Buena Vista Social Club
Había que salir a encontrarlos

País: Estados Unidos
Año: 1999
Dirección: Wim Wenders
Guion: Nick Gold
Título original: Buena Vista Social Club
Productora: Road Movies Filmproduktion, Kintop Pictures, arte
Fotografía: Jörg Widmer
Edición: Brian Johnson
Música: Ry Cooder
Reparto: Ry Cooder, Ibrahim Ferrer, Rubén González, Elíades Ochoa, Omara Portuondo, Compay Segundo, Pío Leyva, Cachaíto
Duración: 100 minutos

País: Estados Unidos
Año: 1999
Dirección: Wim Wenders
Guion: Nick Gold
Título original: Buena Vista Social Club
Productora: Road Movies Filmproduktion, Kintop Pictures, arte
Fotografía: Jörg Widmer
Edición: Brian Johnson
Música: Ry Cooder
Reparto: Ry Cooder, Ibrahim Ferrer, Rubén González, Elíades Ochoa, Omara Portuondo, Compay Segundo, Pío Leyva, Cachaíto
Duración: 100 minutos

La gestación de un proyecto de esta envergadura hizo que el realizador y el músico de «París, Texas» estrechasen lazos profesionales duraderos, en tanto en cuanto este magnífico club social de músicos no murió en la memoria gracias a la película.

La dictadura de Fidel Castro en Cuba dejó a muchos de sus músicos durante más de diez y hasta veinte años en el olvido. No es el caso de Compay Segundo, que aún tuvo alguna suerte de dejarse ver más por Europa o Estados Unidos, pero sí, por ejemplo, el de Ibrahim Ferrer, figura estelar que Ry Cooder —guitarrista y cantante de blues y góspel que aún en 2018 grabó el álbum propio The Prodigal Son—, al igual que las de Omara Portuondo, Rubén González, Pío Leyva, Manuel Galván, Elíades Ochoa… trató de reunir en el Carnegie Hall neoyorquino así como en Los Ángeles a finales del siglo pasado. En un principio el proyecto de Cooder era una nebulosa a través de la que quería hacer partícipe como divulgador de su disciplina no solo del son cubano, sino de ritmos africanos que no encontraron acomodo, lo que igual hubiera restado homogeneidad a la película, que no al ritmo o impasse por el que unos beben de otros y viceversa, en tanto en cuanto cantan canciones y tocan melodías nacidas de un silencio meritorio, el de quien escucha, el de quien ayuda a su vecino en la carga y descarga, por ejemplo, de enseres que se estropean y hay que arreglar con las manos. Todo precisa de una mayor improvisación de lo que se esperaba a la hora, además, de filmar una película documental donde cada uno de ellos —conocidos como los Superabuelos allá en su territorio— y en cada uno de los viajes —seguramente más de uno— con el equipo técnico de Wim Wenders, para quién Cooder llevaba trabajando años ha, se debía salir a encontrarlos allá donde estuvieran. Y nos referimos a salir a encontrarlos, por ser la misma frase que emplea el cantante Ferrer cuando nos relata cómo con doce años, huérfano de padre y madre, tuvo que buscarse la vida, dando bandazos como tantos, tanto en la escuela, como en el campo —a principios del siglo XX se subsistía allí gracias a la agricultura, como contará poco después el también guitarrista del sombrero blanco Elíades Ochoa— o en la música.

Lejos de toda espectacularización de la pobreza, el documental muestra el lado humano y agradable de tan encomiable grupo de músicos.

Llaman poderosamente la atención las figuras del pianista Rubén González, a quien vemos tocar su instrumento en un gimnasio donde niñas que bailan danza le rodean, agasajándole. O la del chelista o el que toca el laúd —de nombre Álvaro— que no solo realiza la peripecia de tocar su música de espaldas en pleno y arrebatado Carnegie Hall, sino que nos instruye sobre el origen de esta. También vemos numerosos detalles documentales de La Habana, como los paseos de Portuondo en las zonas más deprimidas cantando Veinte años, las fábricas manuales donde se elabora el tabaco en forma de puros —a algunos de cuyos operarios se les invita a pasar al estudio de grabación—, las olas rompiendo en la zona del malecón… pero sobre todo las personas que pueblan la ciudad, como ese plano de recurso del ciclista con la cara llena de anillos pequeños —no piercings—, o el ver a dos de estos grandes músicos de nómina infinita y que ha ido creciendo con los años, jugando al dominó con magras fichas de madera pintadas por ellos mismos. Este proyecto que iba poco a poco cobrando forma, no hubiera tampoco sido posible sin el hermano de Ry, Joachim Cooder, que junto con aquel nos habla de la necesidad de realizar tan excelso homenaje. Todo ello lejos de toda espectacularización de la pobreza, mostrando el lado humano y agradable de tan encomiable grupo de músicos, a lo que contribuyeron poderosamente no solo las órdenes de Wenders, sino el trabajo fotográfico y de corrección de color —la película tiene el gesto de aislar en pleno concierto la figura, por ejemplo, de Ferrer y sus poderosos y humildes ojos con gran prestancia y profesionalidad— de Jörg Widmery Rolando Díaz (director cubano de Los pájaros tirándole a la escopeta). En este sentido, hay que decir también que Wenders sacó probablemente de aquí la idea de hacer un posterior trabajo de gran calidad artística sobre el fotógrafo en blanco y negro brasileño Sebastiao Salgado, La sal de la tierra, de nacionalidad francesa y estrenado en cines en todo el mundo en 2014, donde se mostraba con gran capacidad humana las condiciones de supervivencia de mineros africanos al otro lado del abismo.

El concepto original de guion fue llevado como idea al papel por Nick Gould, que fue entrevistado en el también documental musical sobre el grupo Los Zafiros. Si hay algo milagroso igualmente en este tipo de proyectos es el diseño de producción dentro y fuera de todo decorado; en este sentido, destacó el equipo de Rosa Bosch así como el de Linda Moran, que supo hacerse eco de cómo no solo los miembros de Buenavista tocaron en Nueva York, sino que hicieron su periplo con similar éxito en Los Ángeles. El montaje de Brian Johnson, como decíamos, convierte a La Habana en ciudad con entidad propia. Temas musicales como Dos gardenias, Candela, De camino a la vereda o el identificable Chan Chan, dan debida cuenta de cómo la popularidad de estas canciones es ancestral, y desde el momento en que visionas la película, mítica. En cuanto al palmarés de premios, en los Óscar fue solo nominada a mejor documental, siendo más efectivo en el público del viejo continente, donde cosechó éxitos en los Premios del Cine Europeo y tres nominaciones a los BAFTA británicos (mejor película de habla no inglesa, sonido y música).

:: before


:: before

¿Quieres recibir semanalmente nuestro nuevo contenido?