin Zajur, Yindra Zayas, Shailene Woodley, Lumi Pollack
Duración: 92 minutos

País: Estados Unidos
Año: 2021
Dirección: Megan Park
Guion: Megan Park
Título original: The Fallout
Género: Drama
Productora: SSS Entertainment, 828 Productions, Buffalo 8 Productions
Fotografía: Kristen Correll
Edición: Jennifer Lee
Música: Finneas O'Connell
Reparto: Jenna Ortega, Maddie Ziegler, Julie Bowen, John Ortiz, Niles Fitch, Will Ropp, Austin Zajur, Yindra Zayas, Shailene Woodley, Lumi Pollack
Duración: 92 minutos

Evitando sumergirse en el morbo ni en el impacto vacío de contenido, Megan Park logra con su debut en el largometraje algo improbable: explorar la terrible realidad de los tiroteos en centros escolares sin artificio y con verdadera sensibilidad.

Detrás de una puerta del baño de un instituto cualquiera, los disparos de un rifle de asalto suenan como bombas atómicas. Cabe la posibilidad de que suenen tan alto, tan destructores y tan atemorizantes que todo lo que hay alrededor se detenga, se convierta en un hilo de consciencia y deje la realidad en segundo plano. La realidad que no son las explosiones de pólvora y el miedo atroz, por supuesto. El último mensaje que ha salido del teléfono móvil, el tacto de las lágrimas bajando por la mejilla, eso sí existe. Detrás de la puerta de ese baño puede crearse un big bang que funcione como una creación y también una destrucción, como un cosmos completo que dará sentido a todo lo que ocurra una vez que los estallidos retumbantes se detengan. Una vez que el silencio deje paso a la duda y el dolor, o al vacío. Es terrible pensar en que al otro lado de la puerta el mundo conocido se está viniendo abajo. Y hay que tener una mirada magnífica y sensible para ser capaz de mantener la cámara en el interior y no sentirse tentado por la llamada del morbo y la sangre. Detrás de esa puerta. Megan Park no necesita describir mucho más, solo quedarse dentro de ese diminuto cuarto de baño, y también de las personas que tuvieron que escuchar el infierno cuando no tocaba.

Atesora un cine íntimo que interpela directamente, que articula un discurso bellísimo sin necesidad de vociferar ningún manifiesto.

Con The Fallout (2021), Park logra entregar una pieza audiovisual muy certera, estilizada y sobria sobre ese infinito problema que arrastra EE. UU. —a modo de dato y para poner en contexto, solo en 2021 se han documentado 202 incidentes con armas de fuego en centros escolares, arrojando las estremecedoras cifras de 49 muertos y 126 heridos[1]—. Sobre los tiroteos indiscriminados, sobre el acceso a las armas, sobre las matanzas que ocurren con esa frecuencia imposible. Y la mejor de sus bazas es que consigue hacerlo desde el respeto y el enfoque hacia los supervivientes. Después de todo, las experiencias traumáticas tienen la capacidad de reconducir a uno mismo hacia nuevos horizontes, y son los vivos los que lidian con ellas, a pesar de que sean otros los que se han ido de golpe. Los que deben preguntarse «por qué» o «por qué yo sigo aquí». Y Megan Park, con un pulso sensible y oculto, atestigua colocándose en sitios recónditos donde nadie mira, solo para recoger un trocito de verdad con su cámara en los ojos de una Jenna Ortega que aquí demuestra que sí, que puede componer a una gran scream queen, pero también que tiene un talento y una delicadeza innata para entregar un abanico emocional amplísimo sin apenas pestañear un par de veces. The Fallout sigue de cerca a esa joven, una de las que estaban detrás de la puerta y que ahora no sabe si lo que siente es legítimo, si sus dudas de adolescente tienen algo que ver con las dudas que siguieron a la muerte. Porque si hay algo que Park ha entendido a la perfección y ha sabido representar con gran sentido de la sinceridad es que estos supervivientes no son soldados —esa sería otra película distinta—, sino jóvenes que aún no han alcanzado la mayoría de edad y que tendrán que luchar con los amoríos, con los estudios, con la agenda social y también con la muerte, la pérdida, la ira y la tristeza.

Logra entrar en el mundo de las emociones puras sin montar un despropósito edulcorado y manipulador —algo mucho más habitual de lo que parece en películas menores, que con un par de canciones tristes y alguna lágrima del todo a cien ya creen haber encontrado el drama—, acercándose a sus personajes poco a poco y revelando pequeñas partes de sí mismos tanto desde la corporalidad como desde la verbalización no invasiva, dejando espacio para que la narrativa se expanda y encuentre su lugar sin caer en subrayados infantiles o un alegato político que tome por asalto la primera línea del relato y expulse toda la sensibilidad y maravillosa muestra de humanidad que vibra con cada plano de la película. En realidad, cada minuto de The Fallout me hacía pensar que ofrece un punto de vista que enseña la otra cara de la moneda que jugaba Justin Kurzel con su también inmensa Nitram (2021), alternando verdugo una y víctima la otra, pero evitando en ambos casos la deshumanización o estigmatización que atiende a variables estereotípicas o sentimientos propios de los lugares comunes. Levantando un díptico involuntario, que por contraposición resalta la miseria desde lo sensorial, manteniendo lejos cualquier carnicería morbosa para únicamente dejar espacio a las personas. 

La fuerza en el relato de Park descansa, precisamente, en el hecho de que en su búsqueda narrativa no se abandona a una exposición moralizante ni usa para ello a personajes absolutos de actitud intachable, sino que da con criaturas hijas de su tiempo que dota de humanidad, de recursos y de verdadera identidad. Solo echando un vistazo a cómo introduce el uso de las redes sociales o la búsqueda fluida de la personalidad tan propia de lo contemporáneo podemos localizar ese destello de verdad, de realismo que encuentra su dramaturgia sin sacrificar la sustantividad por el camino. Lejos de esbozar el estereotípico joven repelente que vive para TikTok y demás artefactos y que únicamente se define en base a esta interacción tecnológica, The Fallout sabe exactamente cómo dotar a esos mismos jóvenes de su propia idiosincrasia: sí, intercambian sentires con sus compañeros a través de la pantalla de un móvil, pero lejos de dejarlos clavados en un dibujo absurdo y reduccionista que les quita, mediante el masivo uso de la tokenización, toda individualidad, explota el sentimiento generacional de pertenencia desde un precioso momento comunitario. Y en este contexto, Megan Park crea esa interrelación, entre la pérdida y el futuro, entre la necesidad de esculpir una identidad en un mundo extraño y la realidad de vivir el trauma sin haber aprendido siquiera en qué dirección está la vida. The Fallout atesora un cine íntimo que interpela directamente, que articula un discurso bellísimo sin necesidad de vociferar ningún manifiesto. Que se asoma a lo de detrás de la puerta con palabras llanas e imágenes claras.


  1. Tiroteos en las escuelas de EE.UU. de los últimos años. (2022, 26 mayo). RTVE.es. https://www.rtve.es/noticias/20220525/tiroteos-escuelas-estados-unidos/2351205.shtml[]
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