The Expanse
| Triunfando donde Star Wars fracasó

País: Estados Unidos
Año: 2015
Guion: Mark Fergus, Hawk Ostby, Daniel Abraham, Ty Franck, Jason Ning, Naren Shankar, Dan Nowak, Alan DiFiore, Hallie Lambert, Georgia Lee, Robin Veith
Creación: Mark Fergus, Hawk Ostby
Título original: The Expanse
Género: Serie de TV, Ciencia ficción, Intriga, Thriller
Productora: Alcon Entertainment, Sean Daniel Company
Fotografía: Jeremy Benning, Michael Galbraith, Ray Dumas
Música: Clinton Shorter
Reparto: Steven Strait, Thomas Jane, Shohreh Aghdashloo, Wes Chatham, Athena Karkanis, Dominique Tipper, Cas Anvar, Drew Carrymore, Chad Coleman, Kevin Hanchard, Michael Murray, Sara Mitich, Jane Moffat

País: Estados Unidos
Año: 2015
Guion: Mark Fergus, Hawk Ostby, Daniel Abraham, Ty Franck, Jason Ning, Naren Shankar, Dan Nowak, Alan DiFiore, Hallie Lambert, Georgia Lee, Robin Veith
Creación: Mark Fergus, Hawk Ostby
Título original: The Expanse
Género: Serie de TV, Ciencia ficción, Intriga, Thriller
Productora: Alcon Entertainment, Sean Daniel Company
Fotografía: Jeremy Benning, Michael Galbraith, Ray Dumas
Música: Clinton Shorter
Reparto: Steven Strait, Thomas Jane, Shohreh Aghdashloo, Wes Chatham, Athena Karkanis, Dominique Tipper, Cas Anvar, Drew Carrymore, Chad Coleman, Kevin Hanchard, Michael Murray, Sara Mitich, Jane Moffat

La serie de culto de ciencia ficción, creada por Mark Fergus y Hawk Ostby sobre la obra de James S. A. Corey, logra lo que otras franquicias no han sabido hacer: adaptar el subgénero de la aventura espacial a temáticas adultas e ideas complejas.

Al igual que el cine negro o el wéstern, la ciencia ficción es un género que no es ajeno a su constante necesidad de crecer y reinventarse a sí mismo, tanto para adaptarse a los nuevos tiempos como para seguir siendo interesante a un público que a lo largo de su vida descubre nuevas inquietudes y preferencias. Aunque la ciencia ficción es, por antonomasia, enormemente proclive a la experimentación y a intentar cosas nuevas, también hablamos de un género en que dar con la tecla de lo que funciona a nivel narrativo, temático y comercial se ha demostrado más difícil que con otros. De entre todos los subgéneros englobados en la ciencia ficción, la space opera o aventuras de viajes espaciales es quizá el que más complicado lo ha tenido para dejar atrás su infancia y tratar temas de cierta densidad llegando por lo tanto a un público adulto. El éxito, contra todos los pronósticos, de The Expanse en lograr precisamente esto es, sin duda, lo que hace de esta serie un referente de la ciencia ficción contemporánea.

La serie nos ubica en un futuro en el que la humanidad se ha extendido por el sistema solar, ocupando Marte (que ahora es una superpotencia independiente de la Tierra y de ideología hipermilitarista) y el cinturón de asteroides (una serie de colonias donde las personas más pobres de la galaxia trabajan extrayendo minerales para la Tierra y Marte a cambio de unos sueldos miserables y en condiciones terribles) mientras las tensiones diplomáticas entre estos tres actores no dejan de crecer debido a la creciente escasez de recursos como agua potable, comida o tierra fértil. En este delicado contexto político, un grupo de viajeros espaciales capitaneados por el capitán James Holden descubren por casualidad una conspiración en torno a la «protomolécula», una recién descubierta tecnología alienígena que podría alterar el equilibrio de poderes en toda la galaxia pero también poner en riesgo su propia existencia. A bordo de una nave de guerra robada, la Rocinante (en un guiño a la obra de Cervantes que sacará una sonrisa a cualquier hispanohablante), Holden y su variopinta tripulación formada por marcianos, terrícolas y cinturonianos, se embarcará en un trepidante viaje espacial para descubrir los secretos detrás de esta tecnología y evitar que su uso inadecuado propicie el colapso de la humanidad. Casi tan interesante como su argumento, sin embargo, es la historia de la propia serie: lanzada originalmente en el canal temático Syfy, la serie duró tres temporadas en las que disfruto de críticas enormemente positivas pero índices de audiencias modestos que llevaron a su cancelación en 2018. Afortunadamente, sería Amazon quien le diera una segunda vida en su servicio de streaming (según algunas fuentes, debido, en parte, al hecho de que el propio Jeff Bezos es un gran fan de la serie) estrenando otras tres temporadas que culminarían en 2022 con la emisión de la sexta y última (de momento) temporada de la serie.

