Over the Sky. Más allá del cielo
Un romance supraterrenal

País: Japón
Año: 2020
Dirección: Yoshinobu Sena
Guion: Yoshinobu Sena
Título original: Kimi wa Kanata / 君は彼方
Género: Animación. Drama. Romance. Fantástico
Productora: Digital Network Animation, Studio CuCuRi, Toho
Reparto: Saori Hayami, Honoka Matsumoto, Yui Ogura, Toshiki Seto, Kôichi Yamadera, Ikue Ôtani
Duración: 95 minutos

País: Japón
Año: 2020
Dirección: Yoshinobu Sena
Guion: Yoshinobu Sena
Título original: Kimi wa Kanata / 君は彼方
Género: Animación. Drama. Romance. Fantástico
Productora: Digital Network Animation, Studio CuCuRi, Toho
Reparto: Saori Hayami, Honoka Matsumoto, Yui Ogura, Toshiki Seto, Kôichi Yamadera, Ikue Ôtani
Duración: 95 minutos

El director nipón Yoshinobu Sena no arriesga con su película debut y enfrenta el amor con la autoestima y la realidad con la fantasía en un drama adolescente sin el impacto emocional ni visual necesario para crear una revelación en el espectador.

Las posibilidades artísticas, narrativas y puramente cinematográficas de la animación son casi infinitas porque lo único que puede limitar sus capacidades son el presupuesto y la técnica aplicada, que varía según el contexto temporal. Pero igual que la animación estadounidense tiene un estilo marcado, la originaria de Japón es fácilmente reconocible por la particularidad de su diseño y sus puntos en común respecto a las temáticas. De esta forma, en un intento vago por crear una clasificación, se podrían dividir las películas de anime en tres estándares: la fantasía —popularizada por el Studio Ghibli—, el drama juvenil —característico del director Makoto Shinkai— y la ciencia ficción —al estilo Akira (Katsuhiro Ōtomo, 1988) o Paprika, detective de los sueños (Satoshi Kon, 2006)—. Aunque algunas obras no encajan en estos parámetros, sí podrían considerarse una fusión de ellos, y esto es lo que ocurre con la ópera prima de Yoshinobu Sena: Over the Sky. Más allá del cielo (2020).

Al igual que su director, el Studio CuCuRi se estrena en la producción de cine con esta película entre el drama romántico y la fantasía que reta a su protagonista, Mio, a enfrentarse a sus traumas para volver al mundo real y confesar su amor a un amigo de la infancia. Así, en el universo fantástico al que denominan «La frontera del mundo» —donde se desarrolla la gran mayoría de la trama y al que accede tras tener un accidente—, se aprecian influencias conceptuales de El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki, 2001), como la presencia de un tren sobre el mar, las sombras en las estaciones o el recuerdo como conexión con el mundo humano. En cambio, las creaciones propias de Sena —provenientes de la astronomía— carecen de la consistencia, profundidad y emoción del mundo de los dioses al que llega Chihiro: las normas aparecen para ser modificadas a conveniencia del guion y el diseño de la animación ni fluye ni luce. Quizá la falta de ideas —o de tiempo en la producción— provocara una sucesión de acontecimientos algo inconexos y vagos para mantener a la protagonista en territorio fantástico, en vez de concretar y aprovechar su estancia en el mundo real para mostrar su personalidad antes que sus traumas.

A pesar de las buenas intenciones del director, la película muestra deficiencias en la técnica y el guion que diluyen su mensaje entre peripecias poco creíbles.

En este sentido, la película narra las desventuras de una chica atormentada que recuerda a las protagonistas de El recuerdo de Marnie (Hiromasa Yonebayashi, 2014), A Silent Voice (Naoko Yamada, 2016) o la más reciente Belle (Mamoru Hosoda, 2021). Todas ellas representan la falta de autoestima y la inseguridad durante la adolescencia, aunque, de una forma u otra, el amor siempre impregna parte del guion. En la obra de Sena, el máximo objetivo de Mio es declararse a Arata, de quien también está enamorada su mejor amiga. Así, la trama romántica se complementa con la superación personal, basada en el esfuerzo y la capacidad de expresarse sin remordimientos. Aquí, y no en el romance ni en la subtrama de Arata, reside la fuerza de la película, aunque no alcanza la misma intensidad de las tres cintas antes mencionadas. A nivel narrativo, se acerca a la complejidad innecesaria de Belle, que pierde el foco dramático y divaga entre su espectacularidad visual y sonora para sorprender al público. Por el contrario, Over the Sky. Más allá del cielo ni siquiera destaca por la creación de personajes, escenarios o una gran ambientación auditiva —de hecho, incorpora una escena musical que, en un intento por añadir valor a la trama, empobrece la calidad de la misma por evidente—. De nuevo, la supuesta necesidad por experimentar con diferentes propuestas narrativas y estilísticas juega en contra del resultado final.

En definitiva, la llegada al cine de Sena desde el mundo de los videojuegos y la producción televisiva se suma a las películas de anime que apuestan por la identificación instantánea con el espectador a través de problemas existenciales y universales que afectan a la humanidad, como son la pérdida de confianza en uno mismo o la complejidad del amor adolescente. A pesar de las buenas intenciones del director, su ópera prima muestra deficiencias en la técnica y el guion que diluyen su mensaje entre peripecias poco creíbles, buenas ideas poco explotadas y la abundancia de elementos narrativos que no concretan su objetivo. Del mismo modo, sus influencias artísticas juegan en su contra al poner de relieve una pobre propuesta escénica que resta uniformidad a la obra. Por tanto, Over the Sky. Más allá del cielo recoge el relevo del cine de animación nipona de mayor alcance sin alcanzar su misma trascendencia, aunque el director marca un camino temático interesante si logra ahondar en sus personajes y no en la artificialidad.

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