Jules y Jim
| Las afinidades electivas

País: Francia
Año: 1962
Dirección: François Truffaut
Guion: François Truffaut, Jean Gruault (Novela: Henri Pierre Roché)
Título original: Jules et Jim
Género: Romance, Drama
Productora: Les Films du Carrosse, Sédif Productions
Fotografía: Raoul Coutard
Edición: Claudine Bouché
Música: Georges Delerue
Reparto: Jeanne Moreau, Oskar Werner, Henri Serre, Marie Dubois, Vanna Urbino, Sabine Haudepin, Kate Noelle, Anny Nielse, Serge Rezvani
Duración: 104 minutos

País: Francia
Año: 1962
Dirección: François Truffaut
Guion: François Truffaut, Jean Gruault (Novela: Henri Pierre Roché)
Título original: Jules et Jim
Género: Romance, Drama
Productora: Les Films du Carrosse, Sédif Productions
Fotografía: Raoul Coutard
Edición: Claudine Bouché
Música: Georges Delerue
Reparto: Jeanne Moreau, Oskar Werner, Henri Serre, Marie Dubois, Vanna Urbino, Sabine Haudepin, Kate Noelle, Anny Nielse, Serge Rezvani
Duración: 104 minutos

A pesar de su éxito internacional en 1962, no fue hasta 1968 que la película de François Truffaut se estrenó en España. Paradigma de la nouvelle vague y de ciertos visionados en el exilio (Mario Benedetti le dedicó un cuento), hoy pierde algo de frescura.

A pesar de que incluso Catherine (Jeanne Moreau) utiliza la novela original de Johann Wolfgang von Goethe, que entroncaría al poeta y novelista alemán decimonónico desde el Romanticismo al Realismo, como reclamo en su final (si cogemos la edición de Cátedra prologada en su traducción al castellano por Manuel José González y Marisa Barreno, a partir del texto y la litografía en que Eduard mira en su tumba a la accidentada Ottilie, así lo notamos) y para conquistar tanto a Jules como a Jim en su desarrollo, debemos decir que François Truffaut contaba con otro material literario en el que basarse para construir su guion, en concreto la novela de Henri Pierre Roché, y la ayuda en su adaptación de Jean Gruault, con el que también colaboró en El pequeño salvaje (François Truffaut, 1970). Las afinidades electivas es quizá, por otro lado, una de esas novelas románticas que hablan poco del amor y sí de sus consecuencias, de tal forma que si con Romeo y Julieta aprendemos sobre las desavenencias sentimentales entre hijos de familias enfrentadas (no en balde Catherine trabaja también como traductora de Shakespeare al alemán), en esta otra, nos damos cuenta de las desavenencias ociosas de los triángulos y cuartetos amorosos, un tan peligroso como por otro lado poco recomendable entuerto ante el que salir corriendo huyendo, dadas las circunstancias.

Jules (Oskar Werner) y Jim (Henri Serre) son dos burgueses de vida bohemia que se tienen mutuo afecto debido a sus sendos historiales sentimentales; a pesar de los constantes cuernos de uno y de la vida disipada y aburrida del otro, les une algo más que una idea de la pasión entre sexos: una amistad que se forja y hace fuerte al conocer a Catherine. Interrumpida esta amistad por el estallido de la Primera Guerra Mundial, donde cada uno de ellos lucha en un bando contrario al otro, al acabar el armisticio a Jim le pica la curiosidad de saber cómo le irá al que fue su amigo, que ha dejado la literatura para escribir libros sobre insectos, mientras que él, apartado de la profesión de diplomático, se sigue empeñando en seguir los consejos de su mentor Albert Sorel. El filme de Truffaut es pura nouvelle vague, no solo por la época en que está inscrito, sino por la manera en que está rodada y montada: con una voz en off que quizá al espectador de hoy pudiera resultarle en exceso reiterativa y que deja ver como una imposición de un narrador decimonónico omnisciente (o su equivalente cinematográfico) la cámara de Raoul Coutard es llevada en ocasiones al hombro con gran prestancia y elegancia. Así, se conserva igualmente el encanto del mensaje de Goethe modernizándolo, si bien por algo nuestros padres decían que el cine francés es o era muy literario: es por películas como esta.

El filme de Truffaut es pura nouvelle vague, capaz de conservar el encanto del mensaje de Goethe modernizándolo.

Encuadrados los personajes dentro de esa filosofía de su director tan bien plasmada en filmes como El amante del amor (1977), ambos protagónicos masculinos parecen más preocupados en ese amor con mayúsculas a la mujer, que incluso destroza el sí mismo, idea esta que choca y se da de bruces con la concepción más actual de personaje, si bien en 1962 quizá fuese de obligado resurgir este tipo de experimentos. No es por su producción tampoco un intento fallido de cine en tanto en cuanto y a pesar de no haber envejecido muy bien en otros aspectos, logra mantenernos siquiera cómica y a veces incomprensiblemente pegados a la pantalla. Otros miembros del reparto interesantes y que forman parte de una banda sonora excepcional son Serge Rezvani, que interpreta a Bassiak (un guitarrista con encanto también llamado Albert), Marie Dubois (Thérèse), Elen Bober (Mathilde) o Michel Subor y su inconfundible y tan pegada a la tendencia de la época, voz de narrador. De este modo, otro aspecto especialmente interesante es el montaje de Claudine Bouché, por el que se empezarían a utilizar las cortinillas y efectos de transición tan típicos de la posterior televisión comercial.

La preocupación tan francesa por el sonido se deja ver con solvencia, si bien a veces la velocidad excesiva del locutor no se corresponde con la capacidad legítima del diálogo. El maquillaje de Simone Knapp, que sabe convertir el look de Catherine a lo garçon, con bigote y pitillo en la boca, es especialmente glamuroso y también marcó tendencia. Gracias a ser un producto que redefinía estilismos, debemos citar también el vestuario de Fred Capel (que no apareció en los créditos) en consonancia con la labor de Marcel Berbert y Maurice Urbain a la producción. En cuanto a premios, la protagonista Jeanne Moreau fue nominada como mejor actriz a los premios británicos BAFTA, y curiosamente no a los César, siendo la película también muy bien considerada en aquellos. Así, Dave Kehr, de Chicago Tribune, también la alabó desde los Estados Unidos, llamándola «obra maestra de la nueva ola», una ola que al atravesar el Atlántico redefinió a muchos otros movimientos modernistas con semejantes presupuestos, siendo el último de los que recordamos, y ya de vuelta a Europa, el escandinavo Dogma con el que directores como Lars von Trier o Thomas Vinterberg redefinieron sus carreras, con películas como Los idiotas (Lars von Trier, 1998) o Celebración (Thomas Vinterberg, 1998). No haberla considerado como película romántica en tanto no lo es desde el texto mismo de Goethe de un modo preciso, no le impidió estar entre las ciento veinticuatro películas de este tipo más famosas de la Historia del Cine según el público y la crítica. Es curioso igualmente cómo, a pesar de todo (cámara al hombro y probable improvisación de actores), la labor de Suzanne Schiffman en continuidad como script deja ver muy pocos o casi ningún fallo de raccord, labor que tampoco fue debidamente acreditada.

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