American Crime Story: El asesinato de Gianni Versace
La importancia en producción y el magnetismo del personaje

País: Estados Unidos
Año: 2018
Guion: Tom Rob Smith, Scott Alexander, Larry Karaszewski (Novela: Maureen Orth)
Creación: Tom Rob Smith
Título original: The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story
Género: Serie de TV, Intriga, Drama
Productora: Color Force, Ryan Murphy Productions, FX Productions, Fox 21 Television Studios, Cinema Vehicle Services
Fotografía: Simon Dennis
Edición: Shelly Westerman
Música: Mac Quayle
Reparto: Edgar Ramirez, Darren Criss, Penélope Cruz, Ricky Martin, Mike Farrell, Judith Light, Cody Fern, Finn Wittrock, Aimee Mann, Joanna P. Adler, Joe Adler, Annaleigh Ashford, Jon Jon Briones

País: Estados Unidos
Año: 2018
Guion: Tom Rob Smith, Scott Alexander, Larry Karaszewski (Novela: Maureen Orth)
Creación: Tom Rob Smith
Título original: The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story
Género: Serie de TV, Intriga, Drama
Productora: Color Force, Ryan Murphy Productions, FX Productions, Fox 21 Television Studios, Cinema Vehicle Services
Fotografía: Simon Dennis
Edición: Shelly Westerman
Música: Mac Quayle
Reparto: Edgar Ramirez, Darren Criss, Penélope Cruz, Ricky Martin, Mike Farrell, Judith Light, Cody Fern, Finn Wittrock, Aimee Mann, Joanna P. Adler, Joe Adler, Annaleigh Ashford, Jon Jon Briones

Encuadrada dentro de esa serie de series llamada «American Crime Story», esta producción tiene poco que envidiar, tanto por capítulos como en su conjunto a grandes filmes de Anthony Minghella, siendo asimismo fiel a la crónica de los sucesos que narra.

La miniserie de la que hablamos cuenta en sucesivos flashbacks muy bien armados, no tanto la del personaje referido en el título, la historia de uno de esos personajes que en la realidad, de tan redondo, consigue provocar pasiones encontradas: de un lado, ¿a quién no le gustaría tomarse un café con él en algunos momentos en que sufre su real tormento, con ese magnetismo?, y de otro, ¿cómo no quedar absolutamente horrorizado, y sin poder probar siquiera una galletita con ese café una vez conocemos todo su relato? Así es Andrew Cunanan, un tipo elegante con rasgos del peor Ripley de Patricia Highsmith, encantador, gay, vago y al que conoceremos dos empleos a pesar de llevar un alto tren de vida: empleado en una farmacia y escort. La figura del conocido diseñador italiano Versace, que vive con su novio Antonio (Ricky Martin) sirve para armar el relato y que este empiece como acabe, de tal forma que a nivel de guion no es más que un peón necesario e importante en el tablero inicial de Cunanan (Darren Criss): Versace (Edgar Ramirez) es aquí no solo el adinerado diseñador italiano afincado en San Francisco por todos conocido, sino alguien que atraviesa cierta decadencia moral y personal, siendo su hermana Donatella (Penélope Cruz) quien no tenga más remedio que llevar las finanzas, a pesar de no ser persona dotada para el arte del vestuario femenino, no al menos y reconocido por ella, con el genio y talento de su hermano.

Andrew Cunanan en la ficción y en la realidad.

