Halo: La serie
| No prometas a los fans lo que no puedes cumplir

País: Estados Unidos
Año: 2022
Guion: Kyle Killen, Steven Kane
Creación: Steven Kane, Kyle Killen
Título original: Halo: The Series
Género: Serie de TV, Ciencia ficción, Acción, Aventuras
Productora: 343 Industries, Microsoft Studios, Amblin Television, Chapter Eleven, One Big Picture, Showtime (Productor: Steven Spielberg)
Fotografía: Karl Walter Lindenlaub, Eric Kress, Ed Wild
Edición: Dan Briceno, Aaron Marshall, Geoff Ashenhurst, Maxime Lahaie
Música: Sean Callery
Reparto: Pablo Schreiber, Natascha McElhone, Bokeem Woodbine, Shabana Azmi, Bentley Kalu, Natasha Culzac, Kate Kennedy, Yerin Ha, Jen Taylor, Olivia Gray, Charlie Murphy, Danny Sapani, Ryan McParland

País: Estados Unidos
Año: 2022
Guion: Kyle Killen, Steven Kane
Creación: Steven Kane, Kyle Killen
Título original: Halo: The Series
Género: Serie de TV, Ciencia ficción, Acción, Aventuras
Productora: 343 Industries, Microsoft Studios, Amblin Television, Chapter Eleven, One Big Picture, Showtime (Productor: Steven Spielberg)
Fotografía: Karl Walter Lindenlaub, Eric Kress, Ed Wild
Edición: Dan Briceno, Aaron Marshall, Geoff Ashenhurst, Maxime Lahaie
Música: Sean Callery
Reparto: Pablo Schreiber, Natascha McElhone, Bokeem Woodbine, Shabana Azmi, Bentley Kalu, Natasha Culzac, Kate Kennedy, Yerin Ha, Jen Taylor, Olivia Gray, Charlie Murphy, Danny Sapani, Ryan McParland

La popularidad de las adaptaciones televisivas y cinematográficas de videojuegos ha llevado a que en los últimos tiempos proliferen las producciones de este subgénero que, como en este caso, no siempre saben capturar la magia de las obras originales.

En el mundo del cine y la TV existe una regla no escrita en lo que respecta a las adaptaciones de historias que vienen de otros medios (libros, teatro, cómics, videojuegos, etc.) y es que los creadores de dichas adaptaciones disponen de cierta libertad para reinterpretar y modificar el material original siempre y cuando se conserven los aspectos esenciales del mismo (cuestiones como los temas, el tono o la psicología de los personajes, etc.) y teniendo en cuenta que siempre que se cambia o añade algo, ha de hacerse desde el respeto a la obra original. En otras palabras, se entiende que es necesario hacer ciertas transformaciones de un medio a otro siempre que se mantengan de manera inalterada los aspectos clave que le dan a dicho material su identidad artística. Aunque esta premisa puede parecer fácil de seguir, no son pocas las adaptaciones que la han fracasado precisamente porque no han sabido seguirla, ya sea porque no han entendido el material original (o han preferido ignorarlo) o porque las ideas que han añadido no aportaron nada al conjunto. Halo: La serie (Steven Kane, Kyle Killen, 2022), la adaptación televisiva de los videojuegos del mismo nombre, es una más que se une a la lista de adaptaciones que no han funcionado precisamente por estos problemas.

Para entender hacia dónde va la serie Halo es necesario primero entender de dónde venimos. Y es que hablar de Halo es hablar, sin duda, de una de las franquicias más icónicas de la historia de los videojuegos. Es por ello que no debería sorprendernos que dicho título fuera seleccionado como buque insignia de uno de tantos nuevos servicios de streaming que aspiran a hacerle la competencia a Netflix, Paramount+, en especial tras el hecho de que la otra gran apuesta de este servicio para alcanzar visibilidad, Star Trek: Discovery (Bryan Fuller, Alex Kurtzman, 2017) no termine de funcionar entre los fans. Por desgracia, la pretensión de los creadores de esta nueva serie de contar su propia historia sin tener casi en cuenta el rico universo argumental creado a lo largo de los años por los videojuegos lleva a que se quede en una especie de limbo, en el que no termina de funcionar ni como producto original ni como adaptación.

El gran problema de la serie es no entender ni a su personaje protagonista, el Jefe Maestro, ni la naturaleza del material que está adaptando.

