Stars at Noon
| Los amantes bajo el sol

País: Francia
Año: 2022
Dirección: Claire Denis
Guion: Claire Denis, Andrew Litvack, Léa Mysius (Novela: Denis Johnson)
Título original: Stars at Noon
Género: Drama, Romance
Productora: Curiosa Films, Barnstormer Productions, RT Features, arte France Cinéma, Hypatia Films
Fotografía: Eric Gautier
Edición: Guy Lecorne
Música: Tindersticks
Reparto: Margaret Qualley, Joe Alwyn, Danny Ramirez, John C. Reilly, Ben Safdie, Nick Romano, Robin Duran, Sebastian Donoso, Stephan Proaño, Monica Bartholomew, Hector Moreno, Carlos Serrano
Duración: 135 minutos
Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado (2022)

País: Francia
Año: 2022
Dirección: Claire Denis
Guion: Claire Denis, Andrew Litvack, Léa Mysius (Novela: Denis Johnson)
Título original: Stars at Noon
Género: Drama, Romance
Productora: Curiosa Films, Barnstormer Productions, RT Features, arte France Cinéma, Hypatia Films
Fotografía: Eric Gautier
Edición: Guy Lecorne
Música: Tindersticks
Reparto: Margaret Qualley, Joe Alwyn, Danny Ramirez, John C. Reilly, Ben Safdie, Nick Romano, Robin Duran, Sebastian Donoso, Stephan Proaño, Monica Bartholomew, Hector Moreno, Carlos Serrano
Duración: 135 minutos
Festival de Cannes: Gran Premio del Jurado (2022)

Bajo un sol abrasador que ajusticia, la película de la francesa Claire Denis, protagonizada por Margaret Qualley y Joe Alwyn, encuentra una historia de amor enardecido que permanece atrapada bajo el influjo de un contexto que la constriñe.

Una periodista está atrapada en Nicaragua. Bueno, esa es la premisa de la segunda película de Claire Denis de este 2022 —la primera fue Fuego, estrenada en la Berlinale—, Stars at Noon, y pese a contar con una muy carismática —y con una mirada triste y una corporalidad mayúsculas— Margaret Qualley en el papel principal, la cosa no acaba de arrancar, sobre todo porque uno comienza con la sensación de que no sabe qué está queriendo contar exactamente la cineasta, y termina más o menos igual, solo que muchos desnudos y algo de sexo febril después. Decía lo de Qualley porque gracias a ella uno puede mantenerse en la propuesta, porque si hablamos de su partenaire en la ficción, Joe Alwyn, la cosa cambia bastante: no acaba de encajar como galán misterioso de pocas palabras, aparentando más ser un jovencito en mitad de asuntos muy adultos que uno de esos extraños cinematográficos capaces de cautivar solo con una mirada. De este modo, la ficción de Denis sufre y mucho por su indecisión y por el retrato político que queda a medias en todo lo que se propone. Casi pareciera que el único modo que tiene de afrontar la realidad centroamericana en términos generales fuera arañando la superficie, sin marcar un telón de fondo más allá de lo que flota en el imaginario popular. No, Stars at Noon no se sustenta en lo político, pero tampoco en la parte intelectual —aún muy consciente de que no es esta una película en absoluto cerebral, y que mucho menos se habría beneficiado de ello— de un romance que entra en diagonal y a pie cambiado, tanto que cuando saltó la liebre del primer «te quiero» se escuchó un murmullo generalizado y sordo en la sala.

Aunque intensa, la obra dificulta dejarse llevar por lo pasional porque tiene un terrible freno encima que funciona bajo la sombra de los mil estereotipos.

Margaret Qualley y Joe Alwyn protagonizan Stars at Noon.

Porque su romance sórdido y sudoroso podría haber tenido su lugar de no haber estado tan pendiente de ser tan húmedo y hubiera querido ser más sensitivo, palpable. Se aman, se necesitan, se pierden bebiendo el uno del otro con pasión animal, pero lejos queda ese deseo de ser expansivo, de ser cautivador, de vivirse fuera de sus imágenes como siempre debería rodarse el amor, sea efímero o inmortal. Sea trágico o happily ever after. Denis tiene una mirada autoral propia y nunca falta a su cita con la singularidad, y aunque los símbolos que deja esta Stars at Noon sobre lo terrenal y lo espiritual, sobre ese conocerse y amarse bajo el sol de la justicia del mediodía son casi inspiradores si se cierran los ojos en el momento exacto, no pueden evitar quedarse sepultados bajo un intento vano de contextualización política, uno que hace tanto de menos el conjunto que incluso llega a doler por lo grande que podría haber llegado a ser. Ahora mismo, escribiendo este texto y pensándola con la poca perspectiva que permiten los festivales, donde todo van tan rápido que da vértigo, me sorprendo a mí mismo recordando con viveza el amor descontrolado, y con disgusto toda esa subtrama diplomática: aunque intensa, la obra dificulta dejarse llevar por lo pasional porque tiene un terrible freno encima que funciona bajo la sombra de los mil estereotipos, y teniendo en cuenta que aquí deberíamos haber venido a amar fuerte y no a ver intrigas simplistas sobre la democracia, nos queda recordarla por lo que permite que salga y no por lo que deja atrapado dentro.

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