Para Chiara
Velar al abismo

País: Italia
Año: 2021
Dirección: Jonas Carpignano
Guion: Jonas Carpignano
Título original: A Chiara
Género: Drama
Productora: Stayblack, Haut et Court, RAI Cinema, arte, Eurimages
Fotografía: Tim Curtin
Edición: Affonso Gonçalves
Música: Benh Zeitlin, Dan Romer
Reparto: Swamy Rotolo, Carmela Fumo, Claudio Rotolo, Rosa Caccamo, Grecia Rotolo, Salvatore Rotolo, Vincenzo Rotolo, Silvana Palumbo, Giacinto Fumo, Concetta Grillo, Antonio Rotolo Uno, Giuseppina Palumbo, Giorgia Rotolo, Antonina Fumo, Carmelo Rotolo
Duración: 121 minutos
Festival de Sevilla: Mejor dirección y mención especial al reparto (2021)

País: Italia
Año: 2021
Dirección: Jonas Carpignano
Guion: Jonas Carpignano
Título original: A Chiara
Género: Drama
Productora: Stayblack, Haut et Court, RAI Cinema, arte, Eurimages
Fotografía: Tim Curtin
Edición: Affonso Gonçalves
Música: Benh Zeitlin, Dan Romer
Reparto: Swamy Rotolo, Carmela Fumo, Claudio Rotolo, Rosa Caccamo, Grecia Rotolo, Salvatore Rotolo, Vincenzo Rotolo, Silvana Palumbo, Giacinto Fumo, Concetta Grillo, Antonio Rotolo Uno, Giuseppina Palumbo, Giorgia Rotolo, Antonina Fumo, Carmelo Rotolo
Duración: 121 minutos
Festival de Sevilla: Mejor dirección y mención especial al reparto (2021)

La trilogía del italoamericano Jonas Carpignano, iniciada por «Mediterranea» y «A Ciambra», pone su broche final con un coming of age que vela por el abismo de la mafia calabresa a través de los ojos de una adolescente.

Hay muchas miradas en el cine que se quedan clavadas como si las dirigieran hacia uno mismo. Las de Sebastian y Mia siguen como un abismo entre dos mundos en aquella noche de micro abierto en el club de jazz. También se han cruzado ojos que irradiaban terror, como la lente de la cámara tras la mano del asesino en El fotógrafo del pánico (Michael Powell, 1960) —donde mirar más de lo previsto al objetivo te podía jugar malas pasadas—. Y qué decir de la mítica destrucción de la mirada impuesta en el cortometraje Un perro andaluz de Luis Buñuel, donde aparecía a la perfección un primerísimo plano de un ojo cercenado. Es decir, ya sea desde el surrealismo, o más bien desde el entonado blocksbuster, lo cierto es que el cine es una mirada que se alarga a través del tiempo y nos deja una huella tan enorme como la pantalla de un anfiteatro. Aunque no hace falta volver mucho la vista hacia atrás —hoy no puedo parar de hacer referencias a las pupilas— para ver otras de las miradas que señalaron un antes y un después en la historia del cine. Si arrastramos nuestra memoria hasta el año 2019, podemos recordar una escena de la gran y añeja El irlandés (Martin Scorsese, 2019), donde Anna Paquin interpretando el papel de la hija de un gran capo de la mafia (Robert De Niro) mira a su padre con todo el dolor del hijo que mira a un abismo insondable. Lo peor acaba de ocurrir y no hay perdón para nadie, la desesperanza lo inunda todo y ni un atisbo de orgullo queda tras los ojos de una hija decepcionada por la figura de un padre al que creía conocer. Así que si hablamos de desilusión y del dolor de una hija, entonces encontramos un maletín lleno de oro en el fondo de un lago, junto a un bloque de cemento. Con el oro nos referimos a Para Chiara, la última película de la Trilogía de Calabria de su peculiar maletín, o recipiente: Jonas Carpignano.

Este largometraje sigue a Chiara, una quinceañera que vive sus días entre el gimnasio y sus amigas. Sin embargo, en la gran noche del año (el dieciocho cumpleaños de su hermana Giulia), ocurre un evento que pondrá su vida patas arriba: su padre, Claudio, desaparece en circunstancias bastante extrañas —ligadas, por lo que parece ser, con la mafia calabresa— y Chiara es la encargada de seguir la estela que va dejando este tras de sí. Al ver esta primera sinopsis de cuatro líneas, uno podría pensar que más que hablar de un coming of age al uso más bien estuviéramos hablando de una película que podría haber escrito y dirigido el mismísimo Scorsese si hubiera nacido en Calabria. Y es que los tintes sonoros de su cine son constatables, así como el de nuevas escuelas que hacen de la mujer la protagonista de una epopeya millennial —como es el caso de Cadejo Blanco (Justin Lerner, 2021) o similares—. Todos estas migas de pan muestran que dentro de una referencia a los clásicos estadounidenses, se ligan también estas nuevas escuelas coetáneas a nuestros tiempos y sus conflictos, que aunque son renovados, también son transgeneracionales.

Un cierre inteligente y necesario a una trilogía que se extiende a una verdad universal. Una obra que si bien mira al abismo, no lo vela, sino que lo desenmascara.

Y es que en su trilogía de Calabria, Carpignano nos acerca a un mundo desprovisto de atención, donde las cosas siguen ocurriendo en la misma medida que antes, pero se establecen a través de los ojos de los que no han sido protagonistas nunca, de los que siempre han estado en un segundo plano. Volviendo a esa escena de El irlandés, podemos comprobar que el desarrollo del personaje de Frank (Robert De Niro) es tácito, desde que es un joven que se dedica a hacer trabajos de poca monta hasta que llega a ser uno de los más influyentes dentro de los negocios sucios. Pero no ocurre lo mismo con Peggy (Anna Paquin), que se limita a contemplar cómo su padre se desvanece entre el polvo del caos. Divisando en cada conversación que sostienen como en la mirada de su padre no reconoce más que un abismo. Un abismo del que se siente desprovista de afección y que acaba con los maternalismos impuestos. Y es que sí, el concepto de velar siempre ha sido aunado al de lo maternal. Desde siempre, hemos podido comprobar en películas que hablan de capos como tras de ellos había una mujer que lo esperaba en la cocina, justo para dar con el toque clave que haría a todo tambalearse, pero claro, dentro de un delantal y sin el desarrollo más que provisto de un deus ex machina cuando la situación lo requería.

Pero no, en Para Chiara este maternalismo no existe como tal. Más bien percibimos a una hija que busca en su padre una respuesta a todo el silencio que hay tras su vida. Personaje proactivo que en vez de estar en casa, sale por la puerta y, metiéndose en camisas de once varas, busca el ansiado grial que el espectador necesita. En este caso, la figura femenina no espera velar al abismo —que significa la vida del mártir de la mafia— sino que lo confronta, se desarrolla y sale, dejando atrás a esa «mujer en la nevera». Un cierre inteligente y necesario a una trilogía que si bien pone en el ojo del huracán la realidad de Italia, también se extiende a una verdad universal —como todo buen objetivo de un cineasta—. Y es que Para Chiara es una obra que si bien mira al abismo, no lo vela, sino que lo desenmascara. Y que el cine descubra verdades que han estado ocultas durante décadas, pues resquebraja ese cemento que libera ciertos entes en las profundidades del lago. Como es el caso de este maletín lleno de oro a lo Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994), o de esos ojos que como diría Tony Montana: «they never lie».

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