Halo: La serie nos sitúa en un futuro en el que los seres humanos se han extendido por la galaxia hasta encontrarse con una civilización alienígena, el Pacto, que pretende la aniquilación de la raza humana por motivos religiosos. En una guerra en que la humanidad parece condenada, seguimos los pasos de John 117, más conocido como el Jefe Maestro, un soldado miembro de la unidad Spartan (soldados de élite mejorados genéticamente) en su lucha contra el Pacto cuando, accidentalmente, descubre los restos de una antigua civilización alienígena, los Precursores, una especie que existió en el universo hace millones de años y a los cuales los miembros del Pacto adoran como sus dioses. Cuando John 117 descubre que estos restos indican la existencia de un arma creada por los precursores que podría llevar a toda la raza humana a la extinción, decide iniciar una cruzada personal en contra de las órdenes de sus superiores con la ayuda de Cortana, una IA integrada en su cerebro, al tiempo que las confrontaciones políticas ente el gobierno humano, la UNSC, y las colonias exteriores comienzan a amenazar la unidad frente a la amenaza alienígena.

Si bien sobre el papel la premisa de la serie es relativamente similar a la de los juegos, es en su ejecución y en el intento de los creadores de alejarse del material original donde tienen lugar las grandes discrepancias y donde la serie muestra sus grandes debilidades. Halo: La serie no recibe el mismo crédito que otras sagas de videojuegos como Red Dead Redemption, The Witcher o Mass Effect por su narrativa, y si bien es cierto que quizá no llega a las mismas cotas de excelencia, ofrece una historia mucho más sólida de lo que aparenta a primera vista. Es así que donde más brilla argumentalmente esta serie de videojuegos es la forma en que logra mezclar dos historias, una aventura de guerra espacial tremendamente épica y cargada de momentos heroicos con otra, mucho más íntima, sobre un hombre entrenado para ser nada más que una máquina de guerra sin emociones pero que, paso a paso, y gracias a su relación con Cortana, su IA, recupera su humanidad y comienza a tener sentimientos. En el corazón de la narrativa de Halo, más allá de toda la acción explosiva y las grandes batallas, hay una historia sobre John 117, un hombre condicionado psicológicamente para ser un arma y no una persona, y Cortana, una IA, aprendiendo a ser humanos juntos, desarrollando sentimientos complejos. Y la forma en que estas dos historias nos son contadas es magistral, logrando que por un lado lo grande y lo épico haga que lo pequeño e intimista se sienta incluso más personal mientras que, a la vez, estas historias le pongan un rostro humano a la aventura militar espacial que hace que nos importe no únicamente por su enorme escala sino también a un nivel humano. En otras palabras, la saga Halo no solo nos cuenta una historia de aventura y guerra espacial, sino también una sobre las personas que están dentro de esas aventuras y guerras espaciales, lo que sin duda ha contribuido a su longevidad y éxito entre los jugadores.

La serie, si bien trata de replicar los mismos arcos narrativos que el material original, los hipersimplifica hasta el extremo de que se sienten superficiales o directamente incomprendidos, llevando al espectador a una historia plana que carece de los grandes momentos que hacen a la saga de Halo tan especial. Por ejemplo, la serie también busca plasmar el crecimiento humano del Jefe Maestro, pero en lugar de contarnos su progresiva evolución de máquina de matar adiestrada por el gobierno para no tener emociones hasta ser humano completo, en la adaptación televisiva esta evolución se reduce al Jefe Maestro extirpándose un microchip de su cuerpo que es usado por sus superiores para controlarlo mentalmente. Así, uno de los aspectos fundamentales del arco de personaje de John 117 queda aquí reducido a una nimiedad que hace que se pierda uno de los grandes temas narrativos del material original. Pero la no comprensión del protagonista va más lejos, y es que una de las grandes críticas que la serie ha recibido es la frecuencia con la que el Jefe Maestro se quita el casco dejando ver su rostro. Es necesario recordar aquí que, en los juegos, el Jefe Maestro nunca muestra su rostro hasta el cuarto título de la saga, en el que este se puede ver brevemente. La importancia de esta escena es tremenda, ya que ocurre justo después de que John 117 haya perdido a Cortana, la única «persona» con la que nuestro protagonista ha establecido alguna clase de relación emocional, después de que esta se sacrificara para salvarle la vida. Hablamos por lo tanto de un momento con una carga emocional y simbólica tremenda. Todo esto se pierde en la serie, en la cual el Jefe Maestro se quita el casco de forma totalmente gratuita sin que esto aporte nada a la trama. Leyendo más ente líneas, el hecho de que John 117 nunca se quite el casco en los juegos tiene también su importancia narrativa, ya que hemos de tener en cuenta que hablamos de un individuo que desde su infancia ha sido criado como un soldado y carece de amigos, familia, aficiones e incluso identidad más allá de la de soldado: su mundo empieza y termina en el campo de batalla. Visto así, que el único rostro que veamos sea el de su casco es una perfecta representación simbólica de que es ese el verdadero rostro de John 117 y no el de su cara bajo el casco, dado que la verdadera identidad del Jefe Maestro no es la de el hombre debajo de la armadura sino la del soldado. La serie no entiende este elemento y muestra constantemente el rostro del protagonista, lo cual termina siendo antitético con el propio tema que su arco narrativo pretende transmitir.