Entre las grandes virtudes de la serie encontramos la de saber mezclar un argumento de aventura espacial con un tono serio y adulto.

Hablamos, por lo tanto, de una producción televisiva que si bien no funcionó particularmente bien enganchando a las grandes audiencias, sí logró un éxito considerable entre los fans más incondicionales de la ciencia ficción y se consagró como una de las series del género mejor valoradas por la crítica de los últimos años. ¿Pero qué es lo que hace a The Expanse una serie tan especial? Para entenderlo, es imprescindible ponerla en el contexto de la ciencia ficción actual. Otras sagas clásicas del subgénero space opera como Star Wars o Star Trek han tratado en los últimos tiempos de reinventarse para tratar temas más adultos y adquirir mayor relevancia en el panorama actual, pero por desgracia estos intentos han chocado frontalmente con la propia identidad de estos productos, lo que a la larga ha terminado acarreando que estas producciones no logren contentar a ninguno de los dos públicos a los que aspiran satisfacer, sintiéndose demasiado serias para ser un mero divertimento pero demasiado superficiales para ser tomadas en serio.

En el caso de Star Wars, el giro (infructuoso) hacia una ciencia ficción más realista y dramática coincide casi en el tiempo con su adquisición por parte de Disney. Películas como Star Wars: Los últimos Jedi (Rian Jonson, 2017) recogen los muy sencillos temas políticos de la obra original (antitotalitarismo mezclado con un poco de liberalismo clásico) y trata de transformarlos en uno de los ejes de la película llevándonos a lugares como la lucha de clases y las diferencias entre ricos y pobres en la galaxia, la deconstrucción de los roles de género o incluso las tensiones raciales en el universo Star Wars, al tiempo que el tono general de la obra adquiere unos matices más realistas, hablándonos por primera vez de cuestiones como estrategias militares o mostrando las consecuencias de la guerra de manera más cruda. El problema surge cuando todos estos elementos han de convivir de forma natural con una película que también busca un tono fantástico de entretenimiento ligero para todas las edades, lo que termina implicando la necesidad de hipersimplificar hasta el extremo todos estos temas hasta convertirlos en poco más que una parodia de sí mismos que ningún espectador adulto puede tomarse realmente en serio (mensajes políticos que terminan sintiéndose pedestres y genéricos, personajes actuando de forma inconsistente por las exigencias de un guion contradictorio, etc.) al tiempo que ahoga la diversión pura y dura que el público de masas demanda de una película así. Algo similar parece haberle ocurrido a Star Trek, que con sus recientes adaptaciones televisivas busca darle a la franquicia un tono más oscuro y adulto, chocando con el disgusto tanto de los fans de toda la vida, que ven en estos nuevos productos una traición al idealismo y optimismo de las producciones originales, como en los potenciales nuevos espectadores, que tras todas estas ambiciones no evitan reconocer a una serie infantil tratando de hacerse pasar por adulta.

La tripulación de la Rocinante nos regala a lo largo de la serie momentos entrañables de compañerismo y hermandad.

Es precisamente cuando uno es consciente de lo difícil que es construir una space opera que funcione a la vez como un divertimento de acción y aventuras y como un vehículo para que sus creadores puedan explorar ideas provocativas y profundas cuando uno entiende el milagro que supone la existencia de The Expanse. Cuando el público dice estar harto de cuestiones como la «inclusión de política» o de «diversidad forzada» en el cine y la TV, no requiere ser un genio para entender que lo que realmente se está criticando es que tales cosas se introduzcan de una forma mediocre, hipersimplificada y, en última instancia, interesada por parte de los productores para, por un lado, usar estos temas como escudo ante cualquier tipo de crítica constructiva hacia la calidad artística de su producción y, por otro, ampliar la posible base de potenciales consumidores. Es por ello que esas mismas cuestiones que, comprensiblemente, son vistas por muchos como un demérito, pueden perfectamente ser transformadas en una de las grandes virtudes si se aplican de forma tal que estén al servicio de la historia que se quiere contar y aporten a la misma, cosa que The Expanse logra con creces.

