Señales
Alienígenas y fe

País: Estados Unidos
Año: 2002
Dirección: M. Night Shyamalan
Guion: M. Night Shyamalan
Título original: Signs
Género: Ciencia ficción. Fantástico. Intriga. Terror
Productora: Touchstone Pictures, Blinding Edge Pictures, The Kennedy/Marshall Company
Fotografía: Tak Fujimoto
Edición: Barbara Tulliver
Música: James Newton Howard
Reparto: Mel Gibson, Joaquin Phoenix, Patricia Kalember, Cherry Jones, Rory Culkin, Abigail Breslin, M. Night Shyamalan, Ted Sutton, Merritt Wever, Lanny Flaherty, Marion McCorry, Michael Showalter, Kevin Pires, Clifford David, Greg Wood
Duración: 106 minutos

País: Estados Unidos
Año: 2002
Dirección: M. Night Shyamalan
Guion: M. Night Shyamalan
Título original: Signs
Género: Ciencia ficción. Fantástico. Intriga. Terror
Productora: Touchstone Pictures, Blinding Edge Pictures, The Kennedy/Marshall Company
Fotografía: Tak Fujimoto
Edición: Barbara Tulliver
Música: James Newton Howard
Reparto: Mel Gibson, Joaquin Phoenix, Patricia Kalember, Cherry Jones, Rory Culkin, Abigail Breslin, M. Night Shyamalan, Ted Sutton, Merritt Wever, Lanny Flaherty, Marion McCorry, Michael Showalter, Kevin Pires, Clifford David, Greg Wood
Duración: 106 minutos

La película de M. Night Shyamalan, protagonizada por Mel Gibson y Joaquin Phoenix, aprovecha la premisa de una invasión alienígena para contar una historia humana y personal en la que lo ordinario se entrelaza con lo fantástico.

Una de las peores cosas que le puede pasar a una película es la de no responder a las expectativas del público y darle lo que quiere. Incluso si en sí misma no es mala y tiene cosas interesantes, fallar en cumplir en aquello que la audiencia espera (incluso si dichas cosas son expectativas que nunca fueron explícitamente prometidas de entrada) es un pecado casi imperdonable para cualquier película que le va a traer una desproporcionada cantidad de críticas. Es justo decir que, sin dejar a un lado sus otros problemas, ese fue el gran pecado de Señales (M. Night Shyamalan, 2002), el filme que prácticamente supuso el gran punto de inflexión en la, hasta el momento, meteórica carrera del director hindú y del que nunca pudo llegar a recuperarse totalmente.

La película nos cuenta la historia de Graham, un granjero estadounidense que vive con su hermano, un exjugador de béisbol que arruinó su oportunidad de ser profesional, y sus dos hijos en un pequeño pueblo americano en el que solía ocupar el rol de pastor protestante hasta que perdió la fe por la muerte de su esposa. Un día, Graham descubre en sus campos de maíz unos misteriosos símbolos que parecen haber sido hechos por alienígenas, al tiempo que sucesos extraños comienzan a ocurrir por todo el mundo. Ante la creciente histeria colectiva, Graham trata de mantener la calma hasta que se descubre que la invasión extraterrestre está teniendo lugar, momento en el que nuestro protagonista deberá prepararse para proteger a su familia de los atacantes del espacio. Cuando la invasión tiene lugar y su hogar es atacado, Graham y su familia se verán obligados a confrontar a los visitantes y tratar de encontrar sus puntos vulnerables.

Señales evita los sustos y el terror directo para en su lugar ir creando tensión a fuego lento.

Si bien el argumento puede parecer reciclado de cualquier película de serie B de los años cincuenta (y no es mentira que dicha inspiración no puede ser negada), no es menos cierto que la magia de esta cinta, al igual que en la mayor parte del trabajo del director que nos ocupa, radica en su forma de contarnos la historia tanto o más que en la historia en sí misma. Es así que Shyamalan lleva en esta cinta a su máxima expresión su marcadamente personal estilo de dirección, el cual se caracteriza por planos largos, movimientos de cámara lentos y suaves, largos silencios que alimentan la tensión dramática y diálogos casi absurdos que le dan al conjunto una sensación de irrealidad, como si el realizador no quisiera que nunca olvidáramos que estamos viendo una película. Este lenguaje, que se muestra como la antítesis de lo que se espera de la mayoría de películas de gran presupuesto actuales (llenas de escenas de acción con ritmo rápido y un estilo absolutamente impersonal) y se acerca más al cine de autor o de arte y ensayo chocó diametralmente con las expectativas de la mayor parte de los fans, quienes se esperaban una cinta cortada por el patrón Spielberg, una película veraniega de aventuras ligera al estilo de Los Goonies (Richard Donner, 1985), Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977), o E.T. el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982). En su lugar, el director nos ofrece una película que sacrifica el tono juvenil para, en su lugar, apostar por un estilo más adulto y que le permite tratar temas de mayor complejidad.