Siendo su creador principal Tom Rob Smith, que escribió capítulo a capítulo la serie con la episódica ayuda de Maggie Cohn, en la compleja por momentos realización participaron Ryan Murphy, Nelson Cragg, Gwyneth Holder-Payton, Daniel Minahan y Matt Bomer, siendo lo más conseguido una producción capitaneada por Scott Alexander —que ya demostró sus dotes para el guion en Man on the Moon (Milos Forman, 1999) o Ed Wood (Tim Burton, 1994)— que sabiendo ser fiel al lujo (Versace) y la elegancia (Cunanan) de sus personajes, no perdía un ápice de cálculo a la hora de optimizar los recursos. Estrenada en 2018 dentro del conglomerado denominado American Crime Story, la serie debería visionarse, si bien sus partes son independientes después de la dedicada al juicio del jurado contra O. J. SimpsonAmerican Crime Story: The People v. O.J. Simpson (2016)—, y justo antes de la más actual American Crime Story: El caso Lewinsky (2021), que narra con una misma solvencia el caso de Bill Clinton y Monica Lewinsky.

Es al menos esta producción de la que hablamos una manera de conocer los Estados Unidos de este a oeste en toda su dimensión y profundidad, de Nueva York a Los Ángeles, pasando por San Francisco, Chicago, San Diego o Minneapolis, donde sitúa ese A Random Killing donde vemos cómo es capaz Andrew de especializarse en una clientela que es carne de cañón por su poderío económico y su talento para hacer dinero, gente alabada por el sistema como Lee Miglin, al que seguirán por otros motivos otros de su mismo oficio como David Madson. Al mismo tiempo es una manera de recorrer la sociedad pudiente norteamericana de los noventa del pasado siglo, y de cómo personajes, por ejemplo, como Marilyn Miglin (Judith Light) son capaces de conservar un empleo hoy tan extraño como la presentación en televisión de una especie de programa de teletienda de perfumes que homenajea a un marido a quién aún ama, y sorprende ver cómo a pesar del engaño manifiesto de él, ella no quiere abrir los ojos ni una vez fallecido. Emitida por vez primera en la cadena norteamericana FX Network, el material dramático en este caso esta basado superpuestamente en la novela homónima de Maureen Orth, aparte de en los hechos reales acaecidos, cuyo adorno en los diálogos de lo único prácticamente que nos permite dudar es del oficio como dueño de una plantación de piñas en Manila, de Modesto Cunanan, padre de este carismático gran personaje del que hablábamos, cuando prácticamente solo sabemos de sus intentos de desfalco a clientes importantes de Merrill Lynch como agente de bolsa.

Donatella, interpretada por Penélope Cruz, de luto.

La dirección de arte de Jamie Walker McCall y Florencia Martin se deja ver desde el momento en que todo empieza y Gianni recorre las estancias de su palacio con poderío, esperándole en uno de los arcos que ofician como puertas un camarero con su zumo de naranja. De igual modo, la fotografía de Nelson Cragg está igualmente utilizada con eficacia, más desde un punto de vista televisivo que cinematográfico, sobre todo mirando desde el ritmo. Por su parte, el montaje de Shelly Westerman quizá por momentos adolezca de unos fundidos en negro hacia el pasado algo más largos de lo habitual, lo que no termina por resentir el conjunto. El trabajo con la música propia y disco de finales de los ochenta y principios de los noventa recuerda a la utilizada por John Cale en American Psycho (Mary Harron), película del año 2000, donde además el protagonista interpretado por Christian Bale disertaba sobre éxitos pop de la época como Take On Me de A-ha o Stuck With You de Huey Lewis and the News mientras hacía barbaridades. En este caso, el trabajo corresponde a Mac Quayle, y es igualmente soberbio. A la hora de narrar escenas delicadas, la película contó, además de con una segunda unidad de realización en muchas de sus partes, con un amplio equipo de especialistas coordinados por Jimmy Sharp, siendo el doble principal de Darren Criss, Brent Bernhard. Entre las múltiples anécdotas que protagonizaron el complicado proceso de casting de Courtney Bright y Nicole Daniels, está el hecho de que, para el papel de Donatella Versace, la actriz iba a ser la cantante Lady Gaga, si bien se decidió finalmente que lo fuese Penélope Cruz, lo que dio a la miniserie un look quizás más convencional, pero también más acorde a lo que se quería contar.

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