The Batman
| Ser la oscuridad

País: Estados Unidos
Año: 2022
Dirección: Matt Reeves
Guion: Matt Reeves, Peter Craig
Título original: The Batman
Género: Thriller, Acción, Intriga, Drama
Productora: Warner Bros., DC Entertainment, 6th & Idaho Productions
Fotografía: Greig Fraser
Edición: William Hoy, Tyler Nelson
Música: Michael Giacchino
Reparto: Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Paul Dano, Andy Serkis, Colin Farrell, Jeffrey Wright, Peter Sarsgaard, John Turturro, Jayme Lawson, Con O'Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald
Duración: 175 minutos

País: Estados Unidos
Año: 2022
Dirección: Matt Reeves
Guion: Matt Reeves, Peter Craig
Título original: The Batman
Género: Thriller, Acción, Intriga, Drama
Productora: Warner Bros., DC Entertainment, 6th & Idaho Productions
Fotografía: Greig Fraser
Edición: William Hoy, Tyler Nelson
Música: Michael Giacchino
Reparto: Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Paul Dano, Andy Serkis, Colin Farrell, Jeffrey Wright, Peter Sarsgaard, John Turturro, Jayme Lawson, Con O'Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald
Duración: 175 minutos

El concepto de hombre murciélago de Reeves baja hacia lo más profundo de las calles de Gotham para humanizar el rol del héroe. Una lectura noir sobre un personaje tan revisitado en la historia del cine que significa un cambio de paradigma en su totalidad.

Comenzar una película es tan vital como continuarla. Es así que desde su primer minuto, lo que nace en la oscuridad de las calles de Gotham se percibe a través de la vista móvil de unos prismáticos. Con una sencilla anotación, ya podemos ver cómo la lectura de un largometraje, y las referencias esenciales y simplistas que toma, pueden hablar mucho más de la película que la película en sí. Si echamos la vista hacia atrás en la historia del cine, recordamos que otro de los largometrajes amparados por la vista circular de unos prismáticos se ubica en La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954), y vemos en esencia cómo el largometraje de Matt Reeves ya tiene la base en el suspense más primario. Porque sí, sin desvelar mucho del filme (del que obviaremos la sinopsis por lo mismo), vemos como el constructo de Batman pasa a un cambio de paradigma del que no se tenían registros previos: un Batman que procede del cine noir posmoderno, en el que se encuentran referencias de los padres del thriller actual y sobre el que, además, sucumben los pesares más humanos de una sociedad carcomida. Una renovación en todas sus lecturas.

Seguidamente a esta escena donde nos ponemos en el ojo del villano a punto de cometer el crimen, comienza una de las presentaciones más brutales que ha tenido nunca el hombre murciélago. Matt Reeves ejecuta mediante el uso de la voz en off de un Robert Pattinson absolutamente arrebatador cuál va a ser la esencia de su Batman: un ser oscuro, que divaga por las calles de Gotham en busca de los vándalos y que siente una resignación nacida de la venganza (y menos próxima al sentido de justicia, que también) que le lleva a no saber discernir si lo que hace es el bien o el mal. En forma de un concepto omnipresente, el crimen huye de un ser que, sin estar, pero también estando, atemoriza con el simple hecho de que su señal se encuentre en el cielo. «Creen que me escondo en las sombras, pero yo soy las sombras», menciona en su argumento inicial Robert Pattinson, siendo esta la oscuridad que le ayuda a atrapar al mal, pero que también lo atrapa a él. El Batman más psicológico y menos heroico, una ciudad de Gotham más compleja, y no solo siendo el útil de campo de acción. Acción que recurre no tanto a la voluptuosidad como sí al misterio, aunque con la capacidad de aplicarse con escenas más movidas dentro de una ratio donde el largometraje es menos ágil y más pesado, en común, y que no solo se aísla en escenas sueltas con momentos estelares —siendo ejemplo actual de ello todas las películas de superhéroes—.

Poniéndole la guinda a la primera toma de contacto con este Batman, Bruce Wayne se monta en su moto y mediante planos fijos dentro del vehículo, ahora son las calles de la ciudad de Gotham las que se presentan al espectador, mientras de fondo suena el profundo temazo de Something In The Way de Nirvana. Y es que con poco más de veinte minutos, de un largometraje de casi tres horas, ya se puede percibir que si las cosas se plantean y se escriben con calma y seriedad, todo puede salir mucho mejor. Y este principio de la nueva película sobre el hombre murciélago ya hace que continuar sea mucho más fácil, aunque no por ello también sirva para acabar —pero de eso hablaremos luego—. Entonces, y para pasar ahora a los aspectos más técnicos, podemos mencionar que argumentalmente lo nuevo de Reeves posee una de las horas y media más sólidas de lo que llevamos de cine de 2022, donde el nivel no baja en ningún momento y donde la inmersión del espectador dentro de la historia es algo tácito.

