Marguerite Duras. París 1944
| Amar hasta el tuétano

País: Francia
Año: 2017
Dirección: Emmanuel Finkiel
Guion: Emmanuel Finkiel (Novela: Marguerite Duras)
Título original: La douleur
Género: Drama
Productora: Cinéfrance 1888, Les Films du Poisson, KNM, Versus Production, France 3 Cinéma, Need Productions, Same Player, Proximus
Fotografía: Alexis Kavyrchine
Edición: Sylvie Lager, David Vranken
Reparto: Mélanie Thierry, Benoît Magimel, Benjamin Biolay, Shulamit Adar, Grégoire Leprince-Ringuet, Emmanuel Bourdieu, Elsa Amiel, Anne-Lise Heimburger, Patrick Lizana, Joanna Grudzinska, Caroline Ducey, Salomé Richard, Bertrand Schefer, François Prodromidès, Stanislas Nordey
Duración: 127 minutos
Festival de San Sebastián: Sección oficial (2017)

País: Francia
Año: 2017
Dirección: Emmanuel Finkiel
Guion: Emmanuel Finkiel (Novela: Marguerite Duras)
Título original: La douleur
Género: Drama
Productora: Cinéfrance 1888, Les Films du Poisson, KNM, Versus Production, France 3 Cinéma, Need Productions, Same Player, Proximus
Fotografía: Alexis Kavyrchine
Edición: Sylvie Lager, David Vranken
Reparto: Mélanie Thierry, Benoît Magimel, Benjamin Biolay, Shulamit Adar, Grégoire Leprince-Ringuet, Emmanuel Bourdieu, Elsa Amiel, Anne-Lise Heimburger, Patrick Lizana, Joanna Grudzinska, Caroline Ducey, Salomé Richard, Bertrand Schefer, François Prodromidès, Stanislas Nordey
Duración: 127 minutos
Festival de San Sebastián: Sección oficial (2017)

Denostada por ciertos sectores de la crítica, la película de Emmanuel Finkiel tiene un trabajo artístico y técnico detrás encomiable. Recuperarla no solo es necesario, sino recomendable para conocer el talento de Duras y la profundidad de Mélanie Thierry.

Desaparecida debido a un cáncer de esófago el 3 de marzo de 1996, Marguerite Duras es una de esas grandes escritoras del siglo XX que, habiendo nacido en un Saigón perteneciente a la Indochina francesa, fue y es apreciada y, sobre todo, reconocida en España, a partir de la novela El amante, premio Goncourt de 1984, que aquí editó con acierto la barcelonesa Tusquets, y en la que recreaba los recuerdos de un viejo amor de adolescencia. En un primer visionado de esta poética película que nos ocupa, podríamos pensar que el material original o novela en que se inspira son sus diarios, sin embargo, erramos al pensar así, pues es en su novela tardía El dolor donde narra cómo el amor por Robert Antelme(Emmanuel Bourdiau) y sobre todo el incidente por el que es secuestrado por la Gestapo y llevado posteriormente al campo de concentración nazi de Dachau, le hace perder hasta el tuétano toda cordura.

Marguerite se debate durante gran parte del filme, a pesar de estar en el bando de la Resistencia contra Hitler, entre las negociaciones tórridas y hasta cierto punto nauseabundas con el agente Pierre Rabier (Benoît Magimel) y la pertenencia al seno de la Resistencia de un grupo de intelectuales y civiles de prestigio encabezado por Dionys Mascolo (Benjamin Biolay), todo ello debido a que se resiste con entereza a no perder un ápice de su propia humanidad, algo de lo que se verá despojada o no gracias o debido a su literatura, plagada de metáforas y pensamientos de aliento corto que evolucionan del miedo a vivir y la vergüenza de estar viva al más puro horror, solo recurrible a través de la memoria de unas vacaciones llenas o no de viento de levante en una paradisíaca playa italiana. La interpretación de Melánie Thierry resulta sublime y nos introduce en una tristeza culpable y culpabilizadora parecida a la de Anna Frank en su Diario, de hecho, si Emmanuel Finkiel, su realizador y adaptador del material original, hubiese caído en el cliché en cualquiera de estos cometidos, probablemente hubiera sido clasificado como telefilme de poco o nulo recorrido. Y eso se debe también a una Thierry contenida y en estado de gracia; esta actriz que debutara allá por 1996 en L’amerloque (Jean-Claude Sussfeld) en estas lides y que dirigió y escribió su primer cortometraje en 2018 (Afikoman) consigue aquí no solo un prodigio de fotogenia, propiciado también por el maquillaje y vestuario, sino una intensidad interpretativa que también se logra con la voz en off de sus pensamientos y la utilización de Finkiel del fuera de campo.