Los elementos narrativos de nuevo cuño que los creadores de la serie añaden a la misma nunca funcionan y terminan lastrando más de lo que aportan.

Esta incapacidad de dotar al protagonista con una personalidad coherente lleva a que estemos ante un personaje narrativamente contradictorio. Al inicio de la serie, el Jefe Maestro se revela contra sus superiores de la UNSC y se escapa con una nave robada mientras es perseguido por sus antiguos camaradas. Si bien esto también ocurre en el material original, esto es algo que no ocurre hasta el quinto juego, momento en que la relación entre el Jefe Maestro y sus superiores ya está totalmente deteriorada y John 117 decide rebelarse para tratar de salvar la vida de Cortana. El problema es que para llegar a este punto es primero imprescindible entender la propia evolución del personaje. En la serie, en cambio, dicha decisión ocurre a los veinticinco minutos del primer episodio, lo cual tira por tierra la evolución de personaje de soldado fiel a renegado. Estamos nuevamente ante una hipersimplificación, ante un guion que únicamente quiere ir a por los momentos de acción sin construir entorno a estos una historia sólida. A ello no ayuda un protagonista totalmente falto de carisma, escrito a base de tópicos del género y que termina resultando casi intrascendente dentro de su propia historia. La serie comete el error de tratar de aumentar la relevancia del Jefe Maestro haciéndole más importante argumentalmente (dándole una conexión psíquica con los restos de los Precursores o incorporando una subtrama sobre su infancia, por ejemplo) pero falla a la hora de acompañar esto con un guion que dote al protagonista de verdadera profundidad psicológica, motivaciones claras o una personalidad carismática que hagan que se sienta relevante dentro de su propia historia, llegando al punto que estamos ante un protagonista que termina quedando reducido a poco más que un mero espectador dentro de su propia serie. Al final, todos los temas, personajes y tramas que la ficción debería saber manejar con cierta complejidad quedan reducidos a poco más que ítems en una lista que los creativos de esta producción parecen ir tachando a medida que los capítulos avanzan sin llegar nunca a profundizar en ellos.

La no comprensión del material que está adaptando se extiende también al mundo que rodea la historia. De esta forma, la UNSC es representada como un gobierno dictatorial y despótico que no tiene miedo de usar la violencia para oprimir a las colonias exteriores, poblaciones pequeñas que explotan los recursos naturales de otros planetas. Si bien esto es relativamente fiel al material original, ha de entenderse que en los juegos únicamente conocemos a una UNSC en guerra contra un enemigo superior, el Pacto, que está ya a las puertas de la tierra y que se ve obligada a tomar medidas draconianas para evitar una derrota inminente que pondría en peligro a toda la raza humana. Si bien sus actos no son siempre moralmente correctos, siempre son entendibles dentro del contexto. Teniendo en cuenta que hablamos de una serie de juegos que existió en un mundo marcado por el 11S, es comprensible que explore un tema tan complejo como el de delimitar hasta dónde el fin justifica los medios en caso de extrema necesidad. La serie pierde todos estos matices y se limita a mostrar a los miembros de la UNSC como una suerte de tiranos espaciales rechazando cualquier clase de sutileza y apostando en su lugar por saturar al espectador con imágenes de dicho gobierno capturando niños para esclavizarlos o matando a personas inocentes. La hipersimplificación de estas cuestiones dejan en evidencia a un guion que, pese a sus intentos, es totalmente incapaz de utilizar su premisa de la ciencia ficción para abordar temas complejos de una manera adulta, como si hiciera, por ejemplo, The Expanse (Mark Fergus, Hawk Otsby, 2015).

Una serie sin identidad ni personalidad que no sabe si quiere adaptar una historia que ya existe o contar una nueva, sin llegar nunca a hacer bien ninguna de las dos cosas.

