La ejecución
Crimen y Caída

País: Rusia
Año: 2021
Dirección: Lado Kvataniya
Guion: Lado Kvataniya, Olga Gorodetskaya
Título original: Kazn / Казнь
Género: Thriller
Productora: Hype Film
Fotografía: Denis Firstov
Edición: Vlad Yakunin
Reparto: Niko Tavadze, Daniil Spivakovsky, Yuliya Snigir, Ekaterina Ermishina, Olga Lapshina, Vladimir Mayzinger, Elena Morozova, Ivan Mulin, Evgeniy Muravich, Valeriy Myznikov, Aleksandr Potapov, Igor Savochkin, Valentin Smirnitskiy, Daniil Spivakovskiy
Duración: 130 minutos
Festival de Sitges: Mención Especial (Ópera prima) (2021)

País: Rusia
Año: 2021
Dirección: Lado Kvataniya
Guion: Lado Kvataniya, Olga Gorodetskaya
Título original: Kazn / Казнь
Género: Thriller
Productora: Hype Film
Fotografía: Denis Firstov
Edición: Vlad Yakunin
Reparto: Niko Tavadze, Daniil Spivakovsky, Yuliya Snigir, Ekaterina Ermishina, Olga Lapshina, Vladimir Mayzinger, Elena Morozova, Ivan Mulin, Evgeniy Muravich, Valeriy Myznikov, Aleksandr Potapov, Igor Savochkin, Valentin Smirnitskiy, Daniil Spivakovskiy
Duración: 130 minutos
Festival de Sitges: Mención Especial (Ópera prima) (2021)

El moscovita Lado Kvataniya entrega una ópera prima con una historia veraz sobre el caso del carnicero de Rostov. En plena caída de la URSS, el cineasta universaliza el crimen que se extiende a lo largo de toda la película en una sociedad quebrada.

La psicosis dentro del cine ha sido vía trascendental para su desarrollo, desde que nació allá por 1895. Es así que ya partimos de obras de referencia que han calado en el subconsciente de muchos. Podríamos distribuir en un organigrama temporal ciertos puntos sobre películas de crimen que han hecho historia dentro de el séptimo arte, ya sea por ejemplo la primera película que se proyectó sobre asesinos en serie: M, el vampiro de Düsseldorf (Fritz Lang, 1931); pasando por el largometraje que marcó un antes y un después y que le sirvió a Narciso Ibáñez Serrador de inspiración para su ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), La noche del cazador (Charles Laughton, 1955); hasta el gran éxito que significó ese «siseo» que hacía que a uno se le pusieran los vellos de punta con Hannibal Lecter y su El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) —justo sesenta años después de la primera gran obra sobre asesinos, casualidad bastante curiosa—. Pero sí es cierto que cuando el cine tiene que hablar en sintonía de crítica o de indicio social, el género de suspense —en muchas ocasiones— no se encuentra en cuanto a su trascendencia. Podríamos poner algunas películas como puntualizaciones contrarias a esta hipótesis, ya sea el caso de El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950) donde vemos la utilidad del crimen como simbolismo de la caída del cine no sonoro y las viejas estrellas de Hollywood. O un thriller más peculiar en clave sociopsicológica: Chinatown (Roman Polanski, 1974); filme en el que la esencia de la ley seca y el crac del 29 se perciben en un Los Ángeles de capa caída. Por tanto, es cuestión de un buen largometraje de suspense que su fondo social, o metaficticio, se impregne dentro de su técnica y el crimen que filman y narran. Y, por sorpresa, tenemos un nuevo cineasta ruso que logra esto mismo: Lado Kvataniya.