Un referente de la ciencia ficción contemporánea, una serie que evita hipersimplificaciones y narrativas de «buenos contra malos».

De esta forma, el mundo que se nos describe en esta serie es uno formado por tres pueblos diferentes que están en constante enfrentamiento: los terrícolas, el pueblo más civilizado y pacífico pero también el más arrogante, dominando la galaxia; Marte, la colonia independizada de la tierra, totalitaria e hipermilitarizada y esperando su momento para convertirse en la nueva superpotencia del sistema; y los habitantes del Cinturón de Asteroides, llenos de odio y resentimiento contra los dos grandes planetas, condenados a la explotación y ansiosos por vengarse. A poco que se sepa de historia se reconocerá aquí un paralelismo con los tres grandes bloques de la Guerra Fría: el primer mundo o bloque occidental, el segundo mundo o bloque comunista y el tercer mundo o bloque de países no alineados. No obstante, The Expanse evita hipersimplificaciones y nunca veremos una narrativa de «buenos contra malos» como ya hemos visto en otras producciones similares. En su lugar, veremos el punto de vista de cada uno de los tres bandos, entendiendo mejor sus motivaciones, sin nunca llegar a juzgar a ninguno de ellos y entendiendo que todos tienen luces y sombras. La Tierra, gobernando de forma despótica sobre el resto del sistema pero a la vez expuesta a los habitantes del espacio, ansiosos por arrebatar sus preciados recursos naturales (agua potable, oxígeno, tierra fértil) a la mínima ocasión y usando la violencia si es preciso; Marte, una dictadura militarista autoritaria pero a la vez idealista que busca la ocasión de darle a la humanidad una nueva oportunidad en el plantea rojo; y el Cinturón, tan oprimidos durante generaciones que no tienen ningún reparo en colaborar con terroristas y de atacar a población inocente de la Tierra o Marte en su constante lucha por la libertad.

Los guionistas de la serie no dudan en abordar temas políticos, como los peligros de los líderes populistas aprovechándose del resentimiento de los más oprimidos.

En una época de triunfo de las ideologías identitarias como la nuestra, The Expanse se atreve (quizá gracias a las propias experiencias del guionista principal de la serie Naren Shankar como inmigrante en EE. UU.) a deconstruirlas y a ensalzar, en su lugar, la relevancia del individuo como dueño de sus principios. Es así que en el mundo que nos propone The Expanse (regido por el tribalismo y la hostilidad) los protagonistas, los cuales provienen de todos los rincones del sistema solar, ponen de lado sus diferencias para colaborar en base a unos principios comunes básicos. Es así que la serie utiliza la premisa de la ciencia ficción para exponer como el camino del antagonismo es uno muy corto que no termina llevando a ningún lado y que el futuro de la humanidad depende de la hermandad. La serie aborda así cuestiones relativamente complejas como el conflicto entre ricos y pobres o los riesgos de la xenofóbia desde una posición que no busca emitir sentencias absolutas o moralina genérica, sino que es consciente de lo difícil que en ocasiones puede ser diferenciar entre buenos y malos. De esta forma, los creadores de The Expanse son lo suficientemente hábiles como para mostrarnos las diferentes caras de cada personaje y así entender sus motivaciones. De esta manera, un personaje que en un momento puede parecernos cruel o maquiavélico, en otro momento puede demostrar toda su humanidad, abriendo por lo tanto la puerta a unos interesantísimos arcos de evolución de los personajes, que a lo largo de las temporadas se transforman de una forma tan coherente como entretenida. Quizá el mayor ejemplo de esto sea el personaje de Chrisjen Abasarala, la líder política de la Tierra, que a lo largo de las seis temporadas de la serie pasa de ser una dama de hierro implacable a convertirse en una líder mucho más humana y pacífica. Estas evoluciones de los personajes brillan precisamente porque no se quedan reducidas a momentos puntuales destinados a lograr el impacto fácil, sino que se van construyendo a través de los episodios de manera sutil.