Si la serie ya hace aguas a la hora de tratar de contar una historia personal, su aspecto más épico y su forma de narrar conflictos espaciales de gran escala apenas pasa de la mediocridad. De esta forma, lo que en teoría debería ser una historia sobre una amenaza espacial existencial para la humanidad y una respuesta militar por parte de los humanos desesperada para evitar su aniquilación, lo que sin duda daría a la serie un muy necesario tono grave, termina diluida en una subtrama que no parece ir a ningún sitio. En ningún momento se plasma en la pantalla la tensión de la guerra contra un enemigo superior o se usa este contexto de enfrentamiento armado para narrar una historia que atrape el interés del espectador, sino que esta cuestión queda reducida a una subtrama apática que nunca parece ser el centro de la historia. Los diálogos de los personajes nos recuerdan que estamos ante el conflicto bélico de mayor escala que la humanidad jamás ha enfrentado, pero por lo que se muestra en pantalla más pareciera que estuviéramos ante la guerra más pacífica de la historia. Todo ello contribuye a que la serie fracase a la hora de construir un universo interesante entorno a las aventuras de nuestros protagonistas.

De todas maneras, la incapacidad de los creadores de capturar la esencia del material original no es el único problema de esta serie, sino que además hemos de señalar el problema que supone el hecho de que los elementos nuevos que los creadores añaden sean totalmente decepcionantes. Así, se nos cuenta por ejemplo la historia de Kwan Ha, la hija del antiguo líder de Madrigal, una colonia atacada por El Pacto, que lucha para liberar a su pueblo de las garras de un tirano. Esta trama paralela, si bien ayuda a expandir un poco el universo de la serie y a ofrecer una narración paralela a los eventos del Jefe Maestro, termina siendo, por su falta de originalidad, una losa más que una aportación, ya que nos cuenta una historia hipersimplificada, predecible y, paradójicamente, alejada de todo el resto del guion a la que le cuesta tener nada relevante que decir y termina circulando por los derroteros clásicos de la típica historia de venganza y de una líder revolucionaria enfrentándose a un gobernador tiránico para rescatar a su pueblo que ya hemos visto infinidad de veces mejor contada en otras producciones.

Por si sus problemas de guion no fueran suficiente, las escenas de acción son toscas y los efectos especiales deficientes, algo incomprensible teniendo en cuenta los casi cien millones de dólares de presupuesto.

Ni siquiera de los aspectos en los que una serie de este calado y presupuesto debería brillar, como las escenas de acción o los efectos especiales, se puede decir nada particularmente positivo. Las escenas de combate (alarmantemente escasas), rodadas con piloto automático, adolecen de un estilo visual aburrido y plano que se limita a presentar una acción genérica que parece sacada de cualquier película de ciencia ficción de bajo presupuesto, en decorados de carton-piedra que carecen del exotismo y la identidad visual que si encontramos en los juegos y con unos efectos especiales totalmente desfasados e injustificables en una producción cuyo presupuesto ronda los cien millones de dólares. Incluso fuera de las escenas de acción, la propia cinematografía es incapaz de aportar ninguna clase de identidad visual propia a la serie ni de crear mundos llamativos o con aspectos particularmente memorables, un crimen particularmente doloroso si tenemos en cuenta que estamos ante una serie basada en una saga de videojuegos que se caracteriza, entre otras cosas, por la creación de mundos absolutamente fascinantes y únicos desde el punto de vista visual y conceptual.

Todo en la serie de Halo tiene aroma a precocinado, a ser poco más que una adaptación que fracasa porque los creadores no entienden los temas ni los personajes del material que están adaptando y se limitan a plasmarlo de forma superficial mezclada con algunas ideas de cosecha propia que no pasan de cortar y pegar conceptos que ya han sido explorados de manera mucho más sólida en otras producciones, y que existe no para aportar nada a la obra que pretende adaptar sino meramente para atraer suscriptores a una nueva (y probablemente redundante) plataforma de streaming aprovechándose del nombre de una licencia sumamente popular. Una serie sin identidad ni personalidad que no sabe si quiere adaptar una historia que ya existe o contar una nueva, sin llegar nunca a hacer bien ninguna de las dos cosas. Si bien es cierto que una saga como la del Jefe Maestro se merece una adaptación que esté a la altura de su legado en el mundo de los videojuegos (y esperemos que algún día la tenga), la presente serie ha de servir esencialmente como un aviso de cómo no adaptar un videojuego a la televisión o el cine. Esperemos que los creadores de adaptaciones futuras como Mass Effect o The Last of Us entiendan que el éxito a la hora de llevar un videojuego a la pequeña (o gran) pantalla pasa, ante todo, por hacer lo que los creadores de la serie de Halo no hicieron: entender lo que ha hecho importantes a esas obras en un primer lugar.

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