Y es que Señales puede ser una película sobre una invasión alienígena, pero también es mucho más que eso. Estamos ante una cinta que maneja de una forma sorprendentemente sólida temas como la paternidad (la ansiedad paternal ante el miedo a no poder proteger a los hijos), el remordimiento o la pérdida de la fe. El protagonista es un hombre desolado por la muerte de su esposa que ha perdido la fe en Dios, que no sabe cómo proteger a su familia y que se ver en ocasiones desbordado por la presión psicológica inherente a sus racionabilidades como padre. Y precisamente ahí radica la magia de la película, en la forma en que el personaje recupera su fe y comprende mejor su rol como padre gracias a la invasión alienígena. Por un lado, cuando la tensión familiar se dispara ante el riesgo de la invasión procedente del espacio, Graham comprenderá que su rol protector como padre de familia no se limita únicamente a proteger a sus hijos físicamente de una amenaza violenta, sino que también incluye el ser un ejemplo a seguir para ellos y el de cuidar de su estabilidad emocional.

Un tema interesante de la cinta es la forma en que trata la histeria colectiva y su relación con los medios de comunicación en la América posterior al 11S.

Pero más importante si cabe es la cuestión de la fe. Y es que partimos de un personaje emocionalmente roto y lleno de resentimiento tras perder a su esposa que se encuentra perdido y abrumado por el dolor. Un protagonista sumido en la desolación que no será sino a través de una situación extrema (cuando los alienígenas invadan la tierra y amenacen con matar a su familia) que le veremos reconciliarse con su fe y, en cierta manera, consigo mismo. Hablamos de un hombre que había sido un pastor protestante, lo que en otras palabras significa no solo un individuo para el que la religión es profundamente importante, sino que era un pilar básico en su comunidad, que renuncia a todo ello a causa del dolor que siente por la pérdida de un ser querido. A medida que avanzan los minutos nos encontramos con un protagonista que se embarca en un viaje de redención personal que culmina en la recuperación de su fe y, lo que es más importante, en la superación del proceso de luto en el que estaba sumido. Es quizá este el aspecto más interesante de la película, la de una historia que, a pesar de narrar sucesos fantásticos, decide centrarse en sus personajes, en sus vicisitudes internas y en su viaje emocional y en sus pequeños dramas personales y familiares dentro del contexto de una invasión alienígena (desde el hombre que se siente culpable por matar accidentalmente a una mujer por dormirse al volante hasta el joven que arruinó su oportunidad de ser jugador profesional de béisbol y tiene que convivir con la sensación de fracaso). No nos cuenta Shyamalan por lo tanto la historia de una invasión alienígena, sino la historia de personas normales, de una familia con sus propias vicisitudes, que se encuentran con una invasión alienígena, lo que le da al conjunto un tono de humanidad y realismo relativamente extraño en el género y que hace que la obra se sienta fresca y diferente al resto de películas de similar temática.

Una película rica en los temas de aborda, original en su forma de enfrentarse a ellos y con una puesta en escena que captura a la perfección el atrapante estilo de su director.

En este sentido, por lo tanto, se entiende perfectamente el estilo visual de Shyamalan, que apuesta por quedarse en lo pequeño y lo íntimo y por utilizar la quietud y un ritmo sosegado para que esto le ayude a generar tensión en el espectador. El terror, por lo tanto, no viene de lo que vemos sino de lo que no vemos, de la forma en que el director manufactura la incertidumbre a través de limitar la perspectiva del espectador, que debido a esto nunca deja de compartir con los personajes que aparecen en pantalla la sensación de vulnerabilidad. La decisión de no abusar de efectos especiales ni de escenas de acción redundantes le da a la película una sobriedad que en cierta manera actúa como una carta de amor a la serie B de los años cincuenta y sesenta y que acertadamente sustituye la acción por una constante sensación de intriga e incertidumbre que habría sido imposible de alcanzar para casi cualquier otro director. Si bien existen muchos cineastas que tienen un estilo propio de puesta en escena y realización cinematográfica que plasman recurrentemente en sus obras de manera autoral, Señales es, ante todo, una muestra perfecta de cómo ha de ser usado dicho estilo para acompañar la historia y de cómo tanto lo que se cuenta como la forma de contarlo son dos caras de la misma moneda.