Si por algo también llama la atención el filme es por conseguir por medio de la fotografía de Alexis Kavyrchine —conocido por su labor en la posterior Adiós, idiotas (2020), dirigida por Albert Dupontel; Perdrix (2019), de Erwan Le Duc; o Pauline et François (2010), de Renaud Fely— un efecto pictórico gracias al desenfoque total de la imagen, efecto que se nota trabajado no solo con Finkiel, sino con un montador o editor que sabe aprovechar las tomas (Sylvie Lager y David Vranken a la cabeza) e introducir los detalles necesarios. Esta fotografía que consigue esta calidad artística tampoco sería lo mismo sin la utilización de apenas banda sonora musical y, no nos llevemos a engaño, sabiendo mostrar desde la más pulcra e invisible nitidez todo lo bello y grotesco que este mundo en ciernes posee. En este sentido, el diseño de producción de Pascal Le Guellec puede más que la mercadotecnia o el hecho de que sea una coproducción de Francia, Bélgica y Suiza.

Cine con mayúsculas. La interpretación de Melánie Thierry resulta sublime y nos introduce en una tristeza culpable y culpabilizadora.

La dirección artística y sobre el set de Claire Amoureux y Lieven Bayes —participantes en producciones como Bandidas (Joachim Rønning, Espen Sandberg, 2006) con Penélope Cruz o El quinto poder (Bill Condon, 2013)— también sabe sacar partido al detalle a cada escenario por paupérrimo y por tanto sobrio, o sofisticadamente obsceno que sea. El vestuario de Sergio Ballo y Anaïs Romand consigue además que imaginemos muy bien la época y el estilismo sobre todo de Thierry, pero también de personajes más secundarios pero fundamentales, propiciado todo él por Bilitys Barabas y Sidonie Constantien, que logran una más que adecuada idea del paso del tiempo sobre estos. Por último, referido a los departamentos técnicos, cabe envidiar el trabajo de sonido (impensable aquí en España) y sobre todo de sonido directo, que tiene casi todo el cine francés, en este caso el equipo encabezado por Romain Cadilhac.

Cine con mayúsculas, por tanto, que pasó más o menos desapercibido, y que probablemente convirtió a aquella niña protagonista de El amante en una criatura aún más cruel a pesar de su no tan edificante situación real, ya que los acontecimientos que aquí se narran son anteriores a la escritura de su longseller. La película que nos ocupa cosechó, no en balde, ocho nominaciones a los César (incluyendo mejor película y director) así como la inclusión dentro de la sección oficial del Festival de San Sebastián, y la verdad es que poco reconocimiento nos parece. De lo que de ella dijo la crítica española, mejor no hablar, ya que fue criticada con saña por Luis Martínez en El Mundo, la salvó a duras penas Jordi Costa en El País, siendo solo Quim Casas de El Periódico quien resaltó sus virtudes literarias. Al menos, el crítico de Fotogramas, Antonio Trashorras, dijo ser «más osada de lo que aparentaba […] por el tráiler», lo que ya es bastante decir, habida cuenta de esa envidia cainita hacia gran parte de lo que se realiza en el país vecino. La crítica internacional, sobre todo estadounidense, fue sin embargo algo más generosa desde Variety, IndieWire o rogerebert.com y destaca la canadiense, firmada por Dustin Chang en Screen Anarchy, en la que también se hacen eco de sus virtudes. Está claro que nunca llueve a gusto de todos.

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