Hablamos ahora de la estética de The Batman. Y es que el gran trabajo que hacen todos los departamentos en este caso es abrumador. Desde el diseño de producción y la selección de los lugares de grabación, retomando en esencia una Gotham más cercana a la metrópolis realista y menos a la ciudad ensoñada. Lugar donde la noche y la lluvia son el principal recurso identificativo y natural, que ayudan también a lo que en esencia se parece cada vez menos a una película de acción y más de detenimiento, de thriller denso que habla también con su contexto y con las cosas que a primera vista no se perciben del todo. Detalles que solo alimentan la oscuridad del relato, que en ocasiones maman del noir posmoderno y que tienen equiparaciones con películas como Zodiac (David Fincher, 2007) o Seven (Se7en) (David Fincher, 1995). Además, para potenciar la esencia de la pesadumbre en el Batman de Pattinson, la estética gótica es otro paso más dentro del diseño de arte. Por ejemplo, la mansión de Bruce parece ser el palacio de un vampiro rumano del siglo XVI frente a los toque modernistas que le han dado en las últimas entregas. En definitiva, la pesadez visual se transmite, la tristeza y el temor de un héroe que ha pasado a ser más humano que héroe se encuentran en cada parte de la iluminación, en cada sombra y en cada plano. Planos que tampoco serían lo mismo sin una cámara que supiera captar el cómo: Greig Fraser es el encargado de ello y lo hace de la mejor de las formas. Sabiendo el sentido de la acción e identificando los principales recursos de los que acabamos de hablar, este director de fotografía ha entendido de qué manera ubicar la lente, de cómo manejar la velocidad de los planos y, sobre todo, de como innovar con recursos peculiares, que no cabrían en otro tipo de películas. Desde voltear la cámara en una de las escenas más llamativas dentro de la acción, hasta hacer una vista cenital de una escena que tendría que ser en primer plano, o de cómo usando la luz de las ametralladoras, encaja cada puñetazo del hombre murciélago en la oscuridad: nadie va a poder negar que el trabajo de este departamento es impecable. Es un deleite del que no solo podemos tener tintes, porque es una página entera a color —y también a sonido—.

Una película que al igual que sabe innovar y arriesgar, también respeta los orígenes del hombre que se esconde tras las sombras de Gotham.

Pues también es relevante la comprensión del departamento de sonido con el trabajo visual. En este caso y a forma representativa, vemos que la figura de dicho departamento en común sabe apreciar lo envolvente. Desde el repiqueteo de la lluvia al uso de la música diegética o el sonido de los puñetazos o las pisadas. Todo sumerge al espectador que se encuentra en una sala oscura, aunque parece que se traslada a Gotham. Por último, en el análisis de la técnica cinematográfica cabría mencionar el repertorio musical de lo que viene a ser lo extradiegético: la selección musical de la banda sonora es exquisita. Desde, como comentábamos antes, el repertorio de Kurt Cobain en Nirvana, pasando por algunas canciones versionadas por The Blue NotesL’Orchestra, hasta la música original compuesta por Michael Giacchino. La música tiene una relevancia vital dentro del largometraje, ya que eleva a la enésima potencia lo estético y, si ya de por sí es agradable visionar un plano road de un atardecer en Gotham, hacerlo con grunge y pianos de fondo solo lo mejora.

En cuanto al reparto, los recurrentes Alfred (Andy Serkis) y Catwoman (Zöe Kravitz) pierden fuelle y no se distinguen mucho más, cayendo el primero en la desaparición absoluta (contando con tres escenas escasas) y la segunda quedando relegada a un espectro fílmico que se aferra en todo sentido al test de Bechdel. Sí encontramos el acierto a la hora de mencionar a los villanos: Paul Dano como Enigma realiza una de las mejores actuaciones de su carrera, haciendo que el villano de los acertijos tome una tonalidad terrorífica, actual y que se asemeja a su otro papel tan reseñable en Prisioneros (Denis Villeneuve, 2013). Por otro lado, el irreconocible Colin Farrell (solo podemos aplaudir a la labor de maquillaje) interpretando a Oz «El Pingüino», o John Turturro como el capo de la mafia Carmine Falcone consolidan la buena selección de cast antagonista, que es una de los aspectos más destacables de todo el largo. Por otro lado, qué más decir del enorme acierto de Robert Pattinson como Batman: de su interpretación nace en gran parte todo, pues el actor británico transmite la tristeza y el temor en unos ojos que siempre habían mostrado lo contrario. Hacer de Batman ya no solo consiste en obtener forma física y destreza de movimiento, si no que Reeves escribe, y Robert interpreta, a un personaje que acrecenta lo complejo en la psicología de Bruce Wayne. Desde su trauma familiar hasta la incapacidad de encajar ese hecho en su vida, el ser elevado a lo abstracto regresa a lo tangible y cae, cae hacia lo más profundo.

Pero hay aspectos que no pueden salvar ni una buena interpretación, ni una buena selección musical ni de planos. Y es que el principal punto en contra a la hora de recomendar The Batman radicaría en su duración. Si bien es cierto que se mantiene el nivel por todo lo alto hacia sus dos horas, algo ya complicado de por sí, sí es cierto que igual que para iniciar hay que continuar, también para continuar una historia hay que saber finalizarla. Y es que esos cincuenta y seis minutos finales en busca de un clímax a la altura de todo lo visto terminan por trastabillar el sentido del thriller laberíntico y más bien todo llega de sopetón. Obviamente era complejo poder mantener algo tan bueno en tanta extensión de tiempo, pero tampoco era muy difícil cerrar con dignidad un buen thriller y no solo volver a indicar que estamos viendo una película de superhéroes. Quizá las expectativas de estas comparaciones jueguen una mala pasada a la hora de querer un final más próximo a esto, o quizá también al recordar a la obra de DC que tuvo un éxito tan rotundo desde un punto estético similar, Watchmen (Zack Snyder, 2009), pensemos que la grandiosidad se puede mantener de principio a fin. El caso es que siendo el problema la duración, o algunos saltos de continuidad en el guion o el montaje, es decisión propia si este pesar invade al resto del cómputo global. En mi caso no es así, ya que el resultado general compensa con lo que significa The Batman y lo que ha logrado hacer con un ente al que no parecía que se le pudiera sacar más chicha: The Batman es una de las recomendaciones obligadas de este 2022, una película que al igual que sabe innovar y arriesgar, también respeta los orígenes del hombre que se esconde tras las sombras de Gotham.

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