Ego
La gestación del síntoma

País: Finlandia
Año: 2022
Dirección: Hanna Bergholm
Guion: Ilja Rautsi (Historia: Hanna Bergholm)
Título original: Pahanhautoja
Género: Terror
Productora: Silva Mysterium Oy, Film I Väst, Hobab
Fotografía: Jarkko T. Laine
Edición: Linda Jildmalm
Música: Stein Berge Svendsen
Reparto: Siiri Solalinna, Sophia Heikkilä, Jani Volanen, Reino Nordin, Oiva Ollila, Saija Lentonen, Stella Leppikorpi, Ida Määttänen, Hertta Karen, Miroslava Agejeva
Duración: 86 minutos
Festival de Sitges: Sección Oficial (2022)

País: Finlandia
Año: 2022
Dirección: Hanna Bergholm
Guion: Ilja Rautsi (Historia: Hanna Bergholm)
Título original: Pahanhautoja
Género: Terror
Productora: Silva Mysterium Oy, Film I Väst, Hobab
Fotografía: Jarkko T. Laine
Edición: Linda Jildmalm
Música: Stein Berge Svendsen
Reparto: Siiri Solalinna, Sophia Heikkilä, Jani Volanen, Reino Nordin, Oiva Ollila, Saija Lentonen, Stella Leppikorpi, Ida Määttänen, Hertta Karen, Miroslava Agejeva
Duración: 86 minutos
Festival de Sitges: Sección Oficial (2022)

La cineasta finlandesa Hanna Bergholm nos ofrece un relato sobre una adolescente y su monstruo personal surgido de un extraño huevo para simbolizar de forma ingeniosa y certera la realidad de un trastorno mental habitual que goza de vivir en las sombras.

Desconocemos la cantidad de veces que los artesanos del terror han acudido al pozo de las enfermedades mentales para bautizar sus obras y saciar su sed creativa. Innumerables sería un número adecuado. Tampoco es que nos extrañe porque es sabida la cualidad prolífica y fértil de esas aguas, sumidas en la más absoluta oscuridad de lo desconocido y por tanto, de lo inseguro. Desde el psicópata Michael Myers al psicótico Norman Bates, pasando por el alcoholismo de Jack Torrance hasta el duelo patológico de la familia de Hereditary (Ari Aster, 2018). Siempre hay una pieza que no encaja y que, desesperados, tampoco sabemos si volverá a encajar. Como decimos, es un juego recurrente y muchas veces, en el planteamiento, no somos tampoco conocedores de que ese puzle que forma nuestra psique se va a empezar a desmontar por el camino. La directora finlandesa Hanna Bergholm parte precisamente desde lo inocuo e incluso desde lo inmaculado para hacernos ver que incluso lo más perfecto se puede desmoronar con sencillez: Tinja, una joven atleta de apenas trece años se ve obligada moralmente a incubar el huevo de un cuervo moribundo. Lo que no sospecha es que el ser que surgirá de su cascarón alterará irremediablemente su vida y la de su familia, la cual hasta entonces presumía públicamente de ser la familia ideal.

Se maneja entre los convencionalismos propios del terror, pero también ofrece una historia acerca del dolor y la impotencia que se vale de recursos narrativos más autorales.

Siiri Solalinna protagonzia Ego.

En muchos sentidos Ego (Hanna Bergholm, 2022) nos invita y habla del descubrimiento. De ese momento tan delicado en el que un adolescente comienza a ser más consciente de la realidad que le rodea. De que su hermano pequeño puede suponer un incordio. De que la competitividad con sus semejantes es un juego en el que la participación es obligatoria. De que papá no es aquel justiciero inamovible y de hecho muchas veces no se cosca (o prefiere no coscarse) de los males que le acontecen. O de que mamá, la que te guiaba y cuidaba, puede errar e incluso dañarte conscientemente en su tarea. Este proceso provoca una sensación agridulce y de desencanto, ante todo desagradable, con la que todos hemos de lidiar. Y Ego aborda ese malestar de una manera muy bella: dándole cuerpo y nombre. En definitiva, jugando a la analogía, como ya se había hecho en cintas previas como Babadook (Jennifer Kent, 2014) o La abuela (Paco Plaza, 2021). No diremos que sea la forma más sutil de tratar estos temas, de hecho, opinamos que su directora tiende a moverse en términos demasiado absolutos cuando la realidad de estos trastornos suele ser mucho más difusa. Pero su trabajo alrededor de la construcción de un monstruo y su relación con la protagonista —quien lo incuba, lo esconde, lo rechaza, lo teme y a la vez lo protege— es de una sabiduría muy aguda y certera, propia del que ha vivido el síntoma o cerca de él. 

Sin duda es la mejor baza que juega esta película que se maneja entre los convencionalismos propios del terror —sintonías espeluznantes, sobresaltos que se ven venir de lejos— como de recursos narrativos más autorales o que al menos dan señas de una cabeza pensante detrás de cada plano o de cada decisión creativa. Con especial mención a aquella en la que apostaron por el uso de animatrónicos para recrear a su monstruo particular y darle una identidad y tangibilidad imponentes. En definitiva, hay varias formas de disfrutar la nueva obra de Hanna Bergholm. La puedes ver como la clásica película de monstruos, que se crece cuanto más siniestra es la naturaleza de su criatura y más te sobrecoge al estar desprevenido. También se puede enfocar como una historia acerca del dolor y la impotencia que provoca que las cosas cambien y no para mejor, haciéndonos recurrir a la enfermedad como remedio. Pero sobre todo se disfruta al ver cómo expone ambas realidades al mismo tiempo, despertándonos y haciéndonos conscientes de que la vida de muchos de los que nos rodean en ocasiones puede ser una verdadera historia de terror.

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