Shirley
La traición de dañarnos

País: Estados Unidos
Año: 2020
Dirección: Josephine Decker
Guion: Sarah Gubbins (Novela: Susan Scarf Merrell)
Título original: Shirley
Género: Drama. Thriller
Productora: Killer Films, Los Angeles Media Fund (LAMF), Mechanism Digital
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Edición: David Barker
Música: Tamar-Kali Brown
Reparto: Elisabeth Moss, Odessa Young, Logan Lerman, Michael Stuhlbarg, Victoria Pedretti, Robert Wuhl, Paul O'Brien, Orlagh Cassidy, Bisserat Tseggai, Allen McCullough, Tony Manna, Edward O'Blenis Jr.
Duración: 107 minutos
Festival de Sundance: Premio Especial del Jurado - Drama (2020)

País: Estados Unidos
Año: 2020
Dirección: Josephine Decker
Guion: Sarah Gubbins (Novela: Susan Scarf Merrell)
Título original: Shirley
Género: Drama. Thriller
Productora: Killer Films, Los Angeles Media Fund (LAMF), Mechanism Digital
Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen
Edición: David Barker
Música: Tamar-Kali Brown
Reparto: Elisabeth Moss, Odessa Young, Logan Lerman, Michael Stuhlbarg, Victoria Pedretti, Robert Wuhl, Paul O'Brien, Orlagh Cassidy, Bisserat Tseggai, Allen McCullough, Tony Manna, Edward O'Blenis Jr.
Duración: 107 minutos
Festival de Sundance: Premio Especial del Jurado - Drama (2020)

La cuentista, ensayista y novelista Shirley Jackson nos es presentada en esta elegante obra de ineludibles valores artísticos y técnicos. Basada en una novela sobre ella, y no de ella, este dato igual se les saltó a algunos que la referenciaron en su día.

De sobra es conocido por el público televidente y cinéfilo el papel de la actriz Elisabeth Moss tanto en trabajos como la serie Mad Men (Matthew Weiner, 2007) como en la adaptación seriada del libro de Margaret Atwood, El cuento de la criada, o en otras deliciosas propuestas de largometraje como The Square (Ruben Östlund, 2017) o El hombre invisible (Leigh Whannell, 2020), presentándonos en estas tres últimas un papel tan dramático como, en ocasiones, terrorífico. En la que nos ocupa, estamos ante un biopic de la dama considerada en Estados Unidos como la precursora de plumas como la de Stephen King, alguien que desde su profunda femineidad herida supo sacar partido del éxito obtenido ante el relato publicado en el New York Times y la hizo célebre y postrera, La lotería, una joya agasajada aún hoy por críticos literarios y no tanto. Partimos de una pesadilla para reconstruir una realidad, y desde ahí se nos muestra el proceso de composición de un texto (La maldición de Hill House) que hizo que Jackson pasase a la historia de la literatura por los siglos de los siglos. A pesar de que cuenta con seis novelas publicadas en su país, en España la conocemos gracias a la gran labor de la editorial Minúscula, sobre todo por sus cuentos, ensayos, así como por, además de la novela ya mentada, otra más corta llamada en español Siempre hemos vivido en el castillo. Su estilo, a medio camino entre el goticismo, lo psicológico y lo macabro es un ejemplo de escritura como sacerdocio cruel e inagotable, que vive buenísima fama a la hora de ser adaptado al cine —La mansión encantada (1963), de Robert Wise, o la serie estrenada en Netflix sobre la mencionada novela La maldición de Hill House— y como decíamos a formatos más largos. Es por ello necesario observar cierto encasillamiento en los papeles que nos ofrece la Moss, sí, pero también debe servir de referencia el hecho de que su posición privilegiada dentro de la industria haga brillar con luz propia a directoras poco conocidas como Josephine Decker, con solo dos o tres trabajos de relevancia media a sus espaldas.

Elisabeth Moss es Shirley Jackson.

De un mismo modo, es interesante saber que el libreto está íntegramente basado en una novela de Susan Scarf Merrell (en que se ahonda no solo en el carácter huraño y enfermizo de la escritora, sino también en su machista e hipócrita esposo, catedrático de Literatura en la universidad, que contrata con ánimo predatorio a un matrimonio formado por un doctorando y su esposa, que se encargará de adecentar el hogar y dar de comer a los cuatro comensales), conocedora de la vida y vicisitudes de la autora, y llevado a la pantalla desde el guion por Sarah Gubbins, que participa como productora en el genial y curioso proyecto que nos ocupa. La relación entre Shirley y su criada Paula (Odessa Young) comienza a forjarse a partir del asco y la admiración sumisa e hiperestésica de la segunda sobre la primera, de tal modo que esta le confiesa haberse sentido horrorizada al leer La lotería, para a continuación aceptar sus peculiares ataques de pereza, insidia y celos y finalmente ser tragada por una personalidad que cree que es suya, pero que solo Shirley pudo prestarle. El consumo de drogas, como en la vida de Jackson, también aparece referenciado a través del tabaco y hachís fumado con su marido Stanley Hyman (Michael Stuhlbarg) y las setas y sus paseos al borde de acantilados con la criada.

Un filme en que las fronteras entre thriller y drama quedan desdibujadas. Una propuesta de calidad sutil, elegante y firme.

El tema de la película, y no solo el cómo, tal vez debiera enfocarse en que lo importante no es tanto el hecho de que durante todo el proceso creativo de escritura de la novela Shirley no saliera de casa, como la extraña y rapaz picardía que utiliza para llevársela a su terreno, siendo una relación de dominación absoluta a la que no son ajenos elementos de magia negra innegables y que tienen que ver con el sueño y la pesadilla no solo durante la vigilia, sino en etapas de necesario descanso. Por otro lado, Fred Nemser (Logan Lerman) es utilizado por el matrimonio principal a su antojo, sin que muestre apenas esos restos de ego que en los otros tres permanecen intactos, si no es para hablar de una tesis doctoral que será falsamente agasajada por el profesor, y que permitirá al espectador hacer notar en qué consiste el auténtico éxito en literatura. En este sentido, Moss aquí se comporta como el personaje interpretado por Natalie Portman en Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010). La fotografía de Sturla Brandth Grøvlen —conocida por filmes como Victoria (Sebastian Schipper, 2015) o The Innocents (Eskil Vogt, 2021)— resulta prodigiosa en varios momentos en que la directora logra montar sobre plano secuencias insólitas, lo que tampoco hace desmerecer la labor de David Barker —montador responsable, entre otras, de Aves del paraíso (Sarah Adina Smith, 2021)—. De un mismo modo, la música sobre todo en la tremenda secuencia final, cerrada en sí misma, de Tamar-Kali Brown consolida la necesidad de tanto talento femenino en la producción. El departamento de casting, capitaneado por Kerry Barden, hizo pues un trabajo ejemplar en esta producción de ciento siete minutos en el 2020, consiguiendo a pesar de su nacionalidad estadounidense solo repercusión en el Festival de Sundance. En cuanto a las críticas recibidas, en El Periódico, Nando Salvá la tachó de excesiva, mientras en El Confidencial, Eulalia Iglesias hablaba de la sensación por la que realidad y ficción se difuminan, cosa harto evidente esta última. Internacionalmente, Variety hablaba de un intento ocultista sobre la figura de la que habla. Desde Cintilatio, añadimos que las fronteras entre thriller y drama quedan desdibujadas, y solo estas, e insistimos en la calidad de la propuesta en gran parte gracias a un trabajo femenino que le aporta sutileza y elegancia, a la vez que firmeza a la hora de ser contada.

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