Pero no podemos olvidar el contexto en que esta película fue realizada. Como todo el cine posterior al 11S, uno de los temas principales es la captura de las ansiedades del pueblo americano ante un enemigo desconocido que tiene la capacidad de atacar su estilo de vida y llevar la muerte a la puerta de los hogares estadounidenses. Esta angustia se personifica aquí en la imagen de unos alienígenas a los que apenas llegamos a ver hasta el tramo final y que levan la amenaza hacia la vida cotidiana de los americanos. Parafraseando lo que ocurría a inicios de este siglo con el terrorismo islámico, el temor ante este enemigo no reside, como lo hacía en la guerra fría, en los peligros que pueda generar en el campo de batalla, sino en el daño que pueda hacer en las calles, las casas o los vecindarios de cualquier punto del país. Además de esto, la guerra contra el terrorismo islámico se caracterizó por ser la primera seguida de manera masiva y en directo por los medios de comunicación, por un lado favoreciendo la histeria colectiva gracias a las informaciones masivas y contradictorias vertidas por los medios y a la mezcla de datos y opinión, mientras que por otro la multiplicidad de opiniones no siempre contrastadas daban pie a teorías conspirativas así como una constante angustia entre la población. Esto se captura de forma magistral por la película al mostrar la invasión nunca de manera directa, sino siempre a través de los medios de comunicación y de manera indirecta, de manera tal que el espectador comparte la perspectiva de la invasión que tienen los protagonistas, lo cual favorece que tengamos su misma sensación de confusión y temor ante los eventos de la invasión.

El gran punto fuerte de la historia es saber usar su premisa de ciencia ficción para contar una historia personal e ínitma.

Y es precisamente ese tramo final en el que la película llega a su colofón y vemos por fin el rostro de uno de los extraterrestres, y es ahí donde para muchos la película falla y varios espectadores apuntan los aparentes fallos de guion —como que unos alienígenas con tecnología muy avanzada no sean capaces de abrir una puerta de madera o invadan un planeta con grandes masas de agua pese a ser hidrofóbicos—. El popular canal de YouTube Roanoke Gaming, que para quien no lo conozca se trata de un canal que se dedica a analizar monstruos de películas de terror a través de la biología y la ciencia, especula que esto no debería sorprendernos. En primer lugar, los seres humanos ya vivimos en espacios que nos son ambientalmente hostiles (como desiertos o zonas polares) y en segundo lugar, el creador de contenido matiza que estas criaturas no son en sentido estricto hidrofóbicas ya que no tienen problemas resistiendo la humedad ambiental, sino que la hidrofobia se concentra en su piel (algo que podría explicarse si vienen por ejemplo de un planeta mayoritariamente desértico). Por otro lado, el vídeo también apunta a que su fisionomía es similar a la de un humanoide menos evolucionado que el Homo Sapiens (y más cercano a un Homo Habilis o Erectus). El ser humano tiene una particularidad, y es la de ser la única especie de su género en la tierra que no está extinta (es decir, que ya no existen otras especies del género homo como Neandertales u Homo Heidelbergensis, como si ocurre con prácticamente el resto de vida terrestre, siendo lo más cercano biológicamente alguna especie de primate bastante lejana evolutivamente). No solo es esto bastante peculiar, sino que en el caso de que exista vida inteligente en otro planeta, no hay motivo para creer que sea esto algo que se repita. Así pues, y teniendo en cuenta que hablamos de una criaturas cuya fisiología revela un estado anatómico incompatible con el nivel de evolución necesario para alcanzar la inteligencia suficiente para desarrollar la tecnología del viaje espacial, el youtuber especula que no sería absurdo que los alienígenas que vemos fueran una especie del mismo género que la de los alienígenas que dominan su plantea de origen pero mucho menos evolucionada que es enviada a otros planetas en naves teledirigidas para exterminar la vida local antes de que los pobladores principales lleguen (en otras palabras, algo así como si en la tierra los Neandertales todavía existiesen y entonces nosotros los enviáramos a las guerras o a realizar la exploración espacial para evitar riesgos a miembros de nuestra propia especie).

Si bien entrar en cuestiones de este tipo implica entrar en una serie de especulaciones que la cinta no fomenta necesariamente, si ha de servirnos para entender que estamos ante una película menos endeble de lo que parece y para ayudarnos a darle una oportunidad y verla con ojos frescos, sin prejuicios ni otros lastres. Y cuando esos reparos se dejan atrás lo que nos encontramos es una película rica en los temas de aborda, original en su forma de enfrentarse a ellos y con una puesta en escena que no solo captura a la perfección el atrapante estilo de su director sino que además sirve también como ejemplo de compenetración perfecta entre sustancia y estilo, entre aquello que se cuenta y la forma de contarlo. Lo que late en en corazón de Señales no es tanto una historia de ciencia ficción o terror sino un drama humano y personal que utiliza lo anterior para profundizar en sus personajes, una película que eleva el subgénero de las invasiones extraterrestres con todos sus tópicos para reinterpretarlo de una manera especial y abordar cuestiones mucho más interesantes como las relaciones familiares, la naturaleza humana y su reacción ante la adversidad o la importancia de la fe (ya sea religiosa o de otro tipo) para mantener nuestra cordura incluso cuando el mundo a nuestro alrededor se derrumba.

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