El techo amarillo
Dudar de primeras

País: España
Año: 2022
Dirección: Isabel Coixet
Guion: Isabel Coixet, Laura Ferrero
Título original: El sostre groc (El techo amarillo)
Género: Documental
Productora: Miss Wasabi
Fotografía: Nadia Zafra
Edición: Mariona Solé Altimira
Música: Chop Suey
Duración: 94 minutos
Festival de San Sebastián: Sección oficial (2022)

País: España
Año: 2022
Dirección: Isabel Coixet
Guion: Isabel Coixet, Laura Ferrero
Título original: El sostre groc (El techo amarillo)
Género: Documental
Productora: Miss Wasabi
Fotografía: Nadia Zafra
Edición: Mariona Solé Altimira
Música: Chop Suey
Duración: 94 minutos
Festival de San Sebastián: Sección oficial (2022)

Coixet registra con su cámara uno de los casos más controvertidos en el mundo del arte dramático con las denuncias realizadas por las estudiantes, entre 2001 y 2008, del Aula de Teatro de Lleida. Testimonios de primera mano abren la realidad del horror.

Siempre me ha resultado complicado saber hablar de estos temas tan delicados, porque siempre he creído que mi voz no es la voz, realmente, de la gente que ha sido víctima de abusos —la que creo con único derecho propio a hablar de su historia—. Siempre he creído que, ante esto, igual que yo considero en mí, los autores y directoras que realizan documentales sobre lo mismo no deberían interceder e influir en las interacciones con el fin de mancillar o de ser conservador con el tema. Así que cuando he visto que Isabel Coixet iba a registrar los sucesos acaecidos a lo largo de siete pertubadores años en el Aula de Teatro de Lleida, me he sentido quizá un poco tenso  —porque este año el Festival de San Sebastián está lleno de controversia y no tenía el cuerpo para otra más—. Pero para mi sorpresa, lo que hace Coixet dentro de su nuevo documento audiovisual, El techo amarillo, es poner la cámara frente a las voces que sufrieron y padecieron los abusos constantes de los dos directores de dicha aula de teatro. Un testimonio contenido en las Dones A Escena, grupo de mujeres que tras su experiencia con Antonio Gómez y Rubén Escartín decidieron poner en verbo lo que en su día no pudieron. Y este testimonio —donde me he sentido tranquilo por su punto de vista, y obviamente repugnado por los hechos que se cuentan en él— logra acertar en que la última palabra es la de ellas —y la de todas esas voces que todavía no hablaron—.

Tienen que existir productos como lo último de Isabel Coixet, para callar con la verdad a todas esas voces que desconfían en primer lugar y juzgan en segundo.

Isabel Coixet dirige El techo amarillo.

Isabel Coixet describe la situación de una forma intercalada entre recreaciones de sucesos, fragmentos originales grabados por los propios estudiantes, entre 2001 y 2008, y las entrevistas realizadas a las víctimas. Valientes y comprometidas con la causa, cada una de ellas cuenta su relato —a cada cual más doloroso— de cómo hombres adultos de treinta años se aprovechaban del no saber y la inocencia de chicas menores de edad. Escudándose tras el arte dramático, ambos delicuentes protegieron su alegato del no abuso y, tanto los medios de prensa, como la fiscalía intercedieron como obstáculos para hacer más complejo todo el proceso. Con esto me ha rondado la idea de algo que llevo rumiando varios días tras las polémicas de Sparta (Ulrich Seidl, 2022) y Pornomelancolía (Manuel Abramovich, 2022) —dos películas opuestas a esto y que necesitaban una obra contraria que fuera frontal a poner en el punto de mira todo lo que no está bien—. Quizá por el motivo que sea, he visto a mucha gente dudar de primeras cuando una víctima cuenta su relato. Quizá por no pecar de incrédulos o sentirse más o menos conformes con su sentido crítico, este tipo de personas peca en creer que está en su mano el derecho de opinar sobre algo que no les concierne, porque no lo han vivido. Así que cuando surgen casos así donde el abuso es el punto central de la conversación y alguien duda de primeras, entonces parece que hay que justificar todo con pruebas y motivos de peso para hacerse creer —y qué triste—. Y estos motivos de peso si son necesarios, que lo sean de manos de personas con tanto nombre como Isabel Coixet, pero no de ella, sino de ellas otras: las chicas de Dones A Escena. Y es que con las dudas de la que todo nace siempre —el problema de nunca acabar en no confiar en un testimonio por una leve probabilidad de que sea mentira— tienen que existir productos como El techo amarillo, para callar con la verdad a todas esas voces que desconfían en primer lugar y juzgan en segundo. Siempre partidario de estos alegatos.

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