Pero por otro lado, la serie no dudará también en regalarnos a villanos absolutamente memorables, como es el caso de Marco Inaros, un luchador por la libertad de los cinturonianos que iniciará una campaña de crueles ataques terroristas contra la población civil de la Tierra y Marte ganándose así el apoyo de la mayor parte de su pueblo. Es de destacar aquí la forma hábil en que la serie logra transformar a los cinturonianos, el pueblo que durante las primeras temporadas hemos visto enormemente oprimido, convertirse en las temporadas finales en el opresor, envenenado por su comprensible pero violenta sed de venganza, y a la vez siendo utilizado por un individuo manipulador como Inaros en su propio beneficio. De esta forma, la serie reflexiona también sobre el peligro que suponen líderes populistas carismáticos que se aprovechen de las injusticias cometidas contra un colectivo para fanatizarlo y manejarlo a su antojo y en pos de sus propios intereses personales.

The Expanse sabe construir personajes interesantes con conflictos complejos.

Los temas de la serie, además de en sus antagonistas, se abordarán mediante sus protagonistas. Como ya habíamos mencionado, un grupo de viajeros espaciales de diferentes orígenes (en ocasiones antagónicos) que ponen sus diferencias a un lado para proteger a la humanidad de una amenaza galáctica desconocida. La serie logra combinar en un equilibrio perfecto una trama de ciencia ficción llena de tensión, de conceptos intelectualmente provocativos y de giros inesperados con un desarrollo de personajes sublimes, en el que paulatinamente veremos como entre nuestro grupo protagonista se forman unos lazos de hermandad inquebrantables y cómo, poco a poco, se van haciendo más emocionalmente vulnerables. La serie sabe cuándo detenerse para dar a sus personajes tiempo para respirar, para explorar sus conflictos personales y su desarrollo emocional, ofreciendo un crecimiento personal que los hace sorprendentemente tridimensionales. Destacan así personajes como Josephus Miller, un veterano y cínico detective cinturoniano que a lo largo de la serie recupera su idealismo de juventud, Amos Burton, un mecánico con un pasado como mercenario y criminal que aprende a confiar en otras personas o Roberta Draper, una patriótica militar de Marte que tras ser traicionada por su propio gobierno ha de enfrentarse a la reconstrucción de todo lo que creía saber sobre el mundo. Al tiempo que estos personajes se enfrentan a conflictos propios de la ciencia ficción como batallas espaciales o invasiones alienígenas, también han de plantar cara a otras cuestiones mucho más terrenales, como la oscuridad de la naturaleza humana, la xenofobia o sus propios traumas personales.

Es por todo esto que hace unos párrafos comparábamos esta serie con las producciones más recientes de franquicias como Star Wars o Star Trek, que también han tratado de combinar estos dos registros (ciencia ficción de aventuras con temas más realistas y adultos) pero por lo general fracasando de forma evidente al no saber qué hacer con ninguno de los dos. En ocasiones, parece como si la propia The Expanse quisiera dejar en evidencia a estas otras franquicias a base a volver a visitar aquellos momentos en que fracasaron de una forma particularmente relevante para reinterpretarlos de una forma mucho más competente. Por poner un ejemplo, todo lector recordará el infame momento de Star Wars: Los últimos Jedi en el cual Kylo Ren ataca la nave en la que viaja su propia madre, Leia Organa (o Leia Skywalker para los fans más puristas). Lo que sin duda Rian Jonson planteó como uno de los momentos dramáticamente cumbre de su película (y que hemos de admitir, sobre el papel es una idea excelente) se resolvió de la forma más anticlimática posible, con el ya infame momento Mary Poppins, el cual generó una ola de memes a los que Disney solo supo responder disparando las típicas contramedidas de relaciones públicas y acusando de fans tóxicos a cualquiera que osara criticarlo. Pues bien, en la sexta temporada de The Expanse se da una subtrama muy similar, dos personajes principales, una madre y su hijo, terminan en bandos opuestos de la guerra y, por avatares del destino, las dos naves en las que viajan entran en combate. Si bien el planteamiento inicial de este conflicto es parecido (una madre y un hijo a punto de aniquilarse mutuamente de una forma aparentemente inexorable), la forma en que la serie lo resuelve (que no describiremos para evitar spoilers) ofrece una conclusión que no solo es satisfactoria desde el punto de vista dramático (llegando incluso a establecer conflictos posteriores que enriquecerán la trama más adelante al mostrarnos no únicamente los momentos más excitantes del combate espacial, sino también las secuelas humanas y personales de tales conflictos), sino que además no rompe el tono serio que se ha construido previamente.