El director moscovita dirige La ejecución, largometraje que sigue el caso del carnicero de Rostov, un asesino en serie que entre los años 1978 y 1990 asesinó a cincuenta y seis personas. Dejando tras de sí un rastro de víctimas, un grupo de inspectores de policía siguieron su caso y en este largometraje se muestran lo arduos que fueron aquellos doce años tras la sombra de Andréi Chikatilo —su verdadera identidad—. Un thriller que si bien parece ser simple en su premisa, esconde tras de sí más de una sorpresa que nos ha cautivado. Pero no nos precipitemos, hagamos un pequeño inciso para ubicarnos. Primero, tenemos que contar que en los años en los que transcurre el caso, la antigua Unión Soviética se encontraba resquebrajada por las diferentes pérdidas que supusieron catástrofes bélicas y naturales. Además, las políticas de Gorbachov —nombradas como «perestroika»— significaron un socavón para los resquicios que quedaban del comunismo y la caída de la Unión era un hecho irremediable. Es en este momento histórico, con una sociedad quebrantada por los distintos cambios políticos y económicos que sufría su país, que este largometraje toma su técnica y su narrativa para soldificar un fondo donde el tema es el mismo: la caída. El descenso de una sociedad mermada por la discrepancia, también es el descenso de un sistema policial corrupto y las fronteras del bien y del mal no se distinguen, porque todo es crimen. Y es aquí que entra el fin de La ejecución, una obra que si bien se ubica dentro de su contexto, también crea una sinopsis que no solo se centra en los hechos reales tal y como ocurrieron, sino que juega con los paraderos de la realidad y la ficción. Un resultado que se estructura en torno a un guion sin fallas, donde las partes que parecen inconexas y sin sentido, también se enfocan en su clímax y todo termina por finalizar con una conclusión.

Un largometraje autoconsciente, intrigante y locuaz sobre la caída del hombre y el crimen como desliz del caos.

Del mismo modo, la técnica se adapta a esta narrativa y sabe crear un ambiente cargado de tensión y misticismo. La iluminación es esencial dentro del largometraje: vemos que las luces rojas y la sombras imperan sobre él como símbolo de caída y caos. En cuanto al diseño de producción, los escenarios seleccionados son un acierto fantástico, pues no se arriesga en realizar tomas en exteriores en ciudad y, por tanto, el factor de atemporalidad se mantiene. Los interiores conservan, además, todo ese magnetismo sobre el asesinato y, excepto dos o tres escenas de acción pura, todo es diálogo dentro de cuatro paredes. Por último, es reseñable que dentro de una película donde la acción se encuentra rodeada de quietud —salvando distancias con aquellos planos secuencias fuera de la cabaña y en el bosque—, vemos que la cámara no se está quieta en ningún momento y, aunque todos los planos son estables, el principal recurso que transmite esta intranquilidad se genera gracias a la lente y su dinamismo. Por último, pero no por ello menos importante, cabe a mencionar la utilidad de la estructura en actos del filme. Y es que el descenso a la nada se clasifica en los mismos estadíos en los que se desarrolla el duelo y el luto. La negación, la ira, la negociación, la depresión y, por último, la aceptación son cada uno de los apartados en los que se divide la línea narrativa de La ejecución. Y como si fuera un camino desde el crimen —como inicio—, hasta la caída —como fin— esta organización es lo que le aporta el factor psicológico al suspense. Quizá una forma simple de aludir a la pérdida de una vida, o también como estandarte del luto por una Unión Soviética herida y agonizante. Sea por lo que sea la decisión es, cuando menos, inteligente y traslada la forma al fondo en un sentido correcto y sensato. La muerte física se hace también muerte metafórica y la alegoría es el medio más genuino para expresar lo complejo.

De siempre —y aludiendo al objetivismo— lo complejo que se hace sencillo es lo óptimo y, por ende, esto lleva a la premisa de que dicha obra es óptimamente buena. Como argumentábamos antes, es importante que un thriller posea la técnica y la narrativa digiridas al interés del espectador —que suscite una duda que se responda con la escena final—, pero sin olvidar que también existe un fondo más allá de un caso criminal. Sobre la depresión en la URSS y el dolor infringido a la sociedad soviética, este caso significó una clara brecha que rasgaba las vestiduras de uno de los gobiernos más relevantes de la historia de la humanidad, que daba sus últimos jadeos. Historia que convence y que se llevó una mención especial del Festival de Sitges, con los que estoy completamente de acuerdo. Porque si bien acostumbramos a ver una inmensa cantidad de cine sanguinolento y visceral —que este también lo es—, no estamos tan hechos a películas como La ejecución, largometraje autoconsciente, intrigante y locuaz sobre la caída del hombre y el crimen como desliz del caos.

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