Uno de los aspectos más interesantes de la serie es su atención al detalle y su verosimilitud científica.

Este es únicamente uno de los muchos momentos en que The Expanse acierta a la hora de recoger el testigo de otras series como Galáctica: Estrella de Combate (Ronald D. Moore, Glen A. Larson, 2004) o incluso películas como Interstellar (Christopher Nolan, 2014), de ser esa serie de aventura espacial adulta, realista y seria que las nuevas versiones de Star Wars o Star Trek no han sabido ser. Por otro lado, tal como antes mencionamos, uno de los puntos donde The Expanse brilla es en el uso de la diversidad con fines narrativos: la historia nos ubica en un futuro en que una sociedad humana globalizada ha ocupado las estrellas, lo cual hace evidente que el casting ha de ser lo más étnicamente diverso posible (cosa que la serie cumple), pero además de ello, utiliza la mezcla de diferentes culturas, lenguas e identidades para reforzar el propio universo que está construyendo. Así, vemos como los pobladores del cinturón, por ejemplo, han desarrollado su propio dialecto, que contiene una mezcla de palabras de diferentes lenguas combinadas con neologismos, mientras que, debido a la obligatoriedad del servicio militar en Marte, los habitantes del planeta rojo acostumbran a vestir ropas que simulan uniformes hasta en los casos de civiles. Incluso aspectos tan nimios como los tatuajes son diferentes según el origen de cada personaje. Es así que, por lo tanto, la diversidad en el casting responde a la necesidad narrativa de mostrar sociedades futuristas heterogéneas con sus propias realidades socioculturales.

Por otro lado (y si bien esto no es algo que sea una condición sine qua non para considerar a una serie de ciencia ficción buena) es de destacar la precisión científica de The Expanse. La serie muestra un respeto de lo más escrupuloso con cualquier aspecto científico, tratando de hacer su universo lo más realista y verosímil posible. Así, en numerosas ocasiones veremos las dificultades de maniobrar naves en espacios tridimensionales, de vivir sin gravedad o de usar tecnologías que permiten desplazarse a altas velocidades. Igualmente, esto es aprovechado por la serie para exponer los dilemas éticos que supone el avance tecnológico, como el uso de dichas tecnologías para oprimir a quienes no las dominan por parte de quienes sí las tienen o la creciente necesidad de extraer materias primas y explotar nuevos planetas para seguir alimentando este crecimiento (con todos sus problemas inherentes, desde la necesidad de colonizar nuevos territorios por parte de los humanos en condiciones en ocasiones terribles hasta las injustas relaciones de poder derivadas de ello). Ver cómo las naves necesitan aprovechar la energía gravitatoria de planetas y meteoritos para llegar a sus destinos lo más rápido posible, cómo las tripulaciones han de desplazarse en gravedad cero o cómo las armas y los diferentes sistemas tecnológicos tienen tanto sus aspectos positivos como sus limitaciones técnicas explicadas de tal manera que la tecnología futurista de la serie nunca se siente como si fuera magia hará las delicias de todo amante de la ciencia ficción dura.

Con el fin de la sexta temporada y la decisión de Amazon de cancelar la serie y no adaptar el último libro de James S. A. Corey en el cual se basa la serie, The Expanse llega a un quizá demasiado abrupto final que supone, sin duda, una nota amarga para los fans de la ciencia ficción, pues significa decirle adiós a una de las mejores series del género de la última década. La idea de una aventura espacial que respetara a su público con tramas serias, temas adultos y personajes complejos quizá no encaja con lo que gran parte del público actual busca, y puede que su fracaso a la hora de atraer grandes audiencias hable peor de dichas audiencias que de la serie en sí, pero como Dr. Seuss dijo una vez, «no llores porque se haya terminado, sonríe porque ha pasado», y a pesar de que (salvo milagro de última hora) hoy hablemos de una serie que ha llegado a su fin antes de tiempo, la Rocinante ya surca las páginas de la historia de los grandes iconos de la aventura